
Por Medicina Responsable
6 de abril de 2026Preparar una comida casera al menos una vez por semana se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia en personas mayores, según un estudio del Instituto de Ciencias de Tokio (Japón) publicado en Journal of Epidemiology & Community Health. En un contexto en el que crece el consumo de comida preparada, para llevar o congelada, los autores plantean que cocinar en casa puede aportar un estímulo físico y mental especialmente valioso en edades avanzadas.
La investigación se basó en 10.978 participantes de 65 años o más del Estudio de Evaluación Gerontológica de Japón. La salud cognitiva de este grupo se siguió durante seis años, hasta 2022. Una quinta parte tenía más de 80 años y la mitad eran mujeres. Los participantes respondieron cuestionarios sobre la frecuencia con la que cocinaban desde cero en casa (desde “nunca” hasta más de cinco veces por semana) y sobre su nivel de competencia culinaria, medido con siete habilidades, desde pelar frutas y verduras hasta preparar guisos.
Aproximadamente la mitad cocinaba al menos cinco veces por semana, mientras que más de una cuarta parte no cocinaba. Durante el periodo de seguimiento, 1.195 personas desarrollaron demencia (una incidencia acumulada del 11%). Los casos se identificaron a partir del sistema público de seguros, que registra deterioro cognitivo funcionalmente significativo que requiere cuidados.
Al analizar los datos, los investigadores observaron que una mayor frecuencia de cocina se asociaba con menor riesgo de demencia tanto en hombres como en mujeres. En concreto, cocinar desde cero al menos una vez por semana se relacionó con un riesgo 23% menor en hombres y 27% menor en mujeres, frente a quienes cocinaban menos de una vez por semana.
El efecto fue aún más llamativo en quienes tenían pocas habilidades culinarias. En ese grupo, preparar una comida desde cero al menos una vez por semana se asoció con una reducción del riesgo del 67%. En cambio, entre las personas con alta competencia culinaria, aunque también se observó un menor riesgo, aumentar la frecuencia de cocina no redujo todavía más ese riesgo, lo que sugiere que el beneficio podría concentrarse especialmente cuando cocinar supone un “reto” o un estímulo nuevo.
Los autores ajustaron el análisis por factores que podían influir, como el estilo de vida, los ingresos o los años de educación, y señalan que la asociación se mantuvo incluso al tener en cuenta otras actividades ligadas a la reserva cognitiva, como manualidades, voluntariado o jardinería.
El estudio es observacional, por lo que no permite concluir que cocinar cause una reducción del riesgo de demencia. Además, los autores advierten de limitaciones como que los casos leves podrían no aparecer en el registro, y la forma de medir las habilidades culinarias puede no distinguir bien entre quienes cocinan poco por preferencia y quienes no saben cocinar. También recuerdan que los resultados podrían variar en otros países por diferencias culturales en la dieta y en la forma de preparar los alimentos.