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En sanidad, las reformas tienen que estar guiadas por la atención al paciente

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En sanidad, las reformas tienen que estar guiadas por la atención al paciente

Por Medicina Responsable

11 de febrero de 2026

El debate abierto tras el Anteproyecto de Ley de Gestión Pública e Integridad del SNS vuelve a confrontar, por enésima vez, lo público y lo privado. Un debate legítimo, sí. Pero peligroso si se desvía hacia la ideología y se olvida lo esencial: la atención a los pacientes.

Partamos de una realidad incuestionable: el Sistema Nacional de Salud no tiene hoy recursos suficientes —ni humanos, ni materiales, ni capacidad instalada— para atender todas las necesidades asistenciales. Ni los tiene, ni los ha tenido nunca.

Las listas de espera quirúrgicas, diagnósticas y de consultas externas son, en muchos territorios, sencillamente, inaceptables. Negarlo no las reduce.

En este contexto, la colaboración público-privada no es una opción ideológica, sino una herramienta asistencial imprescindible. Colaborar no es privatizar. Es utilizar todos los recursos disponibles para que los pacientes sean atendidos a tiempo.

Derogar la Ley 15/1997 para tratar de acabar con un modelo concreto de gestión indirecta, las concesiones, no puede convertirse en un obstáculo para otros que llevan décadas funcionando con normalidad, como los conciertos sanitarios, expresamente recogidos en la Ley General de Sanidad de 1986. Son parte del ADN de nuestro sistema sanitario desde el principio.

El riesgo del Anteproyecto, por tanto, está en cómo se interprete esa “excepcionalidad” que se anuncia para la concertación a través de esas otras fórmulas de colaboración.

Poner trabas ambiguas o ideológicas a los conciertos, con listas de espera desbordadas, sería un error grave. No para los operadores. Para los pacientes.

Puede que haya quien lo justifique desde su atalaya política o desde un despacho. La realidad de los que esperan y, ni tienen la posibilidad de ir al sector privado, ni de colarse en la sanidad pública, sería bien diferente.

Transparencia, control público y calidad asistencial: todos estamos de acuerdo. Pero el límite no puede marcarlo la ideología.

Y por último, y como reflexión general: mientras no seamos capaces de introducir las reformas en el SNS para que sea realmente productivo y eficiente proponer cualquier cosa para dificultar la colaboración con el sector privado creo que “no toca”… ¿no os parece?

La prioridad debe ser arreglar el funcionamiento de un sistema público que está obsoleto y lo que debe de guiar todas las actuaciones debe ser la atención a los pacientes



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