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Morderse las uñas: cuando un hábito "feo" es clave para nuestra supervivencia

Alrededor del 20-30% de la población lo hace de forma habitual, especialmente cuando está sometida a estrés

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Morderse las uñas: cuando un hábito "feo" es clave para nuestra supervivencia
Freepik

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

29 de enero de 2026

¿Te muerdes las uñas? No te preocupes, no estás solo. Alrededor del 20-30% de la población lo hace de forma habitual, especialmente cuando está sometida a estrés. Lo que muchos ven como un tic nervioso o mala costumbre podría ser, sorprendentemente, un mecanismo de supervivencia heredado de nuestros antepasados. Sí, esa manía que tu madre intentaba corregir con guantes o pintauñas amargo tiene raíces evolutivas profundas que nos ayudaron a sobrevivir durante miles de años.

En la Prehistoria, sin herramientas modernas, sin manicura francesa, nuestros ancestros cazadores-recolectores vivían en un mundo feroz donde cada centímetro cuadrado de piel era territorio vulnerable a infecciones. Las uñas largas acumulaban suciedad, parásitos y bacterias. Morderlas era una forma primitiva, pero efectiva, de higiene personal, una forma natural que mantenía las manos limpias y funcionales para cazar, trepar o defenderse.

Desde la antropología evolutiva la onicofagia no es un trastorno moderno, sino una adaptación. Algunos estudios sugieren que mantener uñas cortas era vital para alargar la supervivencia, las uñas largas podían causar infecciones letales en un mundo sin antibióticos. 

En el año 2015 un estudio de la Universidad de Pensilvania analizó este comportamiento en primates: los chimpancés y los bonobos mastican sus uñas en cautiverio para mantenerlas limpias, un eco de lo que hicimos nosotros. En los humanos el 50% de niños lo hacen antes de los 10 años y el hábito persiste en adultos sometidos a presión. No es casualidad: el estrés activa el sistema nervioso parasimpático y morder uñas libera endorfinas, calmándonos como un ritual ancestral de autoconservación.

Hoy, con cortaúñas y con jabones antibacterianos el hábito colisiona con las normas sociales más básicas. La onicofagia se asocia a ansiedad y la Organización Mundial de la Salud la clasifica como Trastorno de Conducta de Cuerpo, un epígrafe en donde también incluye tirarse el pelo.

 



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