
Por Nuria Cordón
28 de julio de 2026Cada vez que un antibiótico se utiliza cuando no es necesario o se emplea de forma inadecuada, las bacterias tienen más oportunidades de desarrollar mecanismos que les permitan sobrevivir al tratamiento. Esas bacterias resistentes pueden propagarse y hacer que infecciones que hasta ahora eran fáciles de tratar se conviertan en un problema sanitario mucho más complejo. Por eso, reducir el consumo innecesario de antibióticos se ha convertido en una de las principales estrategias de salud pública frente a las resistencias bacterianas.
En este contexto, España ha vuelto a registrar un descenso en el uso de estos medicamentos. Según los datos publicados por el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el consumo de antibióticos sistémicos en salud humana cayó un 5,1% en 2025 respecto al año anterior, hasta situarse en 22,94 dosis diarias definidas por cada 1.000 habitantes y día (DHD), frente a las 24,26 DHD de 2024.
Este descenso supone recuperar la tendencia de reducción que se observaba antes de la pandemia de la Covid-19. Además, el consumo se mantiene un 8,4% por debajo del registrado en 2019 y acumula una caída del 18,8% desde 2015, cuando se alcanzó el mayor consumo de la serie histórica. No obstante, España todavía deberá seguir reduciendo estas cifras para alcanzar el objetivo europeo fijado para 2030, situado en 18,20 DHD.
Datos de variación de consumo global recogidos en el Mapa de consumo de antibióticos del PRAN
La reducción observada en 2025 se explica, sobre todo, por el menor uso de las penicilinas, el grupo de antibióticos más utilizado en España y que representa más de la mitad del consumo total. También descendió el uso de macrólidos, quinolonas y otros betalactámicos.
De acuerdo con el informe de la AEMPS, la atención primaria continúa concentrando la mayor parte del consumo de antibióticos, donde alcanza aproximadamente el 90% del total, mientras que el ámbito hospitalario mantiene un comportamiento más estable. A su vez, el 85% de este consumo se destina a tratar infecciones respiratorias.
Aun así, los datos del PRAN reflejan una mejora en la calidad de la prescripción. Según la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud, que divide los antibióticos según el riesgo de generar resistencias y orienta cuáles deben utilizarse de forma preferente, aumentó un 1,6% el uso de los antibióticos del grupo Access, recomendados como primera opción para muchas infecciones comunes, mientras que disminuyó un 2,8% el consumo de los antibióticos del grupo Watch, cuyo empleo debe ser más restrictivo para evitar la aparición de resistencias.
Esta evolución indica una prescripción más alineada con las recomendaciones internacionales y acerca a España al objetivo de que el 65% de los antibióticos consumidos pertenezcan al grupo Access.
El Ministerio de Sanidad recuerda que la resistencia a los antibióticos no aparece porque las personas se hagan resistentes a estos medicamentos, sino porque son las bacterias las que desarrollan mecanismos para sobrevivir a ellos. El uso innecesario de antibióticos —como ocurre cuando se utilizan para tratar infecciones causadas por virus—, la automedicación o el incumplimiento de los tratamientos favorecen este proceso y reducen la eficacia de unos medicamentos que resultan esenciales para tratar numerosas infecciones bacterianas.
La AEMPS atribuye la evolución favorable de los últimos años a la consolidación de los Programas de Optimización del Uso de los Antibióticos (PROA), a la Guía Terapéutica Antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud, a las iniciativas para promover una prescripción basada en la evidencia científica y a las campañas de sensibilización dirigidas tanto a los profesionales sanitarios como a la población.