
Por Medicina Responsable
9 de marzo de 2026El sedentarismo y la inactividad física cada vez son más comunes en todo el mundo. Actualmente, las nuevas rutinas de trabajo, el aumento del uso de la tecnología o la falta de hábitos saludables se han convertido en nuestros grandes enemigos y la mayor piedra en el camino para realizar actividad física. Y los líderes políticos ya se han puesto en marcha: en las últimas décadas, las legislaciones para fomentar el deporte y frenar el sedentarismo se han disparado a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. Pero, como ha concluido un gran estudio publicado en Nature Health, se quedan cortas y son incapaces de abordar el problema.
“Los autores plantean un aspecto muy relevante para que puedan tener éxito en un futuro cercano: el trabajo intersectorial”, señala Javier Sayavera, profesor titular del Área de Educación Física y Deportiva de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en declaraciones de Science Media Centre. Y es que, para este experto, la clave está en plantear medidas que integren la actividad y el movimiento en todos los aspectos de la vida, pasando por el ámbito laboral, las formas de transporte, el ocio y tiempo libre y el aspecto sanitario.
"Así se colocaría como prioridad política real al generarse oportunidades de práctica de actividad física en todos los contextos en los que se mueve el ser humano. Si hay políticas que fomentan el transporte activo al centro escolar o al centro de trabajo, que incentiven la práctica de actividad física durante la jornada laboral, que articulan los centros sanitarios como espacios para la práctica de actividad física... probablemente veamos un incremento en la práctica de actividad física”, explica Sayavera.
El estudio se basa en el análisis de documentos de 200 países y entrevistas con 46 políticos, académicos y otras personalidades relacionadas con la salud y la actividad física para conocer su percepción sobre qué se está haciendo en sus países para aumentar los niveles de actividad física. “Los resultados arrojan algo que muchos ya intuimos: aunque en la última década la evidencia en torno a los peligros de la inactividad física ha crecido exponencialmente, las estrategias para evitar la inactividad física siguen sin ser una prioridad a nivel político, y las pocas que se han propuesto no parecen haberse desarrollado con eficacia”, explica Pedro L. Valenzuela, investigador Ramón y Cajal en la unidad de fisiología de la Universidad de Alcalá y codirector de Fissac; quien cree que este informe es una llamada de atención a los políticos “y a la sociedad en general” sobre la necesidad urgente de frenar la pandemia de inactividad física que, “recordemos, es de forma directa o indirecta una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial”.
Este informe ha llevado al propio Valenzuela a pensar que “la actividad física sigue siendo la gran olvidada”, sobre todo en países menos desarrollados, donde la promoción del deporte es especialmente necesaria. “Al contrario que otros factores de riesgo como el tabaco, contra los cuales se establecen acciones a todos los niveles, con la actividad física no ocurre. Invertimos más en tratamiento de enfermedades que en su prevención, en la cual la promoción de la actividad física sería clave”, explica el experto.
En el caso de Europa, destaca que sigue sin establecerse un programa de acción claro para evitar la inactividad física en distintos contextos y entre los diferentes grupos poblacionales, como los niños, adultos y ancianos; y, en la misma línea que Sayavera, aboga por coordinar los distintos elementos involucrados para luchar de forma efectiva contra esta lacra. “Políticos, empresarios, personal sanitario, docentes, y la población en general”, enumera.
En el caso de España, podemos decir que hay un importante número de políticas que incentivan la práctica de actividad física en la población, habiéndose producido un avance hacia la intersectorialidad. Sin embargo, tal y como se menciona, es importante contar con un liderazgo claro que evite que todos los avances se queden estancados.
Además, España tiene la particularidad de las regiones y las competencias delegadas en algunas materias. “Esto implica la necesidad adicional de una coordinación vertical que cuente con las particularidades de cada región, como se ha podido observar en algunos análisis regionales en España”, explica Sayavera. Por tanto, en base a lo comentado en el artículo de referencia, el experto concluye que España se encuentra en una buena posición de partida para “crear comunidades activas" en las que lo normal sea moverse como principio fundamental.