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El frágil equilibrio de la vacunación: un éxito de salud pública, ahora en riesgo

El descenso de coberturas, la desinformación y el envejecimiento de la población ponen en riesgo la protección frente a enfermedades prevenibles

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El frágil equilibrio de la vacunación: un éxito de salud pública, ahora en riesgo
Freepik

Por Nuria Cordón

29 de abril de 2026

La vacunación ha sido una de las intervenciones de salud pública más eficaces de la historia. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en las últimas cinco décadas ha permitido reducir drásticamente la incidencia de enfermedades infecciosas, evitar millones de hospitalizaciones y salvar la vida de 150 millones de personas. Sin embargo, ese éxito convive hoy con señales de alerta que empiezan a preocupar a los expertos.

En distintos países, incluidos aquellos con sistemas sanitarios consolidados, están reapareciendo enfermedades que se consideraban controladas o en vías de eliminación. Brotes de sarampión, descenso de coberturas en determinados grupos de población y un aumento de la desconfianza hacia las vacunas dibujan un escenario más complejo del que cabría esperar tras décadas de avances científicos.

A ello se suma un cambio demográfico que añade presión al sistema: poblaciones cada vez más envejecidas, con mayor carga de enfermedad crónica y más vulnerables a infecciones que, en muchos casos, son prevenibles mediante vacunación.

En este contexto, la doctora Magda Campins, jefa de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Universitario Vall d’Hebron, advierte de que el equilibrio alcanzado en los últimos años es más frágil de lo que parece. “Si bajan las coberturas, se pierde la protección comunitaria rápidamente”, señala.

Aunque España mantiene niveles elevados de vacunación en la edad pediátrica, la especialista alerta de que existen “bolsas de susceptibles” y de que se está observando “un pequeño descenso progresivo de las coberturas”. A ello se suman factores como la globalización y los viajes internacionales, que facilitan la reintroducción de enfermedades, así como pequeñas diferencias entre comunidades autónomas en los calendarios vacunales que pueden generar inequidades en el acceso.

El papel de la inmunidad de grupo

La clave de este equilibrio está en la llamada inmunidad colectiva o de grupo. Este mecanismo, fundamental en salud pública, se produce cuando un porcentaje suficientemente alto de la población está vacunado frente a una enfermedad, lo que dificulta la circulación del patógeno y protege indirectamente a quienes no pueden vacunarse o no han desarrollado inmunidad suficiente, como personas inmunodeprimidas o lactantes.

En enfermedades muy contagiosas, como el sarampión, ese umbral de protección es especialmente alto y requiere coberturas superiores al 95%. Cuando se desciende por debajo de esos niveles, el virus encuentra más facilidad para transmitirse y reaparecen los brotes. “Si bajan, se pierde la protección comunitaria rápidamente”, insiste la doctora Campins. En un mundo globalizado, donde los desplazamientos internacionales son constantes, ese descenso facilita la reintroducción de enfermedades en países donde ya estaban controladas.

A este contexto se suman otros factores, como los conflictos bélicos, las crisis humanitarias, las condiciones sociales desfavorables, los cambios en los propios microorganismos o la capacidad de los sistemas de vigilancia epidemiológica.

Más dudas, menos confianza

Uno de los elementos que explican este cambio no tiene que ver con la ciencia, sino con la percepción social. Para la doctora, el problema no está en las vacunas, sino en el entorno en el que se comunican. “Estamos fallando en aspectos como la comunicación pública y la confianza social”, explica.

La sobrecarga de los profesionales sanitarios limita, en su opinión, el tiempo disponible para resolver dudas o reforzar la recomendación vacunal, un factor clave en la toma de decisiones de la población. A ello se suma la irrupción de la desinformación, especialmente en redes sociales. “Aunque los discursos antivacunas sean minoritarios, amplifican dudas y pueden reducir las tasas de vacunación”, advierte.

El ejemplo más reciente es el de Estados Unidos, donde se ha reabierto el debate —superado desde hace años— sobre la supuesta relación entre la vacuna triple vírica y el autismo, coincidiendo con el mayor brote de sarampión en los últimos 15 años, con varias muertes registradas.

El regreso de enfermedades evitables

El riesgo de retroceso es real. La doctora no lo plantea como una hipótesis lejana, sino como una posibilidad tangible si se consolidan las tendencias actuales. “Podemos volver a ver enfermedades como el sarampión, la poliomielitis o la difteria”, afirma. En España, de hecho, ya se ha perdido la certificación de país libre de sarampión que se mantenía desde 2016.

Este escenario no solo implica más infecciones, sino también más complicaciones. Enfermedades como la gripe, la Covid-19 o el virus respiratorio sincitial (VRS) siguen teniendo un impacto importante, especialmente en personas mayores. “Siguen siendo causa frecuente de hospitalización en mayores de 65-70 años”, recuerda.

Además, advierte de que estas infecciones no son inocuas: se asocian a un mayor riesgo de eventos cardiovasculares como infarto o ictus en las semanas posteriores al contagio, un riesgo que puede reducirse mediante la vacunación. En este sentido, la doctora Campins advierte de que aún no se está aprovechando todo el potencial de las vacunas disponibles, especialmente en adultos. “Disponemos de vacunas efectivas y seguras frente a neumococo, gripe, COVID-19 y VRS, pero las coberturas siguen siendo insuficientes”, señala.

La gran asignatura pendiente: los adultos

Si hay un punto débil claro en el sistema, ese es la vacunación en la edad adulta, o la denominada inmunización a lo largo de toda la vida. Mientras que las coberturas en la infancia se sitúan por encima del 90-95% en la mayoría de las vacunas, la situación cambia de forma notable a partir de la adolescencia. “Muchas personas desconocen su calendario vacunal en la edad adulta”, señala la doctora Campins. A ello se suma que, en ocasiones, tampoco se insiste lo suficiente desde la práctica clínica en la recomendación de estas vacunas.

Este déficit se refleja en los datos: la cobertura de la vacuna de la gripe apenas alcanza el 58,5% en mayores de 65 años y desciende hasta el 30,4% en el grupo de 60 a 64. En vacunas como neumococo o herpes zóster, las cifras se sitúan por debajo del 50%, y en el personal sanitario rondan el 40%. “También adolescentes, adultos y mayores requieren refuerzos o nuevas vacunas”, insiste la especialista, que subraya el papel de la vacunación —junto al ejercicio y la dieta— como uno de los pilares del envejecimiento saludable.

Prevenir para sostener el sistema

Más allá del impacto individual, la vacunación tiene una dimensión estructural. En un sistema sanitario tensionado por la demanda y el envejecimiento, la prevención se convierte en una herramienta clave. “La prevención reduce costes a largo plazo. Evitar enfermedades es más eficiente que tratarlas”, subraya la doctora.

De hecho, distintos informes apuntan a que por cada euro invertido en vacunas se generan hasta 19 euros de retorno para la sociedad y la economía. Además, una mayor cobertura vacunal contribuye a reducir la sobrecarga del sistema sanitario en periodos como la temporada gripal, evitando hospitalizaciones y complicaciones en los grupos de riesgo.

Por ello, el desafío actual de la inmunización no es solo científico, sino también social: reforzar la confianza, mejorar la comunicación y consolidar la vacunación a lo largo de toda la vida serán claves para mantener los avances logrados. Porque el éxito de las vacunas no puede medirse solo por lo que han conseguido en el pasado, sino por su capacidad para evitar que enfermedades que ya creíamos superadas vuelvan a formar parte del presente.



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