
Por Medicina Responsable
13 de agosto de 2026Durante las primeras horas tras la entrada masiva de personas procedentes de África a Ceuta el pasado 30 de julio, los sanitarios de la ciudad tuvieron una sensación parecida a la que vivieron en la pandemia de Covid-19. "Era como recordar aquel año 2020, con la impotencia de no tener recursos para frenar una catástrofe de una magnitud inmensa", expresaban algunos profesionales a Medicina Responsable por aquel entonces.
Sin embargo, dos semanas después, las emociones siguen a flor de piel, tanto en los expertos de la salud como en la población en general, porque la normalidad aun está lejos de llegar a la ciudad. El goteo de imágenes en los telediarios es constante: jóvenes que admiten tener miedo al ir comprar el pan, comerciantes que todavía recuerdan los asaltos de los primeros días o incluso una mujer que rompió a llorar ante la ministra de Defensa, Margarita Robles. "Vivo sola porque estoy viuda, apenas he descansado y he cogido un cuchillo para dormir, he cerrado las ventanas...", relataba.
Y es que, como advierten los psicólogos, prolongar una situación de excepcionalidad puede acarrear problemas graves de salud mental. "La respuesta inicial es el miedo, la inseguridad, la desprotección o la ansiedad y el bloqueo". Es lo que el Colegio Oficial de Psicología de Ceuta (COPCE) denomina "reacciones que se consideran comprensibles ante eventos extraordinarios". Pero la realidad ahora es otra: "La próxima pandemia será de salud mental como no cambien las cosas", advierte el presidente del Colegio de Médicos de Ceuta, Enrique Roviralta.
Como confirma el COPCE, "la prolongación de estas circunstancias en el tiempo" puede derivar en la aparición de síntomas como problemas de concentración y para coger el sueño, agotamiento mental, tristeza o cambios repentinos de humor. "Estas impactan en los entornos familiar, laboral y social, dificultando las relaciones cotidianas e incrementando la conflictividad", avisan los expertos, poniendo especial énfasis en las personas que ya presentaban sintomatología previa, "que requieren especial vigilancia".
En este sentido, Roviralta destaca: "Imagínese a una persona con un cuadro depresivo o de ansiedad que no puede salir de su casa... Con esta situación empeoraría drásticamente. O incluso los niños, que en pleno verano no salen a jugar a las calles... Hay gente que se está yendo de Ceuta porque es un estrés". Además, destaca la delicada situación de las personas mayores o con patologías crónicas que tienen miedo de salir de casa por no contraer enfermedades infecciosas, algo que los especialistas también han querido visibilizar.
Por todo ello, los especialistas han emitido una alerta inequívoca: "La región se encamina hacia una crisis de salud mental severa". Estos sostienen que el impacto se puede cuantificar de manera directa en el desgaste de los recursos humanos de la ciudad.
"Los sanitarios, las fuerzas de seguridad, los educadores y el personal de asistencia social operan bajo niveles de estrés agudo, con jornadas prolongadas y exposición continua a situaciones límite", explica. Además, el hecho de que la población migranter sea extremadamente vulnerable y esté expuesta a riesgos físicos, violencia y desarraigo "eleva drásticamente la incidencia de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)".
Otro aspecto que destaca el COPCE es el "efecto latencia" de la crisis, que provocará que el recuerdo a largo plazo se asemeje al de la pandemia de Covid-19. Así lo explica: " Durante la fase aguda de una emergencia, el individuo activa mecanismos biológicos y cognitivos de supervivencia. La hipervigilancia y la focalización exclusiva en las necesidades inmediatas de seguridad enmascaran el deterioro psicológico. Pero las verdaderas patologías afloran en la fase de asimilación o post-crisis".
En este sentido, hace hincapié en que los equipos sanitarios están especialmente expuestos a este tipo de sintomatología debido a la alta presión asistencial que deben soportar, las horas de trabajo que llevan alargándose desde el pasado 30 de julio y la dimensión humana de su labor, que también cala en el plano emocional.
"La sensación que tenemos es nefasta. Llevamos muchos días trabajando por encima de nuestras posibilidades y nos sentimos desamparados. A pesar de nuestro esfuerzo, vemos que no hay ningún auxilio del Gobierno", explica a Medicina Responsable Rosa María Fuentes Rosas, presidenta del Colegio de Enfermería de Ceuta. Por su parte, Roviralta relata: "Una compañera, también facultativa, me decía que sale desesperada del trabajo, exhausta, y luego le da miedo salir a sacar a los perros por su barrio".
En este sentido, el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Tomás Cobos, tras viajar a Ceuta y reunirse con Roviralta ha reiterado la necesidad de proteger a los trabajadores de la salud: “La solidaridad y la vocación de nuestros médicos no son un recurso ilimitado. Una cosa es responder con esfuerzo ante una emergencia puntual y otra es hacer del sobreesfuerzo de una plantilla exhausta el mecanismo habitual para sostener el sistema sanitario”.