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Día Mundial contra el Cáncer

“Una parte muy importante del cáncer se puede prevenir”: el papel del metabolismo y los hábitos saludables

Cuatro de cada diez tumores son atribuibles a factores modificables como el alcohol, el tabaco o la obesidad, pero en su aparición también influyen aspectos como el estrés

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“Una parte muy importante del cáncer se puede prevenir”: el papel del metabolismo y los hábitos saludables
Los doctores Pere Gascón y José María Martín-Moreno

Por Juan García

4 de febrero de 2026

Con unas tasas de incidencia crecientes y ante un panorama esperanzador en materia de innovaciones terapéuticas, uno de los grandes retos en el abordaje del cáncer es ir más allá del paradigma puramente asistencial para anticiparse a su aparición. La evidencia científica pone cada vez más de manifiesto que, en muchos casos, se origina por factores y hábitos evitables. En concreto, según un estudio publicado por la revista Nature Medicine, hasta el 40% de los tumores se deben a factores modificables, entre los que destaca el tabaco, el alcohol, las infecciones y la obesidad.

Este es uno de los mensajes centrales que también ha puesto de manifiesto el renovado Código Europeo contra el Cáncer (ECAC5) y que el Coordinador de Políticas Sanitarias Europeas y Globales de la Fundación para la Calidad y la Excelencia en la Oncología (ECO), como miembro del comité científico que lo ha aprobado, el doctor José María Martín-Moreno, resume de la siguiente manera: “Una parte muy importante del cáncer se puede prevenir con lo que ya sabemos”. En declaraciones a este medio, destaca que la apuesta por la prevención “no es solo responsabilidad individual”, sino que a nivel institucional resalta la necesidad de adoptar medidas y políticas en este sentido.  

Para Martín-Moreno hay una combinación de hábitos de vida que ejerce como “motor” principal del cáncer evitable: tabaquismo, consumo de alcohol y la confluencia de mala alimentación con ausencia de actividad física. Ejemplos como la relación entre el cáncer de pulmón y el tabaquismo o la radiación solar y el melanoma son harto conocidos para la opinión pública, pero también existen otros casos que destaca: “En cuanto al alcohol, uno de los mensajes que más cuesta asumir socialmente es su relación con el cáncer de mama, además de otros como los de cavidad oral, faringe, esófago o hígado. En el caso del exceso de peso y el sedentarismo, el efecto se ve con fuerza en cáncer colorrectal, en mama tras la menopausia y en endometrio”. Además, enumera algunas de las principales sustancias cuya exposición favorece el cáncer, como el gas radón, la sílice, diésel o el benceno.

Frente a ello, el especialista en medicina preventiva tiene claras las principales medidas a adoptar: control del tabaco, regulación del alcohol, promoción de alimentación saludable, actividad física, protección frente a radiación ultravioleta, reducción de contaminación del aire, medición y limitación de la exposición al radón y otros carcinógenos, así como programas de vacunación y cribado bien diseñados.  

La apuesta por la prevención, no obstante, subraya que es una estrategia a largo plazo, pues sus efectos no se empiezan a notar “de hoy para mañana”, sino que se empiezan a notar “con décadas de retraso”.  A este respecto, subraya que la sensibilización y concienciación desempeña un papel fundamental: "No basta con tener la evidencia: hay que conseguir que llegue y funcione".

Descifrando el cáncer: de la revolución genética a la comprensión del metabolismo

La identificación de factores genéticos que favorecen la aparición de numerosos tipos de cáncer ha sido, desde los años 70 del siglo pasado, una de las grandes revoluciones científicas en materia de investigación oncológica. Aunque esta línea de investigación ha contribuido enormemente a descifrar los mecanismos de proliferación de los tumores y entender mejor la enfermedad para saber cómo atacarla, ha dejado a ojos de parte de la opinión pública la visión del cáncer como una cuestión de genética frente a la que solo se pueden aplicar remedios curativos. Sin embargo, en pleno 2026 la evidencia científica resalta la importancia de trasladar un mensaje diametralmente opuesto: el cáncer se puede prevenir.  

Ya desde comienzos de este siglo, la exploración de las huellas biológicas del cáncer ha permitido esclarecer mejor cómo se desarrolla esta enfermedad. Para el doctor Pere Gascón, fundador y vicepresidente de la Fundación ECO, las evidencias acumuladas en los últimos años están propiciando un cambio de paradigma en la visión de la enfermedad hacia una perspectiva “global e integradora, donde la genética sería el marcador final”. Es decir, que los genes son el último eslabón en un proceso que culmina con la diseminación de células cancerosas y que se puede atajar en diversos frentes antes de que sea demasiado tarde.

“Nadie duda que una de las características del cáncer es sus alteraciones, inestabilidad y aberraciones genéticas que hacen que crezca. Pero a esto se llega como un punto final. El cáncer es un proceso”, explica en conversación con Medicina Responsable este especialista en oncología médica y hematología con una dilatada carrera científica y clínica. Gascón subraya que la visión del cáncer como enfermedad de origen metabólico se explica por un elemento fundamental en la estructura de la célula: la mitocondria. Este orgánulo ejerce como fuente de energía celular, de manera que cuando se produce una disfunción que genera inestabilidad que propicia la aparición de las mutaciones que, al reproducirse, dan lugar al cáncer.  

Estrés y obesidad: inflamación que debilita las defensas frente al cáncer

El proceso de desarrollo del cáncer comienza cuando, ante una mutación defectuosa de determinadas células, el sistema inmunológico no funciona como debería y permite que se propaguen por el organismo estas células malignas. Y aquí hay un elemento determinante que permite al cáncer burlar el sistema inmunitario: la inflamación crónica. Esta inflamación ejerce como “terreno abonado” para el cáncer, proporcionándole a esas células un canal para su difusión. Como respuesta defensiva a la inflamación, el cuerpo reacciona suministrando sangre al foco de inflamación a través del proceso denominado angiogénesis, es decir, creación de nuevos vasos sanguíneos. Ahí comienza el “gran problema”, explica el doctor, porque el propio cuerpo “engañado” empieza a generarle al cáncer el ambiente para propagarse. “Un órgano sin inflamación no genera metástasis”, apunta.  

Las causas de esa inflamación pueden ser diversas y, de nuevo, resaltan las vías sobre las que se puede actuar para prevenir el cáncer. La literatura científica tiene ampliamente documentado cómo esa inflamación que propicia el cáncer se puede originar por no tratar infecciones como Helicobacter pylori o la hepatitis B y C o el virus del papiloma humano, pero esta inflamación también puede ser fruto del estrés crónico, que se sabe que es un agente que lleva al cerebro a liberar sustancias inflamatorias.   
La inflamación provocada por el exceso de grasa corporal, especialmente en el abdomen, también se sabe que está detrás del cáncer. Según datos respaldados por la Sociedad Española de Oncología Médica, la obesidad ya es el segundo factor de riesgo evitable que más casos de cáncer provoca, solo por detrás del tabaquismo.  

El oncólogo destaca que dieta y ejercicio son elementos fundamentales en la prevención del cáncer, en tanto que descuidar estos hábitos genera ese “terreno abonado” que debilita las defensas. “La microbiota intestinal controla el 70% de nuestras defensas, por lo que cada vez vemos más investigaciones sobre qué comer para equilibrar el tubo digestivo”, subraya el doctor.

Todas estas evidencias coinciden en subrayar un aspecto que recalcan expertos y profesionales sanitarios: aunque los genes tienen mucho que ver, no todo está escrito en el ADN y en nuestras manos tenemos mucho por hacer para evitarlo.  
 



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