
Por Clara Arrabal
22 de julio de 2026El debate sobre cómo combatir el tabaquismo vuelve a ocupar el centro de la agenda política. De cómo regular su consumo en menores, de los espacios sin humo o de la publicidad que muestran los productos que contienen nicotina. El Consejo de Ministros de este martes ha puesto otra vez sobre la mesa uno de los mayores problemas de salud pública: el tabaquismo. Y lo ha hecho a través de la aprobación del proyecto de ley que modifica la actual normativa, vigente desde 2005.
El texto propone, entre otras medidas, equiparar los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos a los tradicionales. Además, amplía los lugares libres de humo y de emisiones, avanza en la regulación de los nuevos productos con sustancias nocivas y aumenta la protección de la salud en adolescentes; algo que ya ha avivado la polémica entre algunos sectores, a pesar de que esta sea una de las demandas históricas de las sociedades científicas.
Con la nueva legislación, que ya ha iniciado su tramitación parlamentaria, España se suma a la carrera por frenar el tabaquismo en la que ya participan la mayoría de los países de nuestro entorno. Reino Unido, por ejemplo, aprobó el pasado mes de abril una de las normativas más restrictivas de la Unión Europea: la prohibición de vender estos productos a cualquier persona nacida a partir del 1 de enero de 2009, con la intención de lograr así crear generaciones sin humo. Por su parte, Francia y Bélgica vetaron en 2025 los cigarrillos electrónicos desechables.
Sin embargo, si hay un país cuyas políticas antitabaco han despertado la atención de la comunidad internacional es Suecia, el primero de la UE en dejar el cigarrillo para siempre. “Cualquier cosa que podamos hacer para reducir el tabaquismo es buena”, declaraba en 2023 el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, que ha decidido caminar en una dirección distinta a países como España o Francia. De hecho, su enfoque se basa en la reducción de los daños del tabaco, diferenciando así claramente los cigarrillos combustibles y los productos alternativos de nicotina.
Los datos están encima de la mesa: Suecia es el país más aventajado en la regulación de los cigarrillos. Algo que, en consecuencia, ya ha reportado muchos beneficios en materia de salud pública. Para empezar, ha conseguido en 15 años reducir la tasa de fumadores hasta la más baja de toda la UE, con un 3,7%, una cifra que también se sitúa por debajo del umbral del 5% que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ser considerado un país libre de humo.
Esto ha provocado que los hombres suecos presenten ahora las tasas más bajas de enfermedades relacionadas con fumar de toda la UE, un 40% menos. Mientras tanto, en el resto del espacio europeo, la media se mantiene en un 23% aproximadamente, cinco veces mayor que la de Suecia. A esto se le suma que también goza de la menor cifra de mortalidad por tabaquismo, con un 39,6%; o que su incidencia del cáncer es un 41% menor que en otras naciones.
Para lograrlo, la estrategia de Suecia se ha basado en políticas de reducción de daños del tabaco. Es decir, en lugar de introducir nuevas prohibiciones sobre estos productos, el Gobierno de Kristersson ha defendido que el objetivo es reducir el consumo de cigarrillos, pero no necesariamente el de nicotina. Por ello, ha facilitado el acceso a productos considerados de menor riesgo y ha endurecido la fiscalidad del cigarrillo.
Concretamente, en noviembre de 2024, Suecia aumentó el impuesto especial sobre estos en un 9% y, en paralelo, redujo el impuesto sobre el snus (un producto de tabaco sin humo) en un 20%, lo que funcionó como incentivo para que los fumadores cambiaran sus hábitos.
Además, tomó medidas para garantizar que las nuevas alternativas sean ampliamente accesibles, tanto en tiendas físicas como online; y para que los fumadores reciban información por parte de las autoridades de salud pública sobre por qué tiene sentido que los adultos dejen definitivamente el cigarrillo y acojan otras opciones; ya que los cigarrillos de combustión son, con diferencia, la forma más dañina de consumir nicotina.
Respecto a los productos que se han antepuesto a las formas tradicionales de fumar, el más popular en Suecia es el snus, un tabaco sin humo que se coloca entre el labio superior y la encía. En este escenario, las bolsas de nicotina también han entrado en juego y, al contrario que el snus, no contienen tabaco, pero sí nicotina agregada para satisfacer la necesidad de los fumadores adultos. “La evidencia científica disponible, incluidos los estudios epidemiológicos a largo plazo, muestra que, en comparación con el consumo de cigarrillos, el uso exclusivo de estos productos supone un menor riesgo de cáncer de boca, enfermedades cardíacas, cáncer de pulmón, accidente cerebrovascular, enfisema y bronquitis crónica”, declaraba la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) sobre los productos de la marca General Snus.
De esta manera, Suecia se ha posicionado como el primer país sin humo, pero no sin nicotina, consiguiendo unas tasas de salud mucho más amplias que en el resto de países europeos, al apostar por productos que son menos nocivos.
Las bolsas de nicotina no contienen tabaco, pero sí nicotina y otras sustancias como celulosa microcristalina, carbonato de sodio, ácido cítrico y aromatizantes. Precisamente por no incorporar tabaco, Sanidad avisa que se comercializan en ocasiones como productos "blancos" e insiste en que no están exentos de riesgos para la salud.
En un documento informativo, el departamento que dirige Mónica García advierte de que la nicotina puede producir un aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca, favorecer la resistencia a la insulina y elevar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Además, recuerda que atraviesa la placenta durante el embarazo, incrementando el riesgo de muerte fetal, y que una exposición elevada puede provocar desde náuseas y vómitos hasta convulsiones o depresión respiratoria en casos de intoxicación grave. Por último, el ministerio recuerda que cuando la nicotina procede de la planta del tabaco, estos productos pueden contener nitrosaminas específicas del tabaco, sustancias clasificadas como cancerígenas por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), además de otros contaminantes potencialmente tóxicos.
En cualquier caso, el propio enfoque de reducción de daños no parte de la idea de que las bolsas de nicotina, el snus o los cigarrillos electrónicos sean productos inocuos. Sus defensores sostienen que contienen nicotina, generan adicción y no están exentos de riesgos para la salud, por lo que la mejor opción siempre es no consumir ningún producto relacionado con el tabaco o la nicotina. Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que, para un fumador adulto que no consigue abandonar la nicotina, sustituir el cigarrillo convencional por alternativas sin combustión reduce de forma significativa la exposición a muchas de las sustancias tóxicas y cancerígenas generadas al quemar el tabaco.