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Día Mundial del Corazón

Cuidar el corazón antes de que dé señales: cómo reducir el riesgo de sufrir un infarto

El presidente de la Sociedad Española de Cardiología, Ignacio Fernández Lozano, insiste en que la prevención debe comenzar desde edades tempranas: “Deberíamos invertir en salud y eso empieza desde la infancia”

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Cuidar el corazón antes de que dé señales: cómo reducir el riesgo de sufrir un infarto
SEC

Por Nuria Cordón

29 de septiembre de 2026

Una de cada cuatro muertes que se producen en España está relacionada con una enfermedad del sistema circulatorio. Según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2025, estas patologías estuvieron detrás del 25,7% de todos los fallecimientos y las enfermedades isquémicas del corazón causaron 26.711 muertes.

Pese a estas cifras, tendemos a asociar el riesgo cardiovascular con edades avanzadas. Sin embargo, la aterosclerosis, responsable de muchos infartos, puede comenzar a desarrollarse décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas y hacerlo, además, de manera silenciosa.

Así lo muestra el estudio REACT, publicado recientemente en The New England Journal of Medicine, que ha analizado a 16.808 personas de entre 18 y 70 años de España y Dinamarca sin enfermedad cardiovascular aterosclerótica conocida. Los investigadores encontraron signos de aterosclerosis subclínica incluso en el grupo de menor edad: estaba presente en el 8,7% de los hombres y en el 6,7% de las mujeres de entre 18 y 29 años. “La enfermedad aterosclerótica empieza temprano”, explica a Medicina Responsable el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Esto no significa que la probabilidad sea la misma a los 25 que a los 70 años. “Es mucho más prevalente el infarto en los 60, los 70 y los 80 años, pero puede aparecer en edades precoces de la vida”.

Ser joven no significa tener riesgo cero

La edad sigue siendo uno de los elementos que más condicionan el riesgo cardiovascular. De hecho, las herramientas utilizadas por los especialistas clínicos para calcularlo tienen muy en cuenta los años del paciente, de modo que las personas jóvenes son consideradas, en términos generales, población de bajo riesgo, según el doctor Fernández Lozano. Pero eso no significa que la prevención pueda esperar hasta que se cumpla una determinada edad. Para el presidente de la SEC, debería empezar “desde que nacemos. Deberíamos de invertir en salud, y eso empieza desde la infancia”.

Una prevención que pasa, fundamentalmente, por actuar sobre aquellos elementos que desde hace décadas se sabe que incrementan las probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular. “Los factores de riesgo clásicos siguen siendo los más importantes”, explica el doctor Lozano. Entre ellos, está “el colesterol, la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y la carga genética”. Otros elementos, como el estrés, dormir mal o la contaminación, también se han asociado con un mayor riesgo cardiovascular, pero el cardiólogo insiste en no perder de vista el peso de esos factores clásicos.

La genética también cuenta

Aun así, no todos los factores que determinan el riesgo dependen de nuestros hábitos. La genética puede desempeñar un papel especialmente importante en determinadas personas. “Hay familias con una altísima tasa de infarto en edades precoces de la vida, otras con una cierta tendencia y otras parece que están como protegidas con factores genéticos”, explica el presidente de la SEC.

La predisposición genética, sin embargo, convive con los factores modificables. Según el doctor, una persona puede partir de un riesgo genético menor y aumentarlo considerablemente si fuma o presenta hipertensión u otros factores que no mantiene bajo control.

De ahí que Fernández Lozano resuma la prevención en unas recomendaciones sencillas: «Aparte de no fumar nunca», hay que «mantener el peso, hacer ejercicio, tener una dieta sana» y controlar los factores de riesgo.

Podemos conocer el riesgo, pero no predecir un infarto

Prevenir, sin embargo, no es lo mismo que predecir. La medicina dispone de herramientas que permiten calcular la probabilidad que tiene una persona de sufrir un evento cardiovascular en función de características como la edad y sus factores de riesgo. Lo que todavía no puede hacer es determinar con certeza quién lo sufrirá y cuándo ocurrirá. “Podemos saber la probabilidad, pero no lo que va a pasar”, resume el doctor.

La explicación está, en parte, en el propio mecanismo que desencadena muchos infartos. “Muchos se producen cuando una placa de ateroma presente en una arteria coronaria se rompe y sobre ella se forma un trombo. Anticipar cuándo va a ocurrir esa rotura resulta especialmente complejo. Ese componente de rotura de placa es muy poco predecible”, explica.

Pero, que no podamos anticipar quién sufrirá un evento cardiovascular no significa que no podamos reducir las probabilidades de que ocurra. Para el doctor Fernández Lozano, ahí está precisamente una de las diferencias fundamentales.

Realizar pruebas para intentar determinar qué persona sana va a sufrir un infarto tiene una utilidad limitada. En cambio, identificar y controlar los factores que aumentan el riesgo sí permite actuar para reducirlo. “Medirse anualmente la tensión, el colesterol, el azúcar para ver si uno es diabético, eso sí que vale”, afirma.

Una llamada a la prevención que cobra especial sentido con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra este 29 de septiembre. Porque cuidar el corazón no debería empezar cuando aparecen los primeros síntomas ni cuando la edad hace aumentar el riesgo.



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