
Por Nuria Cordón
28 de abril de 2026La huelga médica nacional ha entrado en su tercera semana con las negociaciones prácticamente bloqueadas y sin señales de acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y los sindicatos convocantes. Sobre la mesa, las reivindicaciones están claras: un estatuto propio para los facultativos, cambios en la jornada laboral, una nueva regulación de las guardias, mejoras retributivas y una reclasificación profesional acorde a la formación y responsabilidad.
Pero más allá del pulso institucional y de las mesas de negociación, la realidad dentro de los hospitales es más compleja. No todos los médicos comparten las mismas prioridades ni se ven igual de afectados por las reivindicaciones, lo que introduce matices en la forma en la que cada uno vive estas jornadas de paros. “No hay una unidad dentro del colectivo médico”. Así resume un médico internista de un hospital madrileño la situación de los médicos, generada por la heterogeneidad de un colectivo que comparte diagnóstico, pero no siempre las soluciones.
El punto de partida del debate está en el sistema retributivo. “El sueldo de un médico depende de dos cosas: la nómina y las guardias”, explica el médico a Medicina Responsable. Estas últimas suponen entre un 30% y un 40% del salario, pero “no se pagan como horas extraordinarias, sino como horas de atención continuada” (más baratas) y, además, “no influye para la jubilación”.
A partir de ahí, el consenso desaparece. Según el doctor, “hay una parte del colectivo que lo que dice es: ‘Anulemos las guardias de 24 horas’, principalmente los médicos más jóvenes, que por su forma de ver la vida están dispuestos a perder un 30-40%”. En el extremo contrario, los profesionales de mayor edad mantienen otra lógica: “No quieren perder un 40% y cobrar menos de lo que cobraban hace una década”, lo que les lleva a seguir haciendo guardias incluso en etapas avanzadas de su carrera, por encima de los 55 años, cuando por ley ya no estarían obligados.
El resultado es un modelo que, lejos de unir, divide al colectivo.
Pero esta fragmentación del colectivo no es solo generacional. También depende de la especialidad y del tipo de actividad. Según recuerda el médico, “hay especialidades que no hacen guardias”, como dermatología o anatomía patológica, lo que deja fuera a parte del colectivo de este debate.
A ello se suma otro eje de diferencias: las llamadas “peonadas”, actividad extraordinaria por las tardes para reducir listas de espera quirúrgicas. “Fundamentalmente son los cirujanos (traumatólogos, ginecólogos...)”, apunta el doctor, que lo que reclaman es que se paguen mejor.
Sin embargo, para otros perfiles —como internistas o médicos de Atención Primaria— esta reivindicación es ajena, lo que añade una nueva capa de divergencia dentro del colectivo.
Una de las principales reivindicaciones de los sindicatos médicos, junto con la creación de un Estatuto Propio, es una jornada ordinaria de 35 horas semanales de 8 a 15 horas. Las horas que superen esta jornada ordinaria se considerarían exceso de jornada y se retribuirían por encima de la hora ordinaria máxima y computando para jubilación. Incluso, en algún momento de la negociación, se habló de sustituir las guardias de 24 horas por turnos de 12 horas. Sin embargo, según este facultativo, aquí el problema no es solo organizativo, sino estructural: “¿Quién va a trabajar de 8 de la tarde a 8 de la mañana?”, plantea.
La clave, explica, está en la falta de médicos. “No tenemos paro, no hay nadie para contratar”. Esto impide reorganizar los turnos sin generar nuevos problemas. Además, advierte de las consecuencias que podría tener ese modelo en la práctica. “Te puedes meter en un ciclo de estar trabajando de noche toda la semana”, señala, en referencia a la posibilidad de que determinados profesionales acaben encadenando turnos nocturnos ante la falta de personal suficiente.
A ello se suma el rechazo de parte del colectivo a asumir esas condiciones. “Antes de hacer de 8 de la tarde a 8 de la mañana, me voy a la privada”, afirma.
Por todo ello, considera que la administración difícilmente aceptará una reforma de este tipo: “La administración nunca va a dar su brazo a torcer”, ya que debe garantizar la atención sanitaria continua.
La falta de una posición común también se refleja en el seguimiento del paro, que varía de forma notable entre servicios. “En mi servicio somos diez y esta semana hacen huelga sólo dos”, explica, evidenciando que la movilización no es homogénea.
No se trata, en su opinión, de falta de motivos para protestar. “Hay motivos para hacer una huelga sobrados”, reconoce. Sin embargo, introduce un matiz clave: “El planteamiento inicial es erróneo”. Desde su perspectiva, el problema de fondo no está tanto en las guardias en sí, sino en la estructura del salario. “Lo que tienes que hacer es que aumente tu salario base”, defiende, para evitar que los médicos dependan de las guardias para mantener su nivel de ingresos.
Mientras tanto, el pulso entre el Ministerio de Sanidad y los sindicatos médicos continúa sin avances claros. Desde las comunidades autónomas se ha insistido en la necesidad de que ambas partes acerquen posturas para evitar que el conflicto se prolongue y siga impactando en la actividad asistencial, con miles de consultas, pruebas e intervenciones afectadas en las últimas semanas.
Sin embargo, más allá del bloqueo en la negociación, la realidad que emerge dentro de los hospitales introduce un elemento adicional de complejidad: la falta de una posición común entre los propios médicos. Una división interna que no solo condiciona el seguimiento de la huelga, sino que también dificulta la búsqueda de una salida compartida. Porque, como resume este médico internista, el problema no es solo qué cambiar en el sistema, sino cómo hacerlo: “Hay consenso en que existen problemas importantes, pero no en cómo solucionarlos”.