
Por Virginia Delgado
10 de agosto de 2026Mantener una presión arterial normal, no padecer diabetes y no fumar podría ayudar a que viviéramos 13 años más sin desarrollar demencia.
Esta es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la Academia Estadounidense de Neurología, después de realizar un estudio con 12.409 personas de una edad media de 56 años durante un promedio de 26 años.
En sus conclusiones, publicadas en la revista Neurology Open Access, estos profesionales subrayan que los resultados muestran “una asociación”, no una evidencia que revele que evitar estos factores de riesgo provoque directamente un retraso en la aparición de la enfermedad.
Durante el periodo de seguimiento, 3.008 personas desarrollaron demencia y 5.238 fallecieron sin haberla desarrollado. Así, los resultados mostraron que quienes tenían una presión arterial normal, no padecían diabetes y no fumaban vivieron una media de 30,1 años sin demencia desde el inicio del estudio, frente a los 17,5 años del resto.
El trabajo también encontró diferencias según el sexo y la raza. Los investigadores comprobaron que las mujeres vivieron más años sin demencia que los hombres independientemente del número de factores de riesgo, aunque ambos grupos mostraron una asociación entre una menor carga de factores vasculares y más años libres de demencia. En cuanto a los participantes blancos, registraron más años sin demencia que los negros en todos los niveles de riesgo analizados.
"Nuestros hallazgos respaldan la prevención de los factores de riesgo que se desarrollan en la mediana edad como estrategia para retrasar la aparición de la demencia y mantener la salud cerebral. Encontrar maneras de prevenir o retrasar la demencia es crucial a medida que la población envejece y los tratamientos siguen siendo limitados", ha manifestado Josef Coresh, autor del estudio y miembro de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos).
Los autores han subrayado que los factores de riesgo solo se evaluaron en un momento concreto, por lo que el estudio presenta limitaciones al no permitir analizar cómo los cambios en estos hábitos o condiciones a lo largo del tiempo pueden influir en el riesgo de demencia.
No obstante, sostienen que los resultados refuerzan la importancia de las medidas preventivas para proteger la salud cerebral en una población cada vez más envejecida.