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El cóctel farmacológico que acabó con el rey del pop hace 15 años

Propofol, midazolam y lorazepam pusieron fin a la atormentada vida de Michael Jackson

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El cóctel farmacológico que acabó con el rey del pop hace 15 años

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

25 de junio de 2024

El 25 de junio de 2009 el mundo amanecía con una noticia que conmocionaría a millones de personas: Michael Jackson, el icono de la música pop, había fallecido a la edad de 50 años tras sufrir una parada cardiaca. La causa oficial de su muerte: una intoxicación aguda de propofol, un potente anestésico, y benzodiacepinas, medicamentos utilizados para tratar la ansiedad.

Desde sus inicios como vocalista de los Jackson 5 hasta su meteórica carrera en solitario, Michael Jackson revolucionó la industria musical. Su ritmo contagioso, sus coreografías electrizantes y su voz inconfundible lo convirtieron en una estrella global. Canciones como "Billie Jean", "Thriller" y "Beat It" se convirtieron en himnos atemporales que trascendieron generaciones y culturas.

La vida de Michael Jackson estuvo marcada por el éxito, la fama y la controversia. Su infancia bajo la presión de una familia ambiciosa, las acusaciones de abuso infantil y su excéntrica vida personal generaron un torbellino mediático que lo acompañó hasta el final.

Insomnio, ansiedad y dolor crónico

Detrás de la sonrisa radiante y su talento inigualable se escondía un hombre atormentado por el insomnio, la ansiedad y el dolor crónico. Estos enemigos invisibles lo acecharon durante sus últimos años de vida, eclipsando su brillo y contribuyendo a su trágico final.

Y es que durante los últimos años de su vida las noches se convirtieron en una tortura. El sueño, ese refugio reparador que todos anhelamos, le era esquivo. Según sus biógrafos se pasaba las noches dando vueltas en la cama acosado por pensamientos intrusivos y una inquietud que no lo dejaba descansar, lo cual aumentaba su vulnerabilidad.

Un constante estado de alerta, de temor irracional, lo invadía en los momentos más inesperados. El estrés de la fama, las presiones de la industria discográfica y las críticas constantes alimentaron un monstruo interno que lo consumía.

A todo esto, se añadió el dolor físico. Las lesiones sufridas a lo largo de su carrera, las cirugías estéticas y los tratamientos médicos invasivos lo dejaron con un cuerpo marcado por el sufrimiento. El dolor crónico se convirtió en un compañero inseparable, empeorando su estado de ánimo y limitando su movilidad.

En su búsqueda desesperada por encontrar paz y alivio, el rey del pop recurrió a diversos métodos, algunos cuestionables y potencialmente peligrosos. Los medicamentos sujetos a prescripción médica, las terapias alternativas y las prácticas poco ortodoxas se convirtieron en su esperanza para escapar de su tormento.

El cóctel farmacológico que acabó con su vida

Las dolencias y las múltiples terapias crearon una tormenta perfecta en la vida de Michael Jackson. Su salud física y mental se deterioró progresivamente, haciéndolo vulnerable a las malas decisiones y a riesgos innecesarios.

La investigación realizada tras su fallecimiento se centró en Conrad Murray, su médico personal, y la dosis de sedantes que le proporcionó. En la declaración jurada el galeno confesó haberle suministrado 25 miligramos de propofol junto con otros sedantes, como lorazepam y midazolam.

La muerte de Michael Jackson nos recuerda la fragilidad de la vida y nos invita a reflexionar sobre la presión y el escrutinio público que pueden enfrentar las figuras famosas, y la importancia de la salud mental y el equilibrio personal.



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