
Por Virginia Delgado
13 de marzo de 2026La endometriosis es una enfermedad crónica que se caracteriza por la presencia de tejido similar al endometrio fuera del útero, lo que provoca inflamación, dolor pélvico y alteraciones en la función ovárica que pueden afectar a la fertilidad.
No obstante, no es solo una patología ginecológica, ya que también intervienen factores inmunológicos y metabólicos. Algo que está haciendo que los investigadores integren en sus estudios sobre salud endometrial nuevas líneas que los tienen en cuenta.
En esta línea, se han llevado a cabo estudios, como el publicado en JAMA Network Open, que han observado una reducción del riesgo de desarrollar cáncer de endometrio en mujeres tratadas con agonistas del GLP-1; fármacos empleados para el tratamiento de la obesidad y de la diabetes tipo 2.
No existen ensayos clínicos que avalen su uso como tratamiento específico de la endometriosis. Sin embargo, estos fármacos, al tener efectos antiinflamatorios sistémicos, mejorar de la resistencia a la insulina y modular del tejido adiposo, podrían influir indirectamente en el microambiente inflamatorio asociado a la enfermedad.
“Estos hallazgos abren una importante vía de interés, pero no sustituyen, en ningún caso, al diagnóstico precoz ni al abordaje ginecológico adecuado de la endometriosis, aunque sí pueden convertirse en una herramienta complementaria en pacientes seleccionadas. Es una opción terapéutica muy valiosa cuando existe una indicación clara, dentro de un abordaje integral que incluya diagnóstico precoz, planificación reproductiva y control metabólico personalizado”, ha manifestado la doctora Marta Romero, especialista en Medicina Interna de la Unidad de Fallo Reproductivo de IVI Madrid.
Así, los expertos insisten en que su uso debe limitarse estrictamente a pacientes con indicación clínica bien establecida y bajo supervisión médica especializada.
Se estima que en España más de dos millones de mujeres sufren endometriosis.
Pese a su prevalencia y consecuencias reproductivas, continúa siendo una enfermedad infradiagnosticada. El tiempo medio hasta obtener un diagnóstico es de unos nueve años, periodo en el que muchas pacientes consultan hasta a cinco profesionales distintos. Este retraso no solo prolonga el sufrimiento físico y emocional, sino que también puede comprometer de forma progresiva la reserva ovárica y la capacidad reproductiva. Por ello, los especialistas insisten en la necesidad de un diagnóstico temprano.