
Por Nuria Cordón
20 de marzo de 2026Ángela llevaba un año esperando esa consulta. Su hija, con un problema grave de salud mental, tenía cita este jueves en psiquiatría tras meses en lista de espera. Pero al llegar al centro de especialidades de una localidad al norte de Madrid, se encontraron con una realidad distinta: el médico no estaba. Había secundado la huelga.
“La teníamos agendada desde marzo del año pasado”, explica a Medicina Responsable. “Porque psiquiatría en la Seguridad Social es un desastre y las citas son de año en año, a pesar de que el problema de mi hija es serio”.
Cuando Ángela se encontró con la consulta del médico que debía atender a su hija cerrada, lo primero que sintió fue enfado y frustración. “Un año esperando para llegar y que no la vean, y ni siquiera te avisan”. Pero eso no fue lo peor. Aunque los administrativos intentaron reagendar la cita de inmediato, el malestar de Ángela aumentó aún más. “Al preguntar cuándo podría ver el médico a mi hija, no dieron cita para marzo del año que viene”, relata. “Y, como me vieron tan enfadada, nos dijeron que intentarían adelantarla, pero no nos han prometido nada”.
El caso de Ángela no es aislado, pero tampoco puede explicarse solo por la huelga. La propia paciente lo reconoce. “Psiquiatría ya estaba saturada antes”, insiste. Según la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), España cuenta con una ratio de 9,27 psiquiatras por cada 100.000 habitantes en la red pública, muy por debajo de la media europea, que se sitúa en 20.
Aunque los datos de estos días empiezan a reflejar el impacto de los paros, en especialidades como salud mental —donde las listas de espera ya son estructuralmente largas— el efecto es más profundo. “No puede ser que esperemos un año para que el psiquiatra vea a mi hija y, ahora, por la huelga, tenga que esperar otro año”, lamenta. “Los problemas de salud mental no se solucionan solos”, añade. “Además, mi hija toma medicación que tienen que ajustar. No podemos hacerlo nosotros en casa”.
Ese es uno de los puntos más críticos en este tipo de retrasos: no se trata únicamente de una consulta aplazada, sino de un seguimiento clínico que queda interrumpido.
Pese a la situación, Ángela evita cargar contra los profesionales. “Yo entiendo que los médicos reivindiquen lo que crean necesario. Están en su derecho y deberían cobrar mucho más, porque son indispensables”, afirma.
Pero introduce un matiz que resume el conflicto de fondo: “Al final, los pacientes somos los que pagamos el pato”.
La huelga convocada por los sindicatos médicos en rechazo al nuevo Estatuto Marco firmado entre Sanidad y los sindicatos del Ámbito ha vuelto a evidenciar una tensión estructural del sistema sanitario: la dificultad de compatibilizar las reivindicaciones laborales con la continuidad asistencial en un contexto ya tensionado por la falta de profesionales y el aumento de la demanda.