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Demasiados días sin sol: así afectan las lluvias a la salud de los españoles

El desánimo y la desmotivación, la falta de vitamina D o la dificultad para acceder a los servicios sanitarios afecta a la población más vulnerable como los pacientes crónicos o dependientes

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Demasiados días sin sol: así afectan las lluvias a la salud de los españoles

Por Medicina Responsable

11 de febrero de 2026

España ha perdido la cuenta de cúantos días lleva lloviendo. El 2026 ya se ha convertido en el más lluvioso de los últimos seis años a base de encadenar una borrasca tras otra y, por ende, de no ver el sol durante semanas en algunos lugares de la península Ibérica. De hecho, no son pocos los que empiezan a pesar que esta situación les está afectando al estado de ánimo, que se plantean acercarse a las farmacias a comprar vitamina D o que se han visto afectados directamente por los estragos de los temporales, sobre todo en zonas como Andalucía o Extremadura.

No cabe duda: tantas lluvias nos están afectando a la salud tanto física, como mentalmente. Y no parece que, a corto plazo, vaya a mejorar el tiempo. Pero, ¿de qué manera puede influirnos la meteorología en nuestro bienestar? La Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (SEMPSPGS) tiene la respuesta. "España, por su localización y características climáticas, es especialmente vulnerable a estos fenómenos, que se suman a otros riesgos climáticos, como las olas de calor y los incendios, alternancia de extremos que supone un desafío creciente para la salud de la población y para los sistemas sanitarios y sociales", explica la SEMPSPGS.

Más riesgo de accidentes graves

Para empezar, la entidad ha comenzado señalando las consecuencias directas para la salud: lesiones, ahogamientos y accidentes relacionados con arrastres de agua o daños en infraestructuras; como el fallecimiento de la mujer que se tiró al río para salvar a su perro en Málaga o las miles de viviendas anegadas por el agua. Esto podría provocar, entre otras afectaciones, el deterioro de la calidad del agua y de los alimentos, la contaminación de redes de abastecimiento y el contacto con aguas residuales incrementan el riesgo de enfermedades infecciosas, principalmente gastrointestinales.

También destaca las interrupciones en la atención sanitaria y en el acceso a tratamientos, especialmente en personas con enfermedades crónicas; por lo que aboga por ejecutar una estrategia de salud pública preventiva que asegure la continuidad asistencial y el suministro de medicamentos, intensifique la vigilancia epidemiológica tras los eventos y mejore la coordinación entre salud pública, servicios sociales y emergencias; además de informar y capacitar a la ciudadanía en la percepción del riesgo y las medidas de autoprotección. 

"España, por su localización y características climáticas, es especialmente vulnerable a estos fenómenos, que se suman a otros riesgos climáticos, como las olas de calor y los incendios, alternancia de extremos que supone un desafío creciente para la salud de la población y para los sistemas sanitarios y sociales", explica la SEMPSPGS.

Sobre salud respiratoria y cardiovascular

La humedad persistente en viviendas y edificios dañados favorece la aparición de mohos y contaminantes del aire interior, con impacto sobre la salud respiratoria y cardiovascular, y puede facilitar la proliferación de mosquitos vectores de patologías. A todo se suma un impacto relevante en la salud mental, con aumento de estrés, ansiedad y otros problemas psicológicos asociados a pérdidas materiales, desplazamientos y alteración del entorno social.

A juicio de la SEMPSPGS, todo lo citado anteriormente afecta de manera desproporcionada a mayores, población infantil, pacientes crónicos, personas con discapacidad o dependencia, ciudadanos con menos recursos y quienes residen en viviendas precarias o en zonas de riesgo, por lo que la adaptación debe incorporar medidas específicas de protección y seguimiento de estos grupos.

Por ello, aboga por integrar la salud en las políticas de adaptación climática, reforzando los sistemas de alerta temprana y la comunicación de riesgos, incorporando el riesgo climático en la planificación sanitaria y de protección civil, actualizando los mapas de inundabilidad y protegiendo las infraestructuras críticas, especialmente las sanitarias y sociosanitarias, es la receta que ha facilitado esta organización.

¿Y la ausencia del sol?

Por último, a consecuencia de la continuidad de las lluvias y los cielos nublados, nuestro organismo también sufre los estragos de la ausencia del sol: la disminución en los niveles de vitamina D.

Aunque en días lluviosos también se produce esta vitamina, el proceso es más lento y la cantidad es menor; lo que explicaría que la deficiencia es más común en los meses de invierno.

Sin embargo, durante los periodos largos de lluvia se puede compensar la falta del sol con una dieta rica en pescados grasos, huevos y alimentos fortificados; que son los que más vitamina D contienen.



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