
Por Clara Arrabal
29 de octubre de 2026Es uno de esos escenarios en los que nadie querría estar: esperando en la sala de una morgue para identificar los restos mortales de su ser querido. Sin embargo, decenas de familias deberán pasar por ello durante los próximos días en el Instituto de Medicina Legal de Toledo, que se ha convertido en la funeraria principal del accidente ferroviario de Urda.
Allí, 25 profesionales trabajan en la clasificación e identificación de 52 de los cadáveres que se han podido recuperar tras el choque de trenes que sacudió a toda España en la mañana del 28 de octubre, y que se saldó con la vida de 69 personas. Pero no lo hacen solos, cuentan con la inestimable ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ha levantado un mortuorio de campaña anexo a sus dependencias ya que la gravedad de la tragedia supera la capacidad del depósito de cadáveres regional al contar este con recursos para albergar a 30 víctimas.
Serán ellos los que hagan una de las labores más sanadoras para los afectados: devolver los restos mortales de los fallecidos a sus familias. Por supuesto, con la máxima profesionalidad y respeto. "Tenemos protocolos para desempeñar nuestro trabajo de la forma más eficaz, pero también valores humanos: nuestra función es también la de aliviar el dolor de las familias en unos momentos durísimos", afirma a Medicina Responsable Carlos Cuadrado Gómez-Serranillos, perito médico forense adscrito al Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha.
Según el profesional, la identificación de las víctimas de una catástrofe como la de Urda requiere un procedimiento específico que, aunque cuenta con protocolos establecidos, debe adaptarse a las circunstancias de cada tragedia. El primer paso consiste en recopilar toda la información posible sobre las personas desaparecidas. Así, ropa, tatuajes, cicatrices o implantes pueden convertirse en pistas fundamentales, además de las descripciones que facilitan sus familiares. "En tragedias como la de Urda la dificultad suele ser mucho mayor, ya que los cuerpos llegan en condiciones muy complicadas y el trabajo de identificación debe ser más minucioso", explica, destacando que, en estos casos, las huellas dactilares pueden resultar decisivas.
Sin embargo, el procedimiento de actuación al que deben acogerse estos profesionales no depende únicamente de las pruebas técnicas. La atención a los allegados también es una prioridad, por lo que los profesionales intentan agilizar los trámites para que las familias puedan cerrar su duelo cuanto antes. "Tenemos un protocolo que seguir, pero también valores humanos, por lo que intentamos facilitar este duro proceso a las familias", recuerda Cuadrado Gómez-Serranillos, quien destaca la excepcionalidad de estas situaciones.
Además, hace hincapié en el extenso número de operativos que participan en el proceso y en la importancia de la coordinación entre ellos: "El Real Decreto (32/2009) que rige nuestras actuaciones no se sigue a rajatabla porque al final es una colaboración de muchos profesionales. Hay médicos forenses, psicólogos forenses y sanitarios, técnicos... Y todos apoyan", explica, ya que, aunque la dirección corresponde a los médicos forenses y al sistema judicial, la magnitud de una catástrofe exige recurrir a otros profesionales y servicios cercanos. En definitiva, el objetivo es común: trabajar con la máxima eficacia y, sobre todo, aliviar el sufrimiento de las familias.
Respecto a la situación de la medicina forense en España, el experto afirma que "ha arrastrado durante años una falta de estructuración". De hecho, la primera promoción de médicos que ha completado su formación especializada a través del sistema MIR termina ahora, por lo que muchos profesionales en activo han accedido a esta labor por otras vías, como oposiciones o bolsas de trabajo, sin contar necesariamente con una especialidad específica. "Esto no significa que sean mejores ni peores, aunque sí puede influir en su experiencia ante situaciones especialmente complejas", aclara Cuadrado Gómez-Serranillos.
Y es que el trabajo de un médico forense va mucho más allá "de la imagen cinematográfica de quien realiza autopsias y resuelve crímenes", señala el profesional. En su actividad cotidiana, muchos profesionales se dedican principalmente a reconocer lesionados, valorar daños corporales o examinar accidentes de tráfico. "Por eso, no todos están acostumbrados a enfrentarse a escenarios tan duros como una catástrofe con decenas de fallecidos y cuerpos fragmentados", afirma.