
Por Clara Arrabal
20 de julio de 2026Toda España recordará qué hacía, con quién estaba y dónde se encontraba la noche del 19 de julio de 2026, esa en la que la Selección Española de Fútbol consiguió bordar para la eternidad la segunda estrella en el pecho de millones de personas. Desde el niño que sueña con ser un jugador profesional, hasta el aficionado veterano que no se pierde un partido de su equipo favorito, pasando por los que lo vieron solos, los rodeados de sus seres queridos, desde un tren, en su puesto de trabajo, ante las pantallas gigantes de su ciudad... Y también en la cama de un hospital.
De hecho, este último es el caso de miles de pacientes que, por su delicado estado de salud, vivieron el hito deportivo entre enfermeras, dispositivos sanitarios y otras personas en su misma situación. "¡Pero la ilusión era la misma que si hubiéramos estado en casa!", explica a Medicina Responsable, desde la habitación 456 del Hospital Universitario de Guadalajara, Jose, quien acompaña a su padre en el ingreso hospitalario.
"Nosotros pusimos la televisión a las siete de la tarde, aunque el partido comenzara a las nueve, porque queríamos calentar motores, en la medida de lo posible, claro", comienza relatando. "Estuvimos un rato comentando lo que decían los periodistas, hablando sobre las alineaciones, sintiendo los nervios del principio...", prosigue. Allí, el ambiente era tranquilo, aunque podía verse a algunos de los familiares y los pacientes con las camisetas de La Roja, lo que "hacía intuir que no iba a ser una noche cualquiera".
"Uno de los momentos más emotivos llegó cuando, minutos antes de que empezara el partido, pudimos hablar por teléfono con el resto de la familia, que estaba reunida y acordándose de nosotros", añade Jose, confirmando que la velada iba a ser más especial de lo que, a priori, suele serlo en un centro hospitalario. "Muchas gracias a todos: hijos, primos, nietos, tíos... Inés, Pablo, Marina, Sofía... ¡Vamos, que hoy ganamos!", se escuchaba tras la pantalla del teléfono móvil. "¡Recupérate pronto!", le decían los más pequeños de la casa, mostrándole las camisetas de España.
Sin embargo, si algo confirmó el sentimiento contenido de los allí presentes por La Roja fue una bandera rojigualda colocada de manera concienzuda sobre el mostrador de atención de la planta. "La hicieron las enfermeras con material sanitario, para que los pacientes se sintieran como en casa", reflexiona Jose, elogiando su actitud.
Fotografía de la bandera realizada con material sanitario en el Hospital Universitario de Guadalajara.
Según este, había dos tipos de enfermeras, "unas más forofas, y otras algo menos", pero todas haciendo su trabajo con gran profesionalidad y esmero. "Algunas, cuando pasaban a preguntar qué tal se encontraban los pacientes, se interesaban por el resultado del partido o por si se había lesionado algún jugador", explica.
Además, recuerda con especial cariño el momento del gol y el del final del partido, cuando unos pocos pacientes salieron al pasillo a celebrarlo juntos: "Todos nos ilusionamos mucho y no pudimos contener la emoción. Tanto, que alguien pidió silencio, aunque siempre primó la comprensión... ¡No dejamos de estar en un hospital!".
Finalmente, la noche acabó por todo lo alto: volviendo al hogar. "¡Campeones, campeones", se escuchó decir al paciente a través de un audio de voz enviado a sus familiares, con la misma ilusión y energía que si estuviera en casa. No cabía duda: la segunda estrella del Mundial aminoró, al menos por 120 minutos, el dolor de quienes lo vivieron desde el hospital.