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Más de 200 familiares y pasajeros reciben asistencia psicológica en Atocha: “Hay situaciones de shock y mucho miedo”

Según Jesús Linares, secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, la atención se centra en acompañar a los familiares que todavía buscan respuestas, ayudar a los pasajeros a afrontar lo ocurrido y atender a los trabajadores ferroviarios que presentan dificultades para recuperar su rutina

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Más de 200 familiares y pasajeros reciben asistencia psicológica en Atocha: “Hay situaciones de shock y mucho miedo”
Foto: 112 Comunidad de Madrid

Por Santiago Melo

30 de octubre de 2026

La estación de Atocha, en Madrid, se ha convertido en uno de los principales puntos de atención psicológica para las personas afectadas por el accidente ferroviario ocurrido este miércoles en Urda (Toledo). Desde las primeras horas posteriores a la colisión, distintos equipos de emergencias y profesionales de la psicología trabajan para acompañar a familiares, pasajeros y trabajadores de Renfe e Iryo que necesitan información o apoyo emocional para afrontar las consecuencias de la tragedia.

Según el balance facilitado por el Summa 112, hasta las 19.45 horas del jueves habían recibido asistencia en este punto 212 personas, entre ellas 171 familiares y 41 pasajeros de los trenes afectados. Uno de estos últimos tuvo que ser trasladado al Hospital Universitario de La Princesa. En el dispositivo participan profesionales del Summa 112, Samur, Cruz Roja y los equipos de atención psicológica de las compañías ferroviarias.

Jesús Linares, secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y director del Máster Oficial de Psicología de Emergencias de la Universidad Europea de Madrid, explica a Medicina Responsable que el operativo se organiza en función de la compañía ferroviaria con la que están vinculadas las personas afectadas. Los equipos de Renfe y Adif trabajan junto al Samur, mientras que los profesionales de Iryo cuentan con el apoyo del Summa 112 y de sus propios psicólogos. Según Linares, durante las primeras horas ha habido aproximadamente cinco psicólogos trabajando de forma simultánea en cada uno de los cuatro dispositivos.

El especialista asegura que la principal necesidad de los familiares es conocer qué ha ocurrido con sus seres queridos. "En este tipo de catástrofes es lo habitual. Tiene que ver siempre con la información. Es decir, necesitan conocer qué es lo que está pasando", explica. En muchos casos, se trata de personas que buscan a un familiar con el que no han conseguido contactar y desconocen si está herido o ha fallecido. Ante estas situaciones, Linares destaca que "el trabajo que se hace es intentar buscar esa información y sostener la situación de incertidumbre que están viviendo".

Entre los pasajeros que sobrevivieron al accidente, los psicólogos están encontrando diferentes reacciones emocionales. Linares explica que algunos afectados presentan "situaciones de shock, con situaciones de embotamiento emocional, con situaciones de mucha incertidumbre" y también miedo a volver a subirse a un tren. Estas dificultades se extienden a maquinistas, interventores y tripulantes que, tras lo ocurrido, encuentran dificultades para regresar a su actividad habitual.

“No me puedo creer que esto esté pasando otra vez”

Uno de los aspectos que más preocupa al especialista es el impacto que está teniendo la repetición de dos accidentes ferroviarios graves en un periodo de tiempo tan corto. Linares, que también participó en la atención psicológica tras la tragedia de Adamuz, explica que está volviendo a encontrarse con personas a las que ya había atendido en aquella ocasión. "La frase más repetida es: no me puedo creer que esto esté pasando otra vez", afirma.

La repetición de una tragedia de características similares también dificulta recuperar la sensación de seguridad que se había trabajado durante los meses anteriores. Según explica, las personas atendidas están reviviendo experiencias anteriores en los mismos espacios y con profesionales a los que ya conocen. "Lo están viviendo, bueno, un poco desrealizados en cierta manera, como si estuvieran siendo espectadores de una película de terror", describe Linares.

El impacto psicológico no se limita a quienes viajaban en los trenes o a sus familiares. El psicólogo recuerda que también existe un grupo de personas que, sin haber vivido el accidente directamente, pueden experimentar miedo al transporte ferroviario. "Hay miedo incluso a coger el metro", señala. En estos casos, explica que algunas personas están viviendo lo ocurrido de forma indirecta, a través de las experiencias de otras, y pueden llegar a sentir un malestar psicológico importante.

En cuanto al tiempo de recuperación, Linares insiste en que las reacciones son diferentes en cada persona y dependen de sus circunstancias. "Hay tripulantes, interventores o maquinistas que están volviendo a subir a los trenes con miedo, pero con cierta normalidad, entre muchas comillas", explica. Sin embargo, también hay trabajadores que están viviendo lo ocurrido de una manera tan intensa que "en este momento están siendo incapaces de poder recuperar su rutina".

La duración de estas dificultades dependerá de las experiencias personales, el apoyo familiar y social y las condiciones laborales de cada afectado. No obstante, el psicólogo recuerda que la capacidad de recuperación de las personas suele permitir que muchas de las reacciones iniciales disminuyan con el tiempo, sin llegar a convertirse en trastornos psicológicos persistentes.

La atención psicológica continuará según las necesidades de los afectados

Respecto a la duración del dispositivo de atención, Linares explica que los equipos de emergencias del Samur y el Summa 112 están comenzando a retirarse, mientras que los psicólogos vinculados a Renfe e Iryo continuarán prestando asistencia. "No te sé decir una fecha porque no la tenemos nosotros todavía. Va a depender un poco de las necesidades de la población y de la tripulación", señala.

Además de la atención en Atocha, los profesionales se están desplazando a hospitales y tanatorios para acompañar a los afectados. En las próximas fases también prevén prestar apoyo durante procesos especialmente delicados, como el reconocimiento de víctimas y la recogida de pertenencias. "La propia población marca un poco los ritmos", explica Linares, que señala que los recursos se irán reduciendo a medida que disminuya la demanda de atención.

Por último, Linares hace un llamamiento a la población general para evitar que la exposición constante a las noticias y las imágenes del accidente termine aumentando el malestar emocional. El especialista recomienda no permanecer continuamente pendiente de los vídeos, las fotografías o los debates relacionados con la tragedia

En este sentido, el psicólogo también pide evitar que el debate sobre las responsabilidades del accidente se convierta en una fuente añadida de tensión social. "Yo creo que vivimos un momento político especialmente crispado", señala, por lo que considera importante "dejar que las autoridades judiciales hagan su proceso" y no alimentar enfrentamientos que puedan aumentar el sufrimiento de los afectados. Linares insiste en que centrar la atención constantemente en la búsqueda de culpables y en la difusión de contenidos impactantes puede contribuir a prolongar el malestar psicológico, tanto entre las personas directamente afectadas como entre quienes siguen la tragedia desde fuera.



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