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Maternidad en silencio: las barreras que afrontan las mujeres sordas durante el embarazo y el parto

La falta de accesibilidad comunicativa puede generar aislamiento, indefensión e incertidumbre en una etapa en la que comprender y ser comprendida resulta esencial

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Maternidad en silencio: las barreras que afrontan las mujeres sordas durante el embarazo y el parto
Freepik

Por Nuria Cordón

12 de junio de 2026

¿Está bien mi bebé? Esta es una de las preguntas que más veces se repiten durante un embarazo. La hacen mujeres de todo el mundo en ecografías, consultas y revisiones médicas. Y para obtener la respuesta necesitan algo tan sencillo y esencial como poder comunicarse con quien tienen delante.

Hay momentos en la vida en los que la comunicación deja de ser un detalle para convertirse en una necesidad vital, y un embarazo, una urgencia médica o un parto son algunos de ellos.

En esos escenarios, comprender qué está ocurriendo, qué decisiones se están tomando o qué riesgos existen forma parte de la propia atención sanitaria. Sin embargo, para muchas mujeres sordas, acceder a esa información sigue siendo un desafío cotidiano.

No se trata únicamente de una barrera lingüística. Cuando una paciente no puede comunicarse directamente con los profesionales que la atienden, la autonomía se reduce, la incertidumbre aumenta y aparecen sentimientos de aislamiento, indefensión y miedo. Y cuando eso ocurre durante un embarazo o un parto, momentos de especial vulnerabilidad física y emocional, las consecuencias van mucho más allá de la incomodidad. Afectan a la forma en que se vive la maternidad, a la capacidad de tomar decisiones informadas y, en algunos casos, incluso a la propia seguridad de la paciente.

Belén conoce bien esa realidad. Durante sus dos embarazos necesitó la ayuda de intérpretes de Lengua de Signos Española (ILSE) para poder acudir a las consultas médicas. Sin embargo, conseguir ese apoyo no siempre fue sencillo. Aunque el servicio está financiado con fondos públicos donde ella reside, en la Comunidad de Madrid, la escasez de profesionales obliga a solicitarlo con semanas de antelación. “Si me dan una cita para la semana siguiente, tengo que cancelarla porque sé de antemano que no voy a conseguir intérprete”, explica.

La alternativa es acudir igualmente a la consulta y confiar en la capacidad del profesional para hacerse entender a través de notas escritas, gestos o aplicaciones de traducción improvisadas.

Las dificultades aumentan todavía más en las urgencias. En esos momentos, la comunicación suele depender de teléfonos móviles, papel y bolígrafo. “Tendré que escribir en el móvil o en papel, aunque esté de parto o en una situación crítica”, explica.

Un parto con dolor, y no solamente físico

Su primer parto dejó una huella en Belén que aún recuerda con dolor. “Durante el expulsivo la matrona que me atendió no hizo ningún esfuerzo por comunicarse conmigo. No me avisó de nada de lo que iba a hacer: coserme, cortar el cordón o extraer la placenta manualmente”, recuerda.

La situación se complicó y tuvo que ser trasladada al quirófano. Allí la comunicación desapareció por completo. Sin móvil, sin papel y rodeada de profesionales desconocidos, vivió uno de los momentos más vulnerables de su vida sin entender qué estaba ocurriendo a su alrededor. “Además de sufrir la falta de información, estaba separada de mi recién nacido”, explica.

Su segundo parto fue diferente. Antes de ingresar explicó al personal sanitario lo que había vivido la primera vez. Aunque la intérprete que había solicitado volvió a ser denegada, el equipo hizo un esfuerzo consciente por comunicarse con ella. “El trato fue bueno y respetuoso durante todo el proceso”, recuerda.

Historias como la de Belén son las que llevaron a la ginecóloga Irene Coronado, del Hospital Infanta Cristina de Parla, en Madrid, a impulsar una unidad específica para mujeres sordas en su propio centro hospitalario.

