
Por Medicina Responsable
23 de septiembre de 2026Presley Gerber, hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber, murió el pasado 20 de septiembre, a los 27 años, en un centro de rehabilitación de Santa Mónica (California). La Policía investiga el fallecimiento como una posible sobredosis, aunque el Departamento del Médico Forense del Condado de Los Ángeles todavía no ha determinado la causa y mantiene pendientes pruebas adicionales.
El joven había hablado públicamente sobre sus problemas de adicción y los tratamientos a los que había recurrido. En marzo de este año, seis meses antes de su muerte, viajó a Cancún (México) para someterse a un tratamiento con ibogaína. Según han recogido medios mexicanos, Gerber acudió a Beond Ibogaine, un centro privado que ofrece programas con esta sustancia.
Antes de recibir lo que él mismo describió en Instagram como una "Ibogaine Flood Dose", Gerber reconoció estar "absolutamente aterrorizado" ante el procedimiento. Por el momento, no existe información pública que relacione aquel tratamiento con su fallecimiento.
¿Qué es la ibogaína?
La ibogaína es un alcaloide psicoactivo presente en Tabernanthe iboga, un arbusto africano. Desde hace años se investiga su posible aplicación en los trastornos por consumo de sustancias, especialmente por sus efectos sobre el deseo de consumir y los síntomas de abstinencia.
Una revisión publicada en 2026 en Addiction, revista científica especializada en adicciones, recoge resultados de estudios observacionales y ensayos clínicos todavía limitados que apuntan a una reducción del deseo de consumir y de los síntomas de abstinencia en personas con dependencia de opioides y cocaína. Los propios investigadores señalan, no obstante, la necesidad de seguir estudiando su seguridad y eficacia.
Uno de los principales motivos de cautela son sus efectos sobre el corazón. La misma revisión advierte de que la ibogaína puede prolongar el intervalo QTc —una alteración de la actividad eléctrica cardiaca— y provocar arritmias ventriculares potencialmente mortales. Por ello, los autores sostienen que su administración debe realizarse bajo supervisión médica y con una estricta monitorización cardiovascular.
Pese al interés que ha despertado como posible herramienta frente a las adicciones, la ibogaína no está aprobada en Estados Unidos como tratamiento para estos trastornos y está clasificada por la Administración para el Control de Drogas (DEA) como una sustancia de la Lista I.