
Por Santiago Melo
24 de marzo de 2026Una investigación publicada en la revista científica PNAS pone cifras a la influencia de los vínculos negativos no se queda en lo emocional. El estudio analiza el impacto de las relaciones problemáticas, definidas como personas cercanas que “complican la vida” o generan estrés de forma recurrente, y concluye que este tipo de exposición social puede asociarse con un envejecimiento biológico más rápido y con un peor estado de salud.
Para ello, los autores trabajaron con datos de más de 2.000 adultos en el estado de Indiana, en Estados Unidos, a quienes se les realizó una encuesta de salud y red social durante seis meses. En ella, los participantes debían señalar a las personas de su entorno con las que compartían tiempo o asuntos personales y, dentro de ese círculo, identificar a quienes actuaban como fuentes habituales de tensión. Aproximadamente un 30 % reportó al menos una relación conflictiva y en torno a un 10 % señaló dos o más, lo que indica que este tipo de vínculos no es algo excepcional.
El estudio combinó esa información con biomarcadores obtenidos a partir de muestras de saliva tomadas al inicio y al final del periodo, con las que se estimó la edad biológica mediante relojes epigenéticos basados en metilación del ADN. Los resultados apuntan a un patrón consistente: cada relación “tóxica” adicional se asocia con un envejecimiento acelerado, tanto en la velocidad a la que se envejece como en la carga acumulada. En cifras, el trabajo vincula cada persona “toxica” con aproximadamente un 1,5 % más de ritmo de envejecimiento y con alrededor de nueve meses más de edad biológica.
El impacto no fue igual en todos los casos. Los autores señalan que los efectos fueron especialmente marcados cuando la persona conflictiva pertenecía a la familia, un matiz relevante porque este tipo de vínculos suele ser más difícil de cortar o poner a distancia. De hecho, en el análisis se observó que alrededor del 10 % de las relaciones padre-hijo fueron clasificadas como conflictivas, frente a una proporción menor en amistades, lo que refuerza la idea de que la exposición familiar puede ser más persistente.
Más allá del envejecimiento epigenético, el estudio relaciona un mayor número de vínculos negativos con un perfil de salud más desfavorable, incluyendo inflamación y multimorbilidad. Los investigadores interpretan estas relaciones como estresores crónicos capaces de influir en trayectorias de salud y envejecimiento, lo que abre la puerta a pensar en estrategias de intervención que reduzcan exposiciones sociales dañinas.
Los autores recuerdan, en cualquier caso, que se trata de un estudio observacional, por lo que no permite afirmar causalidad directa