La idea surgió tras atender en urgencias a una paciente que acudió acompañada por una familiar que ejercía como intérprete improvisada. “Me di cuenta de que lo que yo quería transmitirle no era lo mismo que le llegaba a ella y que lo que ella quería contarme tampoco era lo mismo que me llegaba a mí”, explica la especialista.

Cuando consiguió comunicarse directamente con la paciente en lengua de signos aparecieron preocupaciones y problemas que hasta entonces no habían aflorado. “Empezaron a salir conflictos médicos, psicológicos y sociales que no habían aparecido antes”, recuerda.

Aquella experiencia le hizo comprender que la falta de accesibilidad comunicativa no es únicamente una cuestión de comodidad o inclusión, sino también de calidad asistencial y seguridad clínica.

Con esa realidad en mente nació la unidad específica para mujeres sordas del Hospital Infanta Cristina. El objetivo era sencillo: que las pacientes pudieran recibir atención ginecológica y obstétrica en su propia lengua. “Queríamos que una mujer sorda pudiera tener un lugar donde supiera que la van a atender en lengua de signos”, explica.

Aunque el proyecto todavía está dando sus primeros pasos, la respuesta de las pacientes ha sido inmediata. “Están encantadas. Cuando llegan a consulta y encuentran a una médica que les habla directamente, sin intérpretes ni acompañantes, se sienten escuchadas”.

Un sistema pensado para pacientes oyentes

La película Sorda, dirigida por Eva Libertad, ha contribuido recientemente a visibilizar una realidad que muchas mujeres viven desde hace años: la sensación de afrontar el embarazo y la maternidad en un entorno diseñado para quienes pueden oír.

Pero para la doctora Coronado, el problema no es la sordera. El problema es que el sistema sanitario no siempre está preparado para comunicarse con estas pacientes. “Muchas veces tienen que interpretar lo que está ocurriendo a partir de lo que ven o de cómo reaccionan los profesionales", explica.

La especialista recuerda que durante el embarazo y el parto se toman decisiones que exigen una comunicación inmediata y precisa. Una cesárea urgente, un parto instrumental o unas simples indicaciones sobre cuándo empujar y cuándo detenerse pueden marcar el desarrollo del nacimiento. “Si esa información no llega, puede tener consecuencias físicas y psicológicas”, advierte.

La Organización Mundial de la Salud considera la comunicación efectiva uno de los pilares de una atención sanitaria respetuosa y centrada en el paciente. Sin ella, aumentan la incertidumbre, el miedo y la sensación de indefensión. Además, la falta de accesibilidad no termina en el paritorio. Según explica la ginecóloga, algunas mujeres retrasan consultas o vuelven varias veces porque no han comprendido bien el diagnóstico o el tratamiento recibido. “Algunas lo verbalizan claramente: esperan más tiempo para consultar porque piensan que 'no me van a entender'”.

Para la especialista, los beneficios de una comunicación directa también se reflejan en la práctica clínica. Recuerda especialmente el caso de una mujer sorda a la que atendió durante un parto sin epidural. “No le dio tiempo a ponerse la epidural y fue un parto muy controlado”, explica.

La ginecóloga cree que el hecho de poder comunicarse con ella en lengua de signos permitió transmitir de forma precisa las indicaciones necesarias durante el expulsivo. “Se pudieron dirigir los pujos correctamente y no se produjo ningún desgarro”.

Aunque evita establecer una relación directa de causa y efecto, considera que la comunicación contribuyó a que la paciente afrontara el proceso con mayor tranquilidad y comprensión de lo que estaba ocurriendo. “Cuando entiendes qué está pasando y qué te están pidiendo en cada momento, también tienes más capacidad para participar activamente en tu propia atención”.

Al final, detrás de cada embarazo, de cada consulta y de cada parto hay una necesidad que trasciende cualquier diagnóstico: la necesidad de comprender y de ser comprendida.



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