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¿Qué es la Salud?

Una reflexión sobre lo que es y, fundamentalmente, sobre lo que no es

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¿Qué es la Salud?
Foto de Emma Simpson en Unsplash

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

8 de abril de 2024

La salud es un tema recurrente en nuestras conversaciones, es más, comenzamos el año nuevo deseando a nuestros seres queridos que la Salud les acompañe durante los siguientes 365 días. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre su significado.  

Seguramente el concepto abstracto de salud surgió -de una forma espontánea- cuando la Historia de la Humanidad comenzaba a dar sus primeros pasos. Alguien, un personaje anónimo, valiéndose del lenguaje, estableció una dicotomía entre un estado de bienestar y otro de malestar. En Román paladino, o se está sano o se está enfermo. 

Y es que, lo más probable, es que en sus inicios, y de forma intuitiva, la salud se consideró como la ausencia de enfermedad.

Otro aspecto en el que tampoco nos detenemos a pensar es en cuánto estamos “de sanos” o cuanto nos “falta para estarlo”, puesto que la salud no es tangible, no la podemos medir ni pesar. Para solventar este problema, muchas veces la equiparamos a la vida, algo que tampoco es del todo correcto, ya que no es posible establecer cuáles son sus límites, puesto que cuando los sobrepasamos, por poco que sean, nos encontramos cara a cara con la muerte. 

Un equilibrio humoral

Tuvieron que pasar miles de años para que apareciera el Ayurveda, considerado como el sistema curativo más antiguo del mundo. Sus raíces se hunden en la era Védica hindú, hace ahora más de 5.000 años. Este sistema de salud se basaba en tres ejes cartesianos: el cuerpo, la mente y el espíritu. De alguna forma, los hindúes comprendieron muy pronto que la salud era un estado que no dependía solo del cuerpo.

Más adelante la cultura milenaria china consideró que la salud, al igual que todo lo que existía en el universo, estaba vinculada a un ente al que bautizaron como Tao. Los taoístas reconocían el principio fundamental de la virtud y la vida, estableciendo como meta suprema alcanzar la inmortalidad corporal. Para conseguirla era preciso cumplir las leyes morales, alimentar el cuerpo y el espíritu, y concentrarse en el Uno.

Con la aparición de las primeras civilizaciones occidentales (Mesopotamia, Egipto, Grecia) el concepto de salud se impregnó de religiosidad, por una parte, estar enfermo era lo contrario a estar sano y, por otra, se establecía una causa-efecto entre el pecado y el castigo divino. De esta forma, la enfermedad se convirtió en la revelación de una mala conducta.

Fue en el siglo V a. de C. cuando apareció Hipócrates, el padre de la medicina, quien explicó la salud como un equilibrio interno. Según él los seres humanos estamos formados por cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) que están en armonía en las personas sanas, pero que cuando, por alguna razón, se rompe el equilibrio aparecen las enfermedades.

El sistema hipocrático se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo XVII. Con la llegada del racionalismo ilustrado del siglo XIX surgió la visión fisiopatológica de la enfermedad, la cual se entendió como un proceso en el que existían alteraciones (lesiones) que generaban trastornos funcionales (disfunciones) que se debían a diferentes causas (internas o externas) y que, a su vez, podían seguían diferentes evoluciones.

Algo más que la ausencia de enfermedad

Terminada la Segunda Guerra Mundial surgió la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con ella se universalizó el concepto de Salud. En el año 1948 la OMS la definió como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la usencia de enfermedad o dolencia”.

La verdad es que este concepto, más amplio y exacto, tampoco consiguió la aceptación de la comunidad científica. Algunos autores lo consideraron utópico, estático y subjetivo. Utópico en tanto en cuanto el “completo estado” no existe, ya que no se trata de condiciones absolutas, existiendo graduaciones entre ambos extremos.  Estático porque la salud es considerada en esa definición como un “estanco”, no como un proceso dinámico, que realmente es lo que sucede a lo largo de nuestra vida. ¿O acaso estamos completamente sanos durante las 24 horas de un día? Más bien, entramos y salimos continuamente en “nuestro” compartimento personal de Salud.

Por último, es subjetivo, porque depende del propio individuo. Lo que nosotros entendemos por salud no solo es diferente a lo que concibe un habitante de la India, sino también a lo que considera nuestro compañero de trabajo. 

En este sentido, y en un intento de arrojar luz al problema, Elison, hace ya algunas décadas, describió cinco niveles de bienestar-malestar: salud, descontento, malestar, inadaptación, enfermedad y muerte. Quizás, solo quizás, ahora nos sintamos un poco más identificados con lo que sucede en nuestro cuerpo.

Y es que, la salud es algo relativo, contextualizado en el momento y la persona, y que guarda relación, entre otros muchos factores, con la capacidad que tenemos de responder de forma positiva a los problemas que se nos plantean en el día a día. 



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