
Por Virginia Delgado
30 de julio de 20261.000.000. Este es el número aproximado de personas que sufren fibromialgia en España, según la Sociedad Española de Reumatología (SER). A pesar de ser una cifra destacada, los afectados lamentan que esta patología esté poco reconocida e infravalorada.
Esto se debe a que durante mucho tiempo sufrió la incomprensión social y médica debido a la invisibilidad de sus síntomas. “La fibromialgia es una enfermedad de dolor, no de daño. En el organismo no hay tejidos lastimados y, por tanto, no se aprecia en radiografías ni en escáner. Sin embargo, el cerebro experimenta dolor”, explica Carlos Carrera, enfermero del Servicio Canario de Salud.
Así, entre sus principales síntomas están el dolor musculoesquelético crónico y la sensibilidad generalizada, la fatiga y los problemas de sueño, memoria y estado de ánimo.
En las últimas décadas se han llevado a cabo muchos estudios para conocer su origen y la mayoría ha afirmado que es una enfermedad autoinmune o musculoesquelética. Una creencia que ahora puede no respaldarse. Y es que un equipo internacional liderado por el Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum (Canadá), el Centro Oncológico Fred Hutch (EE.UU.) y la Universidad de Helsinki (Finlandia) ha presentado esta semana el mayor estudio genético realizado hasta la fecha sobre fibromialgia que destaca el importante papel del sistema nervioso en su desarrollo. Una creencia que ayudaría a los profesionales comprender y tratar mejor la enfermedad.
En cuanto al trabajo, los investigadores analizaron datos genéticos de más de 2,5 millones de adultos, de los que 55.000 habían sido diagnosticados con fibromialgia. Identificaron variantes de secuencia de ADN en 26 regiones del genoma que influyen en el riesgo de desarrollar la enfermedad. La que mostró una mayor vinculación con el riesgo de sufrirla se encontraba en el gen HTT. Un gen con mutaciones que causan la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo grave, progresivo y mortal. Otra variante apuntaba a un receptor llamado GPR52, que regula los niveles de HTT y que ya se está investigando como posible diana terapéutica para esta patología.
El estudio revela una importante superposición genética entre la fibromialgia y diversas afecciones, como el dolor lumbar, el síndrome del intestino irritable y el trastorno de estrés postraumático. Los investigadores creen que ciertos mecanismos biológicos compartidos dentro del sistema nervioso podrían predisponer a las personas a padecer varias de estas afecciones, lo que explicaría por qué suelen presentarse juntas.
"Sabemos que los síndromes de dolor crónico se agrupan en individuos y familias y que son genéticamente similares. Abordar los mecanismos comunes que los sustentan podría beneficiar a todo un conjunto de trastornos", ha manifestado la profesora Frances Williams, catedrática de Epidemiología Genómica del King's College de Londres y coautora principal del artículo publicado en Nature Medicine.
Aunque el estudio no ofrece una prueba genética para diagnosticar la fibromialgia ni un nuevo tratamiento para los pacientes, los expertos han subrayado que supone un cambio importante. "Durante décadas, se ha desestimado el dolor de los pacientes o se les ha dicho que es simplemente psicológico. Nuestros hallazgos confirman que la afección tiene una clara base biológica", ha manifestado Michael Wainberg, investigador del Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum y de la Universidad de Toronto Michael Wainberg, y coautor principal del trabajo.
Los investigadores consideran que la fibromialgia es solo el inicio de una exploración más amplia del panorama de las afecciones de dolor crónico y han animado a seguir investigando sobre genes, factores ambientales y acontecimientos vitales para comprender qué la origina cómo tratarla.