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Los peligrosos efectos del consumo de bebidas energéticas en menores

Este tipo de productos pueden crear dependencia y tolerancia, lo que hace que quieran consumir más y en mayor cantidad

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Los peligrosos efectos del consumo de bebidas energéticas en menores
Freepik

Por Andrea Rivero

17 de octubre de 2023

Las bebidas energéticas tienen una significativa aceptación entre los niños y adolescentes y la percepción del riesgo asociado a su consumo es muy baja, incluso entre los padres y cuidadores. Esto es algo muy peligroso, ya que los efectos perjudiciales para la salud están demostrados y es lo que ha llevado a la Xunta de Galicia a tomar la decisión de prohibir su venta a menores de edad en 2024. En este sentido, la pediatra del Centro Creciendo de Madrid, Carolina Imedio, nos da las claves para comprender la importancia de la medida que ha tomado esta región. 

La clave principal está en que estas bebidas suelen contener mucha cafeína, el equivalente a entre una y cuatro tazas de café, dependiendo de la marca y del tamaño de la lata. Además, a esto hay que sumarle que, en ocasiones, también contienen otros ingredientes cuya seguridad no se ha evaluado en la población infantil, como la guaraná o la taurina. “Algunos de los efectos adversos que se conocen son el insomnio y la reducción de la duración y calidad del sueño. Por otro lado, los efectos cardiovasculares que presenta son la taquicardia, el aumento de la tensión arterial y las arritmias, mientras que los neurológicos y psico-comportamentales son las cefaleas, el nerviosismo, la irritabilidad, la ansiedad, los ataques de pánico, las alucinaciones, las convulsiones y las conductas de riesgo. Y, por último, problemas digestivos como vómitos y diarrea”, explica la doctora Imedio. 

Un consumo regular de estos productos también puede causar dependencia y tolerancia, es decir, la necesidad de consumir una dosis cada vez mayor para conseguir el efecto deseado. Además de estos efectos, no podemos olvidar que estas bebidas, salvo las zero o light, contribuyen a exceder la ingesta diaria recomendada de azúcares simples, favoreciendo el sobrepeso, la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. “También es importante recordar que es habitual combinar su consumo con alcohol”, añade la pediatra y, ”al enmascarar los efectos depresores del alcohol, como el cansancio o el sueño, se puede consumir más alcohol, siendo el riesgo de intoxicación etílica mayor”.

Normativa nacional

Los expertos llevan años alertando sobre los efectos perjudiciales de estas bebidas para la salud, sobre todo en los más jóvenes, y el creciente aumento de su consumo pone en evidencia la necesidad de buscar soluciones. Según la doctora Imedio, “esto nos lleva a la necesidad de buscar estrategias para limitar su consumo y minimizar los riesgos sobre la salud de los niños y adolescentes. Entre estas medidas, están implementar programas educativos para aumentar la conciencia del riesgo, pero también la adopción de políticas que regulen y acoten su consumo, igual que se hace con el tabaco o el alcohol”. Tal y como recalca la pediatra, es nuestra obligación proteger la salud de los menores.



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