
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
24 de septiembre de 2026El turismo psicodélico se ha consolidado en la última década como un fenómeno global en plena expansión. Este movimiento desplaza a miles de personas desde países occidentales hacia destinos donde el uso de sustancias que alteran la conciencia es legal, está tolerado o se mueve en un limbo regulatorio.
Dentro de este mapa de peregrinaje espiritual y médico, la ibogaína ocupa un lugar único y sumamente polarizante. A diferencia del turismo de ayahuasca en la selva amazónica o de los hongos psilocibios en los estados del sur de México, que suelen buscar la introspección o la sanación espiritual, el turismo de ibogaína está impulsado por una motivación drástica y urgente.
Y es que la ibogaína se utiliza principalmente para la interrupción de adicciones severas y el tratamiento del síndrome de abstinencia de sustancias con alto poder adictivo, como heroína, metadona, fentanilo o crack.
En el caso del fallecimiento de Presley Garber -el hijo de Cindy Crawford- se había sometido a un tratamiento experimental con ibogaína con el fin de combatir su adicción severa a los opioides.
El auge de los viajes para consumir ibogaína se nutre directamente de las estrictas prohibiciones vigentes en los países de origen de los usuarios. En los Estados Unidos, por ejemplo, la ibogaína está catalogada como una sustancia de la Lista I, lo que significa que el gobierno la considera desprovista de valor médico y con un alto potencial de abuso. En Europa la falta de aprobación por parte de agencias como la AEMPS en España o la EMA a nivel continental bloquea cualquier acceso a través de los canales de salud pública.
Los destinos principales se concentran en países como México (particularmente en zonas como Cancún y Baja California), Costa Rica, Colombia y Sudáfrica. En estos lugares clínicas privadas operan bajo un marco de tolerancia o mediante licencias generales de centros de bienestar, atrayendo a una clientela internacional dispuesta a pagar miles de dólares por tratamientos rápidos de una o dos semanas.