
Por Juan García
18 de febrero de 2026Además de la petición de un estatuto propio para los médicos y la reclamación de un canal de interlocución directa con la administración, la regulación de las guardias es uno de los grandes motivos de movilización de los médicos en esta huelga. Si bien los sindicatos reconocen avances en la regulación que propone el Ministerio, la propuesta sigue muy alejada de las expectativas de un colectivo médico que ha estallado en defensa de sus condiciones laborales y que ve en estas guardias un agravio respecto a otras categorías profesionales.
En este contexto, la secretaria general de la Asociación de Médicos y Titulados de Madrid (Amyts) y portavoz de la Agrupación por un Estatuto Médico y Facultativo (Apemyf), Ángela Hernández, analiza en conversación con Medicina Responsable las claves del rechazo a la regulación propuesta por Sanidad. La doctora considera que hay tres aspectos esenciales en cuanto a las guardias que siguen sin verse satisfechos con la modificación que propone el Ministerio: que no se reconozcan ni se retribuyan como horas extraordinarias, que sigan siendo obligatorias y que su limitación horaria siga amparando cargas laborales excesivas. El debate de fondo a este respecto pasa por replantear el modelo retributivo para que el salario de los médicos no dependa tanto de las guardias como lo hace ahora. Pero, para lograrlo, sería necesario aumentar las plantillas considerablemente. A esto se suma el choque de competencias entre el Ministerio y las comunidades sobre quién tiene potestad para decidir sobre estas cuestiones y cómo hacerlo.
A propósito del conflicto que la huelga escenifica, Hernández le augura un futuro complicado ante la falta de diálogo con el Ministerio, aunque incide en que “todo conflicto termina en una mesa de diálogo y lo importante es sentarse a hablar”. Aun así, en el contexto de fragilidad parlamentaria en el que se encuentra el Gobierno central, la doctora se muestra escéptica de que el nuevo Estatuto vaya a poder ver la luz y salga adelante en su recorrido parlamentario.
El modelo vigente con el Estatuto de 2003, diferencia entre jornada ordinaria y las horas de atención continuada, la denominación técnica para las horas de guardia. En base a estas se garantiza la disponibilidad permanente de servicios sanitarios públicos, lo cual emplaza en la práctica a los médicos a realizar jornadas 24 horas al solapar las 17 de guardia con su jornada ordinaria. Este sistema, además, genera una ‘deuda’ de horas por parte de los profesionales, ya que de forma posterior a esa jornada se les otorga un día de descanso, cuyas ocho horas correspondientes deben recuperar más adelante.
La propuesta de Sanidad para el nuevo Estatuto plantea limitar estas jornadas a un máximo de 17 horas y elimina esa ‘deuda’ horaria, de forma que se garantizan los descansos anterior y posterior a esa jornada. No obstante, establece excepciones para trabajar más allá de este límite, de forma voluntaria.
“Excepcionalmente, con el consentimiento expreso de los trabajadores afectados, de manera voluntaria y previo informe del servicio de prevención de riesgos laborales, la jornada de guardia podrá ampliarse hasta 24 horas continuadas, para aquellos puestos identificados como de difícil cobertura o en el caso de fines de semana y festivos”, recoge el texto del nuevo Estatuto.
Aunque el texto explicita que no podrán realizarlas en caso de contar con un informe desfavorable, los sindicatos temen que las presiones a los servicios de riesgos laborales, como encargados de elaborarlos, impidan acotar verdaderamente la realización de estos turnos "maratonianos".
Otro aspecto que se modifica en el nuevo Estatuto y que afecta a las guardias es la limitación del máximo de horas semanales, pasando de las 48 actuales a 45. Hernández destaca el problema que hay detrás del cálculo de estas limitaciones, pues se hace de forma semestral y no semana a semana. Es decir, que ese tope se puede superar ampliamente en una semana para compensar con fines de semana libres y vacaciones a lo largo de esos seis meses. Con el sistema que propone el nuevo estatuto, el cómputo de este máximo de horas se haría cada cuatro meses en vez de seis, pero sigue planteando el mismo problema de base a pesar de la reducción.
“El tope de horas que puede hacer un médico actualmente respetando los descansos tras estar trabajando 24 horas de guardia es una barbaridad: 96 horas”. Aunque reconoce que este es el caso más extremo, de este tope que permite el Estatuto de 2003, se pasaría a uno de 75 horas semanales, dando por hecho que “las 24 horas las vas a hacer agrupadas para poder tener algún fin de semana libre”, explica la secretaria general de Amyts.
A su juicio, en la práctica esta limitación no soluciona el problema del modelo organizativo en base a guardias: “Mientras permanezca el tema de las 48 o de las 45 horas es imposible hacerlo bien, porque nadie va a querer trabajar todos los fines de semana. La gente quiere vivir al final y al final va a agrupar guardias y horas para poder tener uno o dos fines de semana libres”.
En el plano retributivo, el Estatuto que propone Sanidad sigue sin resolver una reivindicación esencial de los médicos sobre las guardias: no computan de cara a la jubilación y se pagan a un precio más bajo que la hora ordinaria. Este último aspecto fue introducido por Sanidad en uno de sus borradores de la norma, el presentado en julio, aunque fue eliminado en la versión de septiembre tras considerar los servicios jurídicos de las comunidades autónomas que suponía una invasión de sus competencias.
Hernández discrepa de esta visión, pues, aunque las comunidades son las competentes para establecer las remuneraciones, la definición incluida en el texto de julio no fijaba una cifra concreta, sino un concepto: remunerar estas horas al menos al mismo precio que la hora ordinaria. La petición de los sindicatos va más allá y pasa por fijar su dotación en un 75% más que la hora ordinaria, como establece el Estatuto de los trabajadores para las horas extra.
“En este momento en el que no nos están llamando a negociar lo que pedimos es una jornada como la de los demás: 37,5 horas. Y el resto que se consideren horas extraordinarias”, apunta Hernández. A partir de ahí, señala que los sindicatos se mostrarían “dispuestos a hablar de excepciones”. Esta petición, sostiene, no atiende a que “los médicos queramos ganar mucho”, sino que esta consideración especial de estas horas de jornada debería servir como “estímulo a la administración para incrementar las plantillas”.
La portavoz de Apemyf también reprocha al Ministerio su forma de gestionar la negociación del Estatuto. El reparto competencial ha dado lugar a intensos debates entre comunidades autónomas, sindicatos y el Ministerio en torno a la cuestión de hasta dónde puede llegar el Estatuto Marco como norma general sin invadir competencias autonómicas.
El Ministerio insiste en defender las mejoras que han introducido en el Estatuto y que estas llegan hasta donde les permite su ámbito competencial, delegando en las comunidades la potestad de dar respuesta a las reclamaciones pendientes de los médicos. Una estrategia que, para la doctora Hernández supone “echar balones fuera”.
“No han hecho las cosas bien, porque si quieres hacer una reforma de este calado, tienes que sentar a las comunidades y a los sindicatos del ámbito, tienes que limar todas las posibles asperezas que se vayan a producir”, considera a este respecto.
Aunque no cierra la puerta a abordar por la vía autonómica sus demandas, ejemplificando el pacto logrado por los sindicatos en Asturias, señala que lo adecuado es que fuera el Ministerio quien diera respuesta “para mantener la equidad de los servicios de salud”.