
Por Santiago Melo
22 de julio de 2026La pérdida de eficacia de los antibióticos amenaza con hacer que infecciones habituales sean cada vez más difíciles de tratar. Uno de los principales factores que impulsa este problema es el uso excesivo o inadecuado de estos medicamentos, especialmente de aquellos que deberían reservarse para situaciones concretas. Un nuevo estudio publicado en The Lancet Public Health, con datos de 186 países, entre ellos España, confirma que este patrón se encuentra extendido en gran parte del mundo.
Para evaluar si el consumo de antibióticos es el adecuado, los autores utilizaron la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que divide estos medicamentos en tres grupos. Los antibióticos de "acceso", como la amoxicilina, son los recomendados como primera opción para la mayoría de las infecciones bacterianas comunes; los de "precaución" deben reservarse para situaciones específicas en las que los anteriores no son eficaces; y los de "reserva" constituyen el último recurso frente a infecciones causadas por bacterias multirresistentes.
El estudio estima que en 2019 se necesitaron alrededor de 43.000 millones de tratamientos antibióticos en todo el mundo, aproximadamente uno por persona. Los investigadores calculan que el 77% debería haber correspondido a medicamentos del grupo de acceso, un porcentaje superior incluso al objetivo fijado por Naciones Unidas, que aspira a que al menos el 70% del consumo mundial pertenezca a esta categoría antes de 2030.
Sin embargo, el análisis de los 67 países con datos disponibles sobre el consumo real refleja una situación muy distinta. Casi tres de cada cuatro países utilizaron más antibióticos de los considerados necesarios y el 99% abusó de los medicamentos del grupo de precaución, aquellos cuyo uso inadecuado contribuye especialmente al desarrollo de resistencias. Además, seis de cada diez continuaron recurriendo a antibióticos que la OMS desaconseja prescribir.
Los autores también identifican importantes desigualdades entre regiones. Mientras los países de renta alta concentran un mayor uso de antibióticos especializados, muchos territorios de ingresos bajos y medios, donde la carga de enfermedades infecciosas y de resistencias es mayor, siguen teniendo dificultades para acceder a ellos cuando realmente son necesarios. Para la investigadora principal del trabajo, Aislinn Cook, el mundo afronta un doble desafío: reducir las prescripciones innecesarias sin limitar el acceso de los pacientes que sí precisan estos tratamientos.
En declaraciones al Science Media Centre España, Rafael Cantón, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal, señala que el trabajo confirma “la sobreutilización de antibióticos, sobre todo, en los países de menor renta en los que la resistencia a los antimicrobianos es elevada”. Además, considera que los datos específicos de cada territorio pueden utilizarse para diseñar políticas destinadas a mejorar su empleo.
El especialista advierte, no obstante, de algunas limitaciones. No todos los países cuentan con datos reales de consumo, por lo que parte de los resultados procede de estimaciones, y en muchas regiones apenas existe disponibilidad de antibióticos del grupo de reserva. Los investigadores reclaman reforzar la vigilancia, establecer objetivos de prescripción adaptados a cada país y garantizar que los medicamentos adecuados sean accesibles y asequibles para quienes los necesitan.