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Una persona puede inhalar hasta 22 millones de micro y nanoplásticos al año

Estas pequeñas partículas pueden viajar por todo el mundo y, aunque los niveles de concentración varían, ningún lugar permanece intacto

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Una persona puede inhalar hasta 22 millones de micro y nanoplásticos al año
Freepik

Por Lucía de Mingo

12 de abril de 2023

Se estima que los humanos pueden inhalar hasta 22 millones de microplásticos y nanoplásticos al año. Esta es una de las concusiones extraídas del informe “Respirar plástico: los impactos en la salud de los plásticos invisibles en el aire”, elaborado por el Centro Internacional sobre la Legislación Ambiental (CIEL, por sus siglas en inglés), de Estados Unidos, centrado en investigar aspectos ligados a la salud ambiental. 

Fuente: CIEL

Al igual que el cambio climático y los productos químicos peligrosos, la mayoría de los plásticos son invisibles a simple vista, lo que significa que su impacto pasa relativamente desapercibido a pesar de suponer una grave amenaza para la salud.  “Los micro y nanoplásticos actúan como un ‘caballo de Troya’, escondiendo sustancias dañinas y llevándolas al interior del cuerpo a través de la inhalación, absorción e ingestión”, señalan en el informe.

Los estudios muestran que pueden circular a través del cuerpo humano y acumularse en el cerebro, en el sistema circulatorio, digestivo y respiratorio, en la leche materna, en el hígado, los riñones, la piel, los pulmones, el bazo, el estómago e, incluso, en la placenta.

Fuente: Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente

Como consecuencia, tienen una serie de efectos adversos, no solo en el tracto respiratorio, sino en el resto de los sistemas y órganos. Así, puede producir asma, trastornos en el neurodesarrollo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), autismo, endometriosis, diabetes, hipertensión e incluso cánceres relacionados con una exposición crónica.

Estas pequeñas partículas de plástico pueden viajar por todo el mundo y terminar en áreas urbanas, rurales y remotas, ya que toman una ruta de transporte aún más rápida que las corrientes oceánicas: la atmósfera. Pueden moverse miles de kilómetros en cuestión de días o semanas, afectando incluso a poblaciones remotas. Aunque los niveles de concentración varían, ningún lugar permanece intacto. Se han recolectado microplásticos en el aire en todo el mundo, pero especialmente en el hemisferio norte, incluidos Francia, Irán, China, Japón, Vietnam, Nepal, Estados Unidos, Colombia, Arabia Saudita, Corea del Sur, Kuwait, Grecia, Rumania, Pakistán e India.

Suspendidos en el aire e invisibles a los ojos

Los microplásticos transportados por el aire se originan a partir de una variedad de fuentes. Pueden ser producidos intencionalmente o resultar de la fragmentación de plásticos más grandes. Además, se pueden encontrar tanto en entornos exteriores como interiores, desde el centro de la ciudad y las áreas industriales hasta los lugares más remotos del planeta como el Ártico o la Antártida.

Los microplásicos primarios, es decir, los que se vierten directamente al medio ambiente, se encuentran en productos para el cuidado personal, productos farmacéuticos, fertilizantes y electrónicos o tintas de impresión. Sin embargo, los secundarios, que se producen por la degradación de los diferentes residuos, pueden resultar del deterioro de los productos de plástico desechados, la abrasión de los neumáticos y el desgaste de los textiles sintéticos como ropa, alfombras, muebles y artículos para el hogar. Otras fuentes incluyen el escape de las secadoras, la incineración de residuos, los vertederos, la construcción, la degradación de pintura, papel tapiz, suelos y muebles o la apertura de envases de plástico.

Solución: reducir la producción de plástico

A día de hoy, los científicos aún no conocen el alcance total de los impactos en la salud de los micro y nanoplásticos, pero “la causa es innegablemente clara”: la producción y el uso de plásticos. A pesar de ello, se prevé que su producción aumente en las próximas décadas, de 9.200 millones de toneladas métricas en 2017 a 34.000 millones para 2050.

Por ello, si no se toman medidas, el volumen de las emisiones de microplásticos en el aire seguirá en aumento, provocando un mayor riesgo de impactos tóxicos y la propagación de sustancias químicas potencialmente tóxicas. “Los reguladores deben reducir drásticamente la producción de plásticos y eliminar gradualmente los productos químicos peligrosos porque todos los humanos y ecosistemas serán susceptibles de sufrir daños”, indican en el informe. Además, hace especial hincapié en que, en la actualidad, ninguna regulación nacional o regional integral cubre las liberaciones intencionales y no intencionales de microplásticos.  



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