
Por Clara Arrabal
20 de mayo de 2026El acceso a Internet, los GPS o incluso los propios teléfonos móviles se engloban dentro de las llamadas “deep tech” o tecnologías profundas; un término que, aunque no es muy conocido en España, en otros países europeos forma parte del día a día. De hecho, a nivel nacional, el término ha irrumpido en la agenda informativa este 19 de mayo, cuando el Consejo de Ministros ha aprobado la primera Estrategia Deep Tech, con la que busca estimular las empresas de biotecnología e Inteligencia Artificial, las energías limpias o la computación cuántica.
“Las Deep Tech son tecnologías que nacen de décadas de investigación científica y que transforman en profundidad nuestra vida cotidiana”, explicaba la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant. “Estas, dentro de unos años, pueden traducirse en terapias capaces de curar enfermedades hoy incurables, baterías que almacenen energía renovable barata o sistemas climáticos mucho más precisos para anticiparnos a las emergencias”, añadía, destacando que también supondrán “muchísimos empleos de calidad y profesiones que todavía no tienen nombre”.
Frente a toda esta innovación que llega por primera vez a España con el nuevo plan, algunos países europeos llevan años de ventaja gracias a legislaciones robustas que han conseguido consolidar sus tejidos científicos y tecnológicos. Es el caso de Alemania, Francia o Reino Unido, de los que ha bebido el español en algunas de sus áreas.
A pesar de que España contase con iniciativas como la Agenda Digital, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial o los planes estatales de I+D+i; el país no disponía de una estrategia nacional específicamente centrada en las deep tech y que coordinase la ciencia avanzada, la transferencia tecnológica, la industria o la financiación bajo una misma hoja de ruta nacional. Por ello, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública han impulsado este primer plan.
Con la Estrategia Deep Tech España, el Gobierno pretende movilizar más de 8.000 millones de euros hasta 2030 que “constituirá el marco de referencia de la política pública para el impulso de tecnologías avanzadas basadas en conocimiento científico y desarrollo tecnológico intensivo, para reforzar la competitividad de la economía española y afrontar los grandes retos económicos, sociales y medioambientales”, como anunció este miércoles.
En ella han participado 13 ministerios y, aunque se centra en actuaciones de la Administración General del Estado, su desarrollo requiere una coordinación estrecha entre las comunidades autónomas, universidades, centros de investigación y empresas. Además, se articula en tres ejes: reforzar las capacidades científicas y tecnológicas, transformar la ciencia en tejido empresarial y empleo de calidad; y construir un ecosistema Deep Tech dinámico y coordinado. “Queremos que lo que se descubre en España se desarrolle en España, se fabrique en España y genere salud, igualdad y empleo de calidad en España”, expresaba Morant.
Esta estrategia española ha surgido, entre otros factores, de los nuevos objetivos que traslada la Unión Europea desde Bruselas. Entre ellos se encuentra la búsqueda de una autonomía estratégica, la soberanía tecnológica, la defensa de los sistemas sanitarios y la necesidad de garantizar las tecnologías críticas. Todos estos retos cada vez más acuciantes debido a la crisis energética, la rivalidad comercial entre Estados Unidos con otras naciones o la guerra de Ucrania.
Sin embargo, el gran referente europeo en esta materia es el modelo francés, instaurado en 2019 y ampliado en 2022 a través de la denominada estrategia de “Start-ups industrielles et deep tech”. Esta combina una fuerte inversión pública, la industrialización tecnológica y la búsqueda de la soberanía tecnológica a través de la IA, la defensa o la biotecnología. Además, pueden apreciarse similitudes con el plan español por su enfoque interministerial y de transformación de ciencia en industria.
Por otro lado, uno de los modelos más recientes de la UE es el de Alemania, instaurado en julio de 2025 para fortalecer su competitividad, la creación de valor y la soberanía tecnológica de su país “para atraer especialistas internacionales, inversores y empresas innovadoras”, como destaca la Plataforma de Empleos Digitales de la Unión Europea. Esta se centra en seis pilares: investigación, movilidad y producción de energía climáticamente neutra, microelectrónica, tecnologías cuánticas e Inteligencia Artificial. Así, Europa blinda su tecnología y soberanía científica ante nuevas amenazas y un mundo más polarizado a través de las deep tech.