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Las desigualdades sociales siguen dejando a miles de personas fuera de los programas de cribado del cáncer

El Ministerio constata que el nivel educativo, la renta o el lugar de nacimiento siguen condicionando el acceso a las principales pruebas, mientras la SEE reclama adaptar las estrategias para reducir estas diferencias

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Las desigualdades sociales siguen dejando a miles de personas fuera de los programas de cribado del cáncer
Magnific.com

Por Nuria Cordón

15 de julio de 2026

El lugar de nacimiento, el nivel de estudios o la situación económica siguen marcando las posibilidades de detectar un cáncer a tiempo. Años después de la pandemia, las desigualdades en el acceso a los programas de cribado persisten en nuestro país y condicionan el diagnóstico precoz de miles de personas, lo que puede traducirse en diagnósticos más tardíos y peores resultados en salud.

Así lo pone de manifiesto el informe monográfico sobre detección precoz del cáncer elaborado por el Ministerio de Sanidad a partir de los datos de la Encuesta de Salud de España 2023. El documento concluye que las desigualdades afectan a los programas de cribado del cáncer de mama, cuello de útero y colorrectal y advierte de que, aunque la pandemia contribuyó al descenso de la participación, siguen existiendo barreras estructurales que dificultan el acceso efectivo a estas pruebas preventivas.

Desde el Grupo de Trabajo de Cribados de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) aseguran a Medicina Responsable que estos resultados no constituyen una sorpresa. "Llevamos años observando desigualdades socioeconómicas en la participación en los programas de cribado. En general, las personas con menor nivel educativo participan menos", explican. No obstante, recuerdan que los programas poblacionales siguen siendo "la mejor estrategia para reducir las inequidades en la prevención del cáncer" y que, sin ellos, "las inequidades serían mayores".

Un problema que va más allá del acceso

Los especialistas insisten en que estas diferencias no son únicamente una cuestión de equidad. Participar o no en un programa de cribado puede condicionar el momento del diagnóstico y, con ello, las posibilidades de tratamiento. "El cribado favorece la detección precoz de la enfermedad, que conlleva más opciones de tratamiento y mejora la supervivencia", recuerdan desde la SEE. En tumores como el colorrectal o el de cuello de útero, además, permite detectar lesiones precancerosas y tratarlas antes de que evolucionen a un cáncer.

Pero ¿qué explica que una parte de la población participe menos en estos programas? Para los epidemiólogos, detrás de estas desigualdades confluyen múltiples factores. Entre las principales barreras destacan "la falta de alfabetización sanitaria, por ejemplo, tener poca información sobre gravedad de la enfermedad", las barreras culturales e idiomáticas, las dificultades para comprender las invitaciones, la relación laboral o las características del lugar de residencia.

A ello se añade que muchas personas con menor nivel socioeconómico "tienen otros problemas sociales, económicos y de salud más graves y urgentes que se ven obligados a priorizar por encima de una actividad preventiva", explican. Así, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad, la precariedad laboral o el miedo a perder el empleo al solicitar permisos para citas médicas no urgentes pueden suponer un freno real. 

El mismo patrón se repite en los principales cribados

Los datos del Ministerio muestran que las desigualdades se reproducen prácticamente en todos los programas de detección precoz.

En el cribado del cáncer de mama, el 76,99% de las mujeres con estudios superiores afirma haberse realizado una mamografía en los dos últimos años, frente al 61,76% de aquellas con estudios básicos o inferiores. Las diferencias también se observan según la posición socioeconómica y el tipo de cobertura sanitaria. Las mujeres que disponen de asistencia pública y privada presentan aproximadamente el doble de probabilidades de haberse realizado la prueba en el intervalo recomendado que aquellas atendidas únicamente por el sistema público.

Para el Grupo de Trabajo de Cribados de la SEE, estos datos no sorprenden, aunque advierte de que las pruebas realizadas fuera de los programas poblacionales deben hacerse "con cautela". "Hay tendencia a realizar más pruebas y más invasivas que las recomendadas, lo que puede indicar mayor radiación, mayor riesgo de complicaciones y mayor coste", señalan. Los epidemiólogos recuerdan que las mamografías se realizan a mujeres sanas, por lo que consideran fundamental informar adecuadamente sobre los beneficios y riesgos del cribado para evitar la sobreexposición.

La misma tendencia aparece en el cáncer de cuello de útero. La cobertura alcanza el 86,5% entre las mujeres pertenecientes a la clase social más favorecida, mientras que desciende hasta el 62,5% en la más desfavorecida. También el nivel educativo vuelve a marcar diferencias, al igual que el país de nacimiento: el 79,26% de las mujeres nacidas en España asegura haberse realizado una citología en los últimos cinco años, frente al 63,95% de las nacidas en el extranjero.

El informe incorpora además por primera vez datos sobre la prueba del virus del papiloma humano (VPH), llamada a convertirse en la técnica principal del cribado del cáncer de cuello uterino. Su implantación sigue siendo desigual—solo una de cada cuatro mujeres de entre 35 y 65 años afirma habérsela realizado— y vuelve a reproducir las mismas desigualdades por nivel educativo, situación socioeconómica y comunidad autónoma.

El cribado colorrectal mejora, pero las brechas persisten

El programa de detección precoz del cáncer colorrectal es el que más ha avanzado durante los últimos años gracias a la implantación progresiva de los programas poblacionales en el Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, ese crecimiento no ha ido acompañado de una reducción de las desigualdades.

En 2023, el 38,7% de la población de entre 50 y 69 años declara haberse realizado una prueba de sangre oculta en heces en los dos últimos años, frente al 3,4% registrado en 2009. Pese a ello, el 45,2% asegura no haberse sometido nunca a esta prueba, un porcentaje que se aproxima al 60% entre las personas nacidas en el extranjero y supera el 50% en algunos grupos socialmente más desfavorecidos.

A ello se suman importantes diferencias entre comunidades autónomas, reflejo del distinto grado de implantación y consolidación de los programas de cribado.

El reto pasa por adaptar los programas a quienes menos participan

A la vista de estos resultados, el Ministerio de Sanidad considera necesario reforzar las estrategias de detección precoz no solo para aumentar la cobertura global de los programas, sino también para garantizar que las pruebas lleguen de forma efectiva a toda la población a la que van dirigidas.

La SEE coincide en ese diagnóstico y recuerda que estas desigualdades "se llevan observando y evaluando antes de la pandemia y continúan tras ésta", por lo que reclama "un compromiso que asegure la equidad, la sostenibilidad y el buen funcionamiento de los programas poblacionales de detección precoz del cáncer".

Para los epidemiólogos, la solución no pasa únicamente por invitar a más personas, sino por adaptar las estrategias a las necesidades de quienes encuentran más dificultades para acceder a ellas. Entre las medidas con mayor evidencia destacan "los recordatorios, los materiales adaptados cultural y lingüísticamente, la implicación de atención primaria y de mediadores culturales, así como el diseño de invitaciones específicas para población institucionalizada".

En definitiva, el reto ya no pasa solo por aumentar la participación, sino por garantizar que todas las personas tengan las mismas oportunidades de beneficiarse de un diagnóstico precoz. Porque detectar un cáncer a tiempo no debería depender del nivel de estudios, la renta o el lugar de nacimiento.

 



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