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Hablemos de sexo: la multiorgasmia masculina también existe

Al menos el 50% de los hombres heterosexuales ha imaginado en algún momento de sus vidas cómo sería la estimulación anal, aunque pocos se han lanzado a experimentarlo

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Hablemos de sexo: la multiorgasmia masculina también existe
@freepik

Por Aurora Molina

15 de abril de 2024

Francisco ha pasado toda su vida, adolescente y adulta, dudando sobre su sexualidad cada vez que llegaba al orgasmo. "¿Estoy haciendo algo malo? ¿El placer que siento me convierte en homosexual?". La sensación de creer que se fallaba a sí mismo como hombre seguía ahí en cada grito de placer: intacta.

La penetración anal en hombres heterosexuales, a pesar de que cada vez son más los varones que la practican, sigue siendo un importante tabú social, lo que se resume en miedo, presión y rechazo.

Aun así, nada de esto logró que Francisco abandonara la idea del placer mediante la estimulación anal. Su experiencia permite preguntarse: ¿qué significa ser hombre en 2024? ¿Qué relación guarda con el gusto por determinadas prácticas sexuales? Según el “Estudio Nacional de Sexo” 2024, elaborado por EasyToys, tienda de juguetes eróticos, más del 55% de los españoles considera que tener una vida sexual activa es importante y al menos el 40% de los hombres considera que su juguete favorito es el dildo o consolador. Es más, según una encuesta elaborada para este reportaje, al menos el 50% de los varones heterosexuales ha fantaseado en algún momento con la estimulación del punto P o estimulación prostática.

Multiorgasmia masculina: ¿mito o realidad?

Ahora bien, ¿realmente el hombre puede alcanzar el orgasmo con sexo anal? La respuesta es sí, él también puede ser multiorgásmico. Y a pesar de ser un hecho desconocido para la gran mayoría, especialmente para los heteros, hay autores como el taoísta Mantak Chia, que ha dedicado un libro entero para hablar del asunto. En “El hombre multiorgásmico” (1997), Chia refleja la idea de que existen dos tipos de orgasmos en el hombre: a través del pene y mediante la estimulación prostática. En realidad, cuenta Chia, que la eyaculación y el orgasmo "son dos procesos diferentes" a pesar de que para la gran mayoría de varones concluyen en uno mismo, y ambos tienen su origen en la próstata del varón.

Según el urólogo Alejandro Cárdenas, los hombres pueden tener erecciones gracias "al plexo nervioso situado en la próstata". De hecho, una de las "complicaciones más importantes de extraer la próstata suele ser que los pacientes se quedan sin poder tener una erección". Por lo tanto, la próstata es una fuente indiscutible de placer para el hombre.

Además, la sexología dice que ni la adolescencia, época en la que la sexualidad está en construcción, escapa al interés por las distintas formas de disfrute erótico, y así lo confirma Francisco. Lo matiza el sexólogo Fernando Villadangos en su libro “Sexualidad masculina: Hombres o titanes”: "El autoerotismo se encuentra entre los pilares primeros de la construcción de la persona", plantea. "Está en el inicio, en los primeros juegos de autodescubrimiento corporal que van a marcar en una u otra dirección el desarrollo de la dimensión sexuada de cada persona".

Sin embargo, esta forma de estimulación está muy estigmatizada en el mundo heterosexual. Francisco tuvo que atravesar este mar de descubrimientos sintiéndose solo. "Por un lado, repites una acción que te produce placer y bienestar personal, como es la estimulación anal durante la masturbación. Y, por otro lado, sientes que estás haciendo algo que la sociedad o, al menos tus amistades más cercanas, asocian con la homosexualidad y con algo negativo". Realmente "pensaba que hacía algo malo". Las dudas respecto a su sexualidad han marcado parte de su vida, combatiendo contra sus demonios interiores, que le cuestionaban constantemente lo que hacía. "No sabía identificar con claridad dónde estaba el daño ni a quién se lo hacía". Quizás porque ese daño nunca existió.

Villadangos señala que hay un "exceso de prejuicios en nuestra cultura sexofóbica, es decir, una cultura de rechazo y penalización a todo lo que tenga que ver con el placer sexual y el disfrute erótico", justo lo que le pasaba a Francisco, que siempre se sentía culpable. De hecho, recuerda cómo sus amistades más cercanas le juzgaban por realizar algo tan sencillo como meterse el dedo en el ano. Se sentía incomprendido y hasta un bicho raro por hacerlo.

¿Cómo alcanzar el punto P?

