
Por Medicina Responsable
19 de febrero de 2026Las noticias de trasplantes suelen ser amables: hitos y hazañas médicas que consiguen lo inimaginable (como el primero de cara con una donante de eutanasia) o historias entrañables de personas que "han vuelto a nacer" gracias a la solidaridad de otras. Sin embargo, desde Italia nos ha llegado estos días uno de esos relatos que no es afable ni reconfortante, sino todo lo contrario: que ha conmocionado a todo el país por su crudeza. Se trata del caso del pequeño Tommaso Mercolino, un niño de dos años que se sometió a una intervención para ser trasplantado de corazón el pasado mes de diciembre y que salió mal: el órgano donado estaba en mal estado debido, como las autoridades italianas sospechan, a negligencias durante su trasporte.
Desde entonces, Tomasso permanece en coma inducido y conectado a un sistema de soporte mecánico que sustituye temporalmente la función cardíaca y pulmonar y; aunque se ha encontrado un corazón compatible, los médicos están deliberando si el delicado estado de salud del pequeño podría cerrar la puerta a una nueva operación. Mientras tanto, en las calles de italia se ha abierto un profundo debate sobre la seguridad en los trasplantes pediátricos.
La Fiscalía de Nápoles ha abierto una investigación para determinar si existieron fallos en la cadena de custodia y transporte del órgano; y varios profesionales sanitarios están siendo investigados mientras se analizan los protocolos aplicados durante el traslado del corazón desde el hospital donante hasta el centro receptor.
El trasplante se realizó en el Hospital Monaldi, en Nápoles, tras ser el pequeño diagnosticado con una miocardiopatía dilatada que comprometía gravemente su vida. Sin embargo, el órgano implantado no respondió como se esperaba y falló poco después de la operación. Fue entonces cuando saltaron todas las alarmas.
Las hipótesis apuntan a que el órgano habría estado en contacto con hielo seco, lo que podría haber provocado una congelación excesiva del tejido cardíaco. El fallo inmediato del injerto obligó a los médicos a conectar al niño a soporte vital avanzado. Desde entonces, han surgido complicaciones graves, entre ellas infecciones y daños neurológicos derivados de la inestabilidad hemodinámica.
En los trasplantes, los órganos deben conservarse a temperaturas controladas, generalmente entre 2 y 8 grados centígrados, dentro de soluciones específicas y recipientes estériles, por lo que una variación extrema puede afectar de forma irreversible su funcionalidad. Especialistas consultados por la prensa italiana coinciden en que se trataría de un caso excepcional: los daños por transporte en órganos destinados a trasplante son extremadamente raros en sistemas sanitarios europeos, donde los protocolos están estrictamente regulados por normativas nacionales y comunitarias.
En Italia, la coordinación nacional de los trasplantes depende del Centro Nazionale Trapianti, organismo que supervisa la asignación, trazabilidad y logística de los órganos. Su procedimiento estándar exige, entre otros procesos, la identificación completa y documentación clínica del órgano; la conservación en soluciones específicas y contenedores estériles; y el control estricto de temperatura y el transporte urgente por vía terrestre o aérea según la distancia. Todo ello, gestionado por una red nacional coordinada, aunque con cierta descentralización regional en la ejecución logística.
Este protocolo es muy parecido al de España, pues ambos países deben cumplir las estrictas normativas europeas de trasplantes y en materia de calidad, seguridad y trazabilidad. Sin embargo, el modelo español destaca por una mayor centralización operativa y una estructura logística altamente protocolizada que incluye acuerdos formales con aerolíneas y aeropuertos, coordinación permanente 24 horas y protocolos públicos detallados sobre transporte aéreo y terrestre.
De hecho, hasta la fecha no se han hecho públicos en España casos recientes en los que un órgano trasplantado haya fallado por daños atribuibles al transporte.
Ahora, el estado de Tommaso es extremadamente delicado y un comité médico ha evaluado la posibilidad de realizar un segundo trasplante tras la aparición de un nuevo órgano compatible. Sin embargo, las complicaciones acumuladas (como una hemorragia cerebral e infecciones severas) hacen que una nueva intervención suponga un riesgo altísimo.
Los especialistas debaten si el menor podría soportar otra operación mayor o si su organismo no resistiría un segundo procedimiento quirúrgico de esta magnitud. La decisión es compleja y se basa en parámetros clínicos, neurológicos y hemodinámicos que cambian día a día.
Mientras tanto, la sociedad italiana permanece profundamente conmocionada. El caso ha generado indignación pública, peticiones de transparencia y un debate nacional sobre la seguridad en los trasplantes. La familia del pequeño, especialmente su madre, ha reclamado que se esclarezca lo ocurrido y que se depuren responsabilidades si se confirma que hubo negligencia.