
Por Medicina Responsable
18 de octubre de 2026Aunque la menopausia suele asociarse a los sofocos o las alteraciones del sueño, los cambios hormonales también pueden influir en el funcionamiento del cerebro. Es lo que habitualmente se conoce como “niebla mental”, una sensación de falta de claridad que puede manifestarse a través de pequeños despistes, dificultades de concentración o una mayor lentitud para procesar información.
¿Por qué aparece? ¿Cómo puede repercutir en el día a día? ¿Qué medidas pueden ayudar a reducir su impacto?
Durante la perimenopausia (el periodo de transición en el cuerpo de la mujer que conduce a la menopausia), los niveles de estrógenos comienzan a fluctuar. Estas hormonas, además de intervenir en la función reproductiva, desempeñan un papel importante en procesos cerebrales relacionados con la memoria, la atención, el estado de ánimo y la regulación del sueño.
La doctora Mercè Boada, neuróloga y directora científica de MyBrain, explica que “el cerebro participa plenamente en esta transición y es extraordinariamente sensible a los cambios hormonales que se inician durante la perimenopausia”.
Esta relación ayuda a comprender por qué algunas mujeres perciben cambios cognitivos incluso antes de la desaparición definitiva de la menstruación. Además, factores como los sofocos nocturnos, la falta de descanso o el estrés pueden intensificar estas dificultades, por lo que no siempre responden únicamente a las fluctuaciones hormonales.
Para muchas mujeres, estas dificultades coinciden con una etapa de intensa actividad profesional y responsabilidades familiares. En este contexto, perder el hilo durante una reunión, olvidar un compromiso o necesitar más tiempo para completar una tarea puede generar frustración e inseguridad, especialmente cuando se interpreta como una pérdida de capacidad o rendimiento.
Más allá de las dificultades prácticas, la niebla mental también puede afectar a la confianza personal y profesional. Comprender que estos cambios pueden estar relacionados con la transición menopáusica ayuda a contextualizarlos y a buscar estrategias para gestionarlos, sin asumir que forman parte inevitable del envejecimiento.
Introducir pequeños cambios en los hábitos y en la organización cotidiana puede ayudar a gestionar las dificultades cognitivas durante esta etapa. Los expertos recomiendan priorizar el descanso de calidad, manteniendo horarios regulares y favoreciendo un entorno adecuado para dormir. También, aconsejan reducir la multitarea y organizar las actividades, mantenerse físicamente activa, gestionar el estrés e incorporar pausas, estimular el cerebro y cuidar las relaciones sociales.
“Muchas mujeres tienden a normalizar el cansancio mental o las dificultades de concentración porque consideran que forman parte de la menopausia. Sin embargo, es importante prestar atención a estos cambios, identificar cómo afectan al día a día y revisar aspectos como el descanso, el estrés o los hábitos cotidianos. No se trata de alarmarse ante cada olvido, sino de reconocer cuándo necesitamos apoyo profesional” explica Anna Calvet, enfermera de MyBrain.
Aunque la niebla mental puede aparecer durante la transición menopáusica, no todos los olvidos deben atribuirse automáticamente a los cambios hormonales. Estas dificultades suelen ser fluctuantes y no implican necesariamente la existencia de un deterioro cognitivo.
La doctora Boada destaca la importancia de distinguir entre los problemas de atención y los de memoria. Cuando una persona está cansada, distraída o pendiente de múltiples estímulos, puede no registrar adecuadamente determinada información y tener después la sensación de haberla olvidado. En cambio, las dificultades de memoria pueden aparecer incluso cuando se ha prestado atención a aquello que se desea recordar. Por ello, si los olvidos son persistentes, progresivos o empiezan a interferir significativamente en las actividades habituales, es recomendable consultar con un profesional para identificar su posible origen.
“La menopausia es una etapa de cambios en la que también debemos prestar atención a la salud cerebral. Comprender qué está ocurriendo, cuidar nuestros hábitos y buscar apoyo cuando lo necesitamos puede ayudarnos a afrontar esta transición con mayor tranquilidad y bienestar”, concluye la doctora.