
Por Medicina Responsable
14 de enero de 2026La polimedicación, definida como el consumo de cinco o más principios activos distintos de forma crónica durante un año, es un fenómeno estrechamente ligado al envejecimiento y, por lo tanto, muy presente en España. Su incidencia se sitúa en un 29,7% entre los mayores de 65 años, según los últimos datos del informe sobre la Utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas de 65 y más años que ha publicado el Ministerio de Sanidad.
Estas cifras las obtienen de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) correspondientes a 2023, de los que también se extrae un progresivo aumento de este fenómeno con la edad que alcanza su pico máximo en la franja de edad entre los 85 y 94 años. Así, en el grupo de 65 a 74 años, el porcentaje es del 20,5%; un 36,8% entre los 75 y 84 años; y al 44,7% entre los 85 y 94 años. En el grupo de 95 años o más, la prevalencia desciende al 30,8%.
Por sexos, las mujeres presentan una mayor prevalencia de polimedicación (30,9%) frente a los hombres (28,3%), una diferencia especialmente acusada en los tramos de edad más avanzada. Además, el informe constata diferencias entre sexos también por áreas terapéuticas, siendo las mujeres consumidoras en mucha mayor medida de medicamentos para salud ósea, tiroides, salud mental y dolor crónico; mientras que los hombres predominan en el uso de fármacos urológicos, cardiovasculares y antidiabéticos
Entre los fármacos de uso más frecuente destacan los antiulcerosos (más del 70% en todos los grupos), los antihipertensivos tipo IECA/ARA-II (entre el 55 y el 70% según edad) y los modificadores de lípidos (estatinas), aunque su uso disminuye significativamente a partir de los 95 años.
Estas cifras dan cuenta de una incidencia mucho mayor de determinadas patologías crónicas entre las personas polimedicadas que entre las que no lo son. Por ejemplo, la insuficiencia cardiaca es siete veces más frecuente, la cardiopatía isquémica, casi cinco veces más y la diabetes mellitus, tres veces más.
Ante esta realidad, desde el Ministerio subrayan la necesidad de “avanzar en estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores”. “La identificación de patrones de prescripción no justificados por la morbilidad real permite planificar intervenciones más eficaces, centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas más avanzadas”, señalan desde el Ministerio.
En el caso de los medicamentos antiúlcera péptica e hipolipemiantes, dos de los más comunes, Sanidad considera que son “susceptibles de una optimización de su uso, en tanto que se utilizan con una frecuencia superior a los diagnósticos susceptibles de ser tratados con ellos. Probablemente lo mismo puede decirse de cinco de los ATC que son utilizados por alrededor del 30-40% de la población polimedicada en algún decenio: vitamina D, antiagregantes, antidepresivos y ansiolíticos”.
El informe de Sanidad se constata también una mayor prevalencia de problemas de salud relacionados con los fármacos crónicos entre las personas polimedicadas, algo que “en cierta medida puede explicar una mayor utilización de fármacos en esta población”, destacan.