
Por Virginia Delgado
11 de septiembre de 2026Cuando este domingo, en el Gran Premio de Fórmula 1 que se va a celebrar en Madrid, Fernando Alonso se siente en su monoplaza, no solo tendrá por delante hora y media de adrenalina, 22 curvas que tomará con destreza y concentración y 308 kilómetros que recorrerá a unos 300 kilómetros por hora, habrá más. El piloto se enfrentará a una lucha con su propio cuerpo.
Y es que los pilotos de Fórmula 1 no se sientan a conducir sin más. Desde el momento en el que se acoplan en su coche, exponen su cuerpo a unas fuerzas que deformarían el de cualquier otra persona no preparada.
Sobre el circuito hay algo más que fatiga física y mental. Hay fuerzas, movimientos y posturas que someten a algunos de sus órganos y músculos a situaciones que rozan el límite. “La forma en la que conducen, tumbados en su monoplaza, hace que sus músculos tengan que trabajar de manera diferente. Por ejemplo, al tener las piernas un poco levantadas, estas sufren más. La que más fuerza tiene que tener es la izquierda por ser la que más trabaja”, explica a Medicina Responsable la doctora Ana de la Torre, especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte, médico del Getafe Club de Fútbol y médico de la Clínica CEMTRO.
En esta zona, los cuádriceps tienen un papel importante porque, sobre todo en la aceleración, el piloto empuja las piernas como si pisara con mucha fuerza. También, las rodillas soportan el empuje del monoplaza hacia atrás y tienden a juntarse, lo que genera tensión en esta parte de las extremidades.
Los brazos, al sujetar el volante, están sometidos a las fuerzas que traen consigo la aceleración en las rectas o el giro de las curvas. Por otra parte, la dirección de un coche de Fórmula 1 no es suave, algo que los pone a prueba, junto a los hombros. “En los brazos es donde más fuerza tienen que tener los pilotos, seguido de la cabeza”, subraya la especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte.
“El cuello es lo primero”, continúa la doctora. Con ello, se refiere a que es la parte que estos deportistas tienen que entrenar y cuidar más, ya que sufre más lesiones y sobrecargas musculares que otras. “Tiene que estar fortalecido y tener mucha fuerza. Cuanto más frenan, más carga tiene que soportar. Por eso, es lo que más se cuida y lo que más se protege. En el cuello hacen bastante trabajo isométrico, que es un tipo de trabajo muscular que resulta de estar agarrados al volante. Contraen la musculatura para mantener la cabeza erguida”, explica la doctora De la Torre.
Respecto a la columna, también sufre bastante debido a la posición casi tumbada de los pilotos en el monoplaza y al escaso recorrido de las suspensiones, que provoca más impactos. A 300 kilómetros por hora, estos deportistas pueden llegar a soportar fuerzas de unos 700 kilos.
Con el casco, la cabeza de un piloto puede llegar a pesar hasta siete kilos, sin embargo, llegan a sentir que pesa 40. Esto se debe a que en las curvas y frenadas, estos deportistas soportan fuerzas 5G, que hacen que un cuerpo pese cinco veces su valor normal.
No obstante, la protección del casco no solo tiene su fin en la cabeza, como explica la doctora, también lo tiene en el cerebro. “Los movimientos, aceleraciones y desaceleraciones provocan que se deslice hacia adelante y hacia atrás, y choque contra la superficie dura del cráneo”, explica. Lo que hace que entrenar la musculatura cervical sea primordial en los pilotos. “Cuanto más fuerte la tengan, menos van a sufrir estas lesiones. Es importante el trabajo previo para evitar los latigazos cervicales en los que el cerebro se puede dañar”, añade.
Pero ahí no se quedan los riegos de los deportistas de la Fórmula 1, el corazón también sufre. Este músculo puede alcanzar una frecuencia cardiaca de 160 pulsaciones por minuto durante el tiempo que dura la carrera, que puede ser de hasta dos horas. “Se somete a un esfuerzo y a un estrés importante. Otros deportistas tienen frecuencias basales mucho más bajas, de 50, y solo se mantienen a frecuencias de 120 o 160 en periodos cortos. En los pilotos es muy importante el entrenamiento aeróbico para adaptarse a este tipo de esfuerzos”, manifiesta la doctora Ana de la Torre.
El calor que desprende el asfalto, sumado al que se concentra dentro del vehículo y la falta de aire acondicionado hacen que en el interior del monoplaza llegue a haber más de 40 grados. Una temperatura que, además de provocar en los pilotos una disminución de su concentración y rendimiento, puede producirles deshidratación. Y es que estos deportistas llegan a perder más de un litro y medio de líquido en sudor por hora, aumentando el riesgo de errores. “Durante la competición tienen que estar bien hidratados para poder refrigerar y eliminar el calor antes. También, después de la carrera. De hecho, una vez salen del monoplaza, se les aplica sistemas de refrigeración con chalecos diseñados para enfriar y bajar temperatura, pero solo en la zona central”, explica a Medicina Responsable la doctora. En otras partes, como en las piernas, se emplean métodos de inmersión en agua fría o sistemas de compresión que ayudan a mejorar la circulación y a relajar la musculatura.
Siguiendo con la recuperación, una vez terminada la carrera, es primordial que el piloto recupere la frecuencia cardiaca. “El tiempo de recuperación puede ser de horas. Cuanto más entrenado esté, menos tiempo necesita. Por eso, es tan importante el entrenamiento de formación y el físico, independientemente del específico”, añade la especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte. En cuanto a la alimentación, estos deportistas, al finalizar la competición, ingieren proteínas e hidratos de carbono para recuperarse más rápidamente del esfuerzo.
En la actualidad, estos deportistas que, como subraya la doctora De la Torre, “son atletas que compiten en ambientes hostiles, no tienen miedo a la velocidad y son capaces de tomar decisiones muy rápidamente”, se someten a una de las preparaciones físicas más exigentes del mundo del deporte. Una preparación en la que no solo están detrás entrenadores o nutricionistas, también, psicólogos, fisioterapeutas y médicos, que cuidan del cuerpo del piloto cuando la velocidad se convierte en su principal amenaza.