
Por Juan García
10 de junio de 2026La detección de sangre en el semen puede generar una inquietud entre quien la padece que se ve agravada por el pudor, que lleva a muchos a no consultarlo con su médico. En caso de enfrentarse a esta situación, los especialistas recomiendan no ignorarlo, pero tampoco caer en el alarmismo.
Este fenómeno, denominado hemospermia, está rodeado de desconocimiento y, según apuntan desde los servicios de Urología, podría ser más frecuente de lo que parece. Para el jefe de servicio de Urología del Hospital Quirónsalud Marbella, el doctor Pablo Navarro, la recomendación de actuación pasa por “no entrar en pánico, pero sí valorarlo con sentido común".
El urólogo explica que en la mayoría de los casos “no suele corresponder a un problema serio”, aunque merece una valoración médica si persiste o va acompañado de otros síntomas. Para distinguir cuándo puede motivar acudir a consulta y cuándo tiene capacidad de mitigarse sin complicaciones, hay varios aspectos a tener en cuenta.
El doctor Navarro recomienda consultarlo cuando persiste durante varios días o semanas, o se acompaña de síntomas como dolor al eyacular o al orinar, fiebre, sangre en la orina o molestias pélvicas. En pacientes jóvenes, cuando aparece de forma aislada, no suele ser motivo de preocupación, aunque se le debe prestar más atención en el caso de pacientes de mayor edad o con antecedentes urológicos relevantes.
Detrás de este sangrado suele haber deficiencias en las estructuras implicadas en la eyaculación, como la próstata, las vesículas seminales, la uretra o los conductos eyaculadores. Así, la presencia de sangre en el semen puede estar dando cuenta de procesos inflamatorios o infecciosos, como prostatitis o uretritis, explica el doctor Navarro. No obstante, también puede estar provocado por la realización de pruebas urológicas, actividad sexual intensa o incluso periodos prolongados de abstinencia.
La exploración física y el repaso exhaustivo de la historia clínica son los primeros pasos para realizar un correcto diagnóstico de las causas subyacentes a este sangrado. En función de cada caso, puede ser necesario efectuar pruebas específicas, como análisis de orina, estudios infecciosos o analítica sanguínea con determinación de PSA (antígeno prostático específico). Si la situación es más compleja o persistente, puede ser necesario recurrir a técnicas de imagen como la ecografía o la resonancia magnética.
La determinación del tratamiento también varía en función de cada caso. En muchos pacientes no es necesario intervenir, ya que el cuadro se resuelve por sí solo, aunque si se detecta una patología concreta, su abordaje pasa por la prescripción de antibióticos ante cuadros infecciosos o tratamientos específicos de afecciones urológicas.
Doctor Pablo Navarro, jefe de servicio de Urología del Hospital Quirónsalud Marbella.