
Por Medicina Responsable
5 de junio de 2026Las nuevas generaciones cambian los hábitos y las perspectivas tradicionales, también a la hora de tomar alcohol. De hecho, en los últimos 20 años han virado hacia un menor consumo (aunque con ingestas más abusivas en días puntuales), produciéndose una paradoja poco habitual: España es el quinto país de la Unión Europea (UE) con más abstemios (33,4%), pero a la vez ocupa la segunda posición en consumo diario, por detrás de Portugal.
Así lo demuestra la nueva Encuesta de Salud de España (ESdE2023) publicada por el Ministerio de Sanidad que ha analizado la evolución, características y determinantes del consumo de bebidas alcohólicas en la población residente en España de 15 y más años a través de 21.032 entrevistas.
Más concretamente, los resultados muestran que el consumo habitual de alcohol entre los españoles ha seguido una tendencia descendente y, en concreto, la población que afirma consumir alcohol al menos una vez por semana ha pasado del 48,4% en 2006 al 31,1% en 2023, lo que supone una reducción del 36%.
Además, se ha dado una transformación significativa de los hábitos: el consumo habitual continúa descendiendo de forma sostenida y alcanza su reducción más intensa entre la población joven, mientras persisten patrones intensivos y las desigualdades sociales y de género que requieren continuar reforzando las estrategias de prevención y promoción de la salud.
En 2023, el 31,1% de la población consumía alcohol al menos una vez por semana, frente al 48,4% registrado en 2006. Entre las personas de 15 a 24 años, la prevalencia de consumo habitual ha pasado del 43,8% al 17,9%, lo que supone una reducción cercana al 60% y la mayor caída observada entre todos los grupos de edad analizados.
Asimismo, el 33,2% de la población declara no haber consumido alcohol durante el último año, situando a España entre los países de la Unión Europea con mayor proporción de personas abstemias. Sin embargo, el informe pone de manifiesto una paradoja en los patrones de consumo: pese a contar con una de las tasas de abstinencia más elevadas de Europa, España ocupa la segunda posición en consumo diario de alcohol, solo por detrás de Portugal.
A pesar de la reducción de la prevalencia global, el informe identifica cambios relevantes en la forma de consumir alcohol. Entre las personas
consumidoras habituales, el volumen medio diario de consumo se concentra cada vez más en los fines de semana, donde llega a triplicar el registrado durante los días laborables.
Además, los episodios de consumo intensivo o binge drinking han aumentado de forma significativa durante la última década. En 2023, el 16,7% de la población declaró haber realizado algún episodio de consumo intensivo de alcohol en los últimos doce meses. Aunque este patrón continúa siendo más frecuente entre los hombres, se observa un incremento en los grupos de edad intermedia, entre los 25 y los 64 años, así como en determinados grupos de mujeres jóvenes, lo que constituye un aspecto de especial relevancia desde la perspectiva de la salud pública.
Los resultados muestran importantes diferencias según sexo, edad, nivel educativo, situación laboral y clase social. Entre los hombres, los mayores niveles de consumo y las prevalencias más elevadas de consumo de riesgo se concentran en personas con menor nivel educativo, en situación de desempleo y entre la población jubilada.
En las mujeres, por el contrario, algunos indicadores de consumo por encima de los límites de bajo riesgo y de consumo intensivo presentan prevalencias más elevadas entre aquellas con estudios superiores, ocupadas y pertenecientes a clases sociales más favorecidas. Estos resultados reflejan la existencia de perfiles de consumo diferenciados según el contexto social y el género, y ponen de manifiesto la importancia de incorporar la perspectiva de género y los determinantes sociales de la salud en las políticas de prevención y abordaje del consumo de alcohol.
En cuanto a las preferencias de consumo, la cerveza continúa siendo la bebida alcohólica predominante en la mayoría de los grupos de edad. Por su parte, el vino mantiene un mayor peso relativo entre las personas de 65 y más años, reflejando diferencias generacionales en los patrones de consumo.
Como señala el Ministerio de Sanidad, la evidencia recogida en este informe "confirma la necesidad de seguir impulsando políticas de salud pública orientadas a reducir los daños asociados al consumo de alcohol", adaptadas a los distintos perfiles poblacionales y fundamentadas en la evidencia científica, la equidad y el enfoque de determinantes sociales de la salud.