
Por Medicina Responsable
20 de marzo de 2026Un estudio publicado en la revista Neurology sugiere que consumir más queso y crema láctea con alto contenido de grasa podría asociarse con un menor riesgo de desarrollar demencia a largo plazo. Los autores insisten en que el trabajo no demuestra que estos alimentos “protejan” por sí mismos, sino que describe una relación estadística en una población concreta.
Para el análisis, el equipo examinó datos de 27.670 personas en Suecia, con una edad media de 58 años al inicio, y las siguió durante una media de 25 años. Durante ese periodo, 3.208 participantes desarrollaron demencia. Para estimar la dieta, los participantes registraron lo que comían durante una semana, respondieron sobre la frecuencia de consumo en los años previos y explicaron cómo preparaban sus comidas.
En el caso del queso graso, los investigadores compararon a quienes consumían 50 gramos o más al día frente a quienes tomaban menos de 15 gramos diarios. En términos prácticos, 50 gramos equivalen aproximadamente a dos lonchas de cheddar o media taza de queso rallado. En el grupo con mayor consumo, alrededor del 10 % desarrolló demencia al final del seguimiento, frente al 13 % en el grupo con menor consumo. Tras ajustar por edad, sexo, educación y calidad general de la dieta, se observó un 13 % menos de riesgo de demencia en quienes comían más queso rico en grasa.
Al analizar subtipos, el vínculo fue más marcado para la demencia vascular, con un 29 % menos de riesgo en el grupo de mayor consumo de queso graso. También se vio una asociación con menor riesgo de Alzheimer, pero solo en personas que no portaban la variante genética APOE e4, un factor de riesgo para esta enfermedad.
La crema alta en grasa mostró un patrón similar. El estudio comparó a quienes consumían 20 gramos o más al día (aproximadamente una cucharada y media) frente a quienes no la tomaban. Tras ajustes similares, el consumo diario se asoció con un 16 % menos de riesgo de demencia.
En cambio, no se encontraron asociaciones con queso bajo en grasa, crema baja en grasa, leche (entera o desnatada), mantequilla ni lácteos fermentados como yogur o kéfir. La investigadora Emily Sonestedt de la Universidad de Lund, subraya que “no todos los lácteos son iguales” en lo que respecta a la salud cerebral y que este hallazgo desafía algunas suposiciones clásicas sobre la grasa dietética, aunque recalca que se necesita más investigación para confirmar resultados y entender mecanismos.
Los autores señalan limitaciones importantes: todos los participantes eran suecos, por lo que los resultados podrían no trasladarse igual a otros países, y el modo de consumo puede importar (por ejemplo, en Suecia el queso se consume con frecuencia “en crudo”, mientras que en otros lugares suele ir más procesado o acompañado de carne).