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A peor nivel socioeconómico, mayor sedentarismo

El riesgo de morir por una enfermedad crónica es mayor, entre un 25% y un 50%, en los grupos socioeconómicos más desfavorecidos

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A peor nivel socioeconómico, mayor sedentarismo
freepik

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

25 de septiembre de 2023

No es solo que los pobres se mueran antes que los ricos, sino que, a medida que descendemos en la escalera social, hay un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas por los grupos más desfavorecidos.  Es lo que los expertos han bautizado como “gradiente de desigualdad”. Vayamos a un ejemplo muy gráfico: hay habitantes de algunas zonas de Glasgow que tienen una esperanza de vida menor que la media de la India.

También se ha observado que los hijos de las familias con peores recursos económicos tienen una alimentación menos saludable, debido a que los alimentos que consumen son de peor calidad, al ser más baratos, y porque además sus padres disponen de peor formación e información. 

Otro hecho constatable es que en aquellas familias en las que existe mayor inestabilidad laboral y más paro se fuma más, se hace menos ejercicio físico y el consumo de alcohol es mayor, factores que, a medio y largo plazo, aumentan el riesgo de sufrir enfermedades crónicas. Además, el hecho de estar desempleado o tener dificultades económicas para poder pagar la hipoteca a final de mes multiplica las posibilidades de sufrir un trastorno mental respecto a las personas que no sufren este problema.

También se ha observado que la probabilidad de que una mujer sufra un problema crónico de salud se incrementa hasta en un 80% entre aquellas que pertenecen a clases sociales más vulnerables. Y que el riesgo de morir por una enfermedad crónica es mayor –entre un 25% y un 50%- en los grupos socioeconómicos más desfavorecidos. 

Y así podríamos seguir dando cifras y datos, porque la información científica que se tiene respeto a las desigualdades entre mortalidad y morbilidad asociada a desigualdades sociales es apabullante. Hasta el punto de que, si fuera posible eliminar estas diferencias según la clase social o la educación, se podría reducir los niveles de las enfermedades crónicas en un grado mayor que si se llevasen a cabo medidas de prevención. 

Sedentarismo y nivel socioeconómico bajo

En el año 2020 un grupo de trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso la lupa en otra de las aristas del problema: la actividad física y el sedentarismo. Y es que este factor de riesgo cardiovascular tampoco es ajeno al nivel socioeconómico.

Son numerosos los estudios que han demostrado que existe una relación inversa entre la actividad física que realiza una persona y su poder adquisitivo: a mayor nivel educativo e ingresos más altos, la actividad física que se realiza aumenta y disminuye el sedentarismo, mejorando, en consecuencia, sus indicadores de riesgo cardiovascular.

En esta línea, recientemente se ha publicado un artículo en la prestigiosa revista British Journal Sports Medicine, llevado a cabo por un equipo de investigadores australianos en el que, tras analizar la actividad física y el riesgo de enfermedades cardiovasculares en más de 300.000 personas, concluyen que en los grupos de menor nivel socioeconómico el sedentarismo y el riesgo de sufrir de una dolencia cardiaca es mayor.

Hasta aquí las evidencias, pero ¿se puede hacer algo? Claro que se puede, aunque llevarlo a cabo sea complejo. Es necesario que desde la Administración se implementen campañas 



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