
Por Jesús Sanz Villorejo, presidente de ANDE
12 de febrero de 2026El Sistema Nacional de Salud (SNS) ha sido históricamente uno de los pilares del Estado del bienestar en España. Universal, financiado públicamente y con altos estándares de calidad, ha sido motivo de orgullo colectivo. Sin embargo, desde la mirada de las enfermeras y, especialmente, de las enfermeras gestoras, la realidad actual revela tensiones profundas que afectan a su sostenibilidad y su esencia. Expondremos brevemente las más fundamentales.
Las enfermeras constituyen el grupo profesional más numeroso del sistema sanitario y el que permanece más tiempo junto al paciente. Desde su perspectiva, el SNS vive una etapa marcada por:
Las plantillas insuficientes, el envejecimiento poblacional y el aumento de la cronicidad generan una presión asistencial constante. La ratio enfermera-paciente en España continúa por debajo de la media europea, lo que repercute directamente en la calidad del cuidado y en la seguridad del paciente.
Aunque el cuidado enfermero es clave para los resultados en salud, su impacto sigue estando poco visibilizado en términos de indicadores y reconocimiento social. Se priorizan los actos diagnósticos y terapéuticos frente a los cuidados continuados, la educación sanitaria y la prevención.
La temporalidