
Por Medicina Responsable
21 de julio de 2026España se sitúa entre los países con mayor esperanza de vida del mundo, con una media de 85,8 años en las mujeres y 80,3 en los hombres. Sin embargo, detrás de estos datos la realidad es que vivir más tiempo no siempre significa hacerlo con mejor salud. Expertas en envejecimiento, epidemiología, urbanismo y sociología analizan esta situación en el pódcast “Salud con Perspectiva”, de Organon, donde destacan que la longevidad española es el resultado de una combinación de factores relacionados con el estilo de vida, el entorno urbano y el sistema sanitario.
Entre las claves que explican esta posición destacan la dieta mediterránea, la actividad física cotidiana, las relaciones sociales, el acceso a la sanidad pública y un modelo de ciudades que, tradicionalmente, ha favorecido caminar y mantener una vida más activa. Según la médica y antropóloga Vânia de la Fuente, "no nos propusimos ser longevos. Simplemente se dieron una serie de condiciones y una forma de vida saludable que, sin darnos cuenta, han contribuido a llegar a este nivel".
No obstante, las especialistas advierten de que esa ventaja podría verse comprometida por los cambios en el estilo de vida. El aumento del estrés, el aislamiento social, la falta de tiempo para cocinar o compartir tiempo con otras personas y el abandono progresivo de algunos hábitos saludables amenazan con reducir no solo la esperanza de vida, sino también la calidad de esos años. "Tenemos más estrés, más aislamiento, las dietas están cambiando, tenemos menos tiempo para cocinar y para socializar", añade la experta.
El análisis también pone de manifiesto que la experiencia del envejecimiento no es igual para mujeres y hombres. Aunque ellas viven más años, gran parte de ese tiempo adicional transcurre con enfermedades crónicas como artritis, osteoporosis, depresión o dolor lumbar, además de limitaciones funcionales que reducen su autonomía. Para la doctora en Epidemiología Carmen Gallardo, el objetivo no debe ser únicamente vivir más, sino hacerlo en las mejores condiciones posibles, algo que depende en gran medida de los hábitos adquiridos desde edades tempranas.
Las expertas también destacan que el diseño de las ciudades tiene un impacto directo sobre la salud. La arquitecta y urbanista Susana García Bujalance explica que las mujeres suelen caminar más, utilizar con mayor frecuencia el transporte público y realizar desplazamientos más complejos debido a las tareas de cuidado, como acompañar a menores, atender a personas dependientes o hacer la compra. Un urbanismo pensado principalmente para los trayectos entre el la casa y el trabajo, advierte, incrementa su carga de tiempo, estrés y exposición a sistemas de transporte que no siempre responden a estas necesidades.
Ante este escenario, las participantes coinciden en que la respuesta debe ir mucho más allá del ámbito sanitario. Reclaman políticas públicas que integren salud, urbanismo, movilidad, bienestar social y envejecimiento desde una perspectiva transversal, con el objetivo de adaptar las ciudades y preparar a la sociedad para el progresivo envejecimiento de la población. Según concluyen, garantizar una vida más larga pasa también por asegurar que esos años se vivan con mayor salud, autonomía y calidad de vida.