Para alcanzar el punto P -la próstata- es necesario introducirse en el interior del ano. Por suerte, a pesar de haber tenido "que reflexionar durante mucho tiempo" qué era lo que estaba pasando, las críticas se volvieron "irrelevantes" para Francisco con el paso de los años, gracias a entender que lo que hace con su cuerpo no le hace ni más ni menos hombre. Tanto que ahora, a sus 37, recomienda "la estimulación anal superficial o mediante la penetración a otros hombres sin ninguna duda". Afirma que de esta manera "los orgasmos son más intensos", y que se trata de una práctica que "es esencial para enriquecer la relación de pareja, en caso de tenerla, tanto a nivel sexual como emocional".

Según Chia, en Occidente siempre se ha puesto el foco en la eyaculación y no en el proceso orgásmico ni en el placer masculino. El varón heterosexual considera, por lo general, que sensibilizar su cuerpo, así como encontrar tiempo para mimarse de vez en cuando, es algo que queda fuera de lo que se concibe socialmente como "el hombre perfecto". Síntoma social al que Francisco se enfrentaba cada vez que sus amigos le hacían dudar de su orientación sexual. En cambio, para Chia, el placer es tan masculino como el dolor, y ambos tienen cabida en la masculinidad. 

Esta falsa creencia se debe a la ligazón entre la penetración anal y el problema de identidad de género que sufre gran parte de los hombres, problema que en algún momento de su adolescencia atravesó Francisco. La mayoría cree que, al realizar prácticas sexuales relacionadas socialmente a la homosexualidad, su masculinidad se va a ver afectada.

Dice Ignasi Puig, sexólogo y psicólogo, que "la práctica sexual" que se realiza en la intimidad "no tiene por qué generar identidad". Se trata más bien de una cuestión que nace de la "construcción de la masculinidad de acuerdo con los cánones sociales" preestablecidos durante años por las personas, al menos en Occidente. Pero esta realidad, a su vez, se debe en cierta forma a la escasa investigación de la penetración anal y el placer masculino.

El sexólogo Iván Rotella, por su parte, considera que debido a que se supone que "ya está casi todo investigado sobre la respuesta sexual de los hombres", se han olvidado "de nuestro deseo sexual, de la construcción de la masculinidad, de nuestro placer". Motivo por el que el autor de “El hombre multiorgásmico” insiste nuevamente: "La homosexualidad es una orientación sexual, no un tipo de práctica sexual". Y, por tanto, el tipo de sexo que se practique no define la identidad. Se puede ser hombre y heterosexual y disfrutar de la penetración; y se puede ser mujer y que te excite penetrar a tu chico.

Penetración y dominación, ¿hasta cuándo?

Explica Ana Lombardía, sexóloga y autora de “Hablando con ellos. La sexualidad de los hombres hetero”, que para hablar de penetración anal hay que tener en cuenta que "está asociada a la dominación". "La persona que penetra es la que domina y la persona penetrada es la sumisa. Esto hace que se pierda la idea de masculinidad tal y como la entiende la sociedad en la que vivimos". Es decir, la penetración establece una relación de poder hacia el individuo sumiso, generalmente la mujer. Por este motivo muchos hombres se niegan a intercambiar los roles en la intimidad, justificando de nuevo la presencia de una cultura sexofóbica repleta de tabúes sociales

De acuerdo con Charlie Glickman, autor de “La Guía definitiva para el placer de la próstata” (2013) y coach experto en sexualidad, el rechazo hacia la penetración anal en varones heterosexuales no solo existe entre ellos, sino que lo provoca la propia sociedad. Se tiene interiorizado que a un hombre que le excita ser penetrado es imposible que le atraiga una mujer. Y nuevamente aparecen los conceptos de dominación, poder, hombría...

Se ha llegado a afirmar que el placer masculino heterosexual está relacionado con el poder, según el estudio de la socióloga Carla Donoso “¿Eros sentimental? Explorando los desafíos de la sexualidad masculina”. Donoso señala que "la sexualidad masculina activa supone la existencia de un sujeto que puede acceder a dominar un objeto". Además, añade que "el placer implica en sí mismo un poder, el poder de actuar sobre el otro". De esta manera se reafirma nuevamente la idea de que en Occidente sí existe una fuerte carencia en cuanto a lo que verdaderamente significa la masculinidad para la sociedad y para el hombre en sí mismo.

Sin embargo, gracias a los pequeños avances y a la progresiva concienciación sobre educación sexual, Donoso cree que estamos ante una época histórica en la que está teniendo lugar la "desgenitalización de la sexualidad y exploración de nuevas formas de placer corporal". Este avance se debe en gran parte a "las búsquedas de las feministas sexuales que persiguen" que se rompa "la tradicional representación de la actividad masculina" que implica la "dominación frente a la pasividad femenina".

Dice el filósofo español Fernando Savater que "la inmoralidad sexual no es ni más ni menos que uno de los más viejos temores sociales del hombre: el miedo al placer". ¿Merece la pena?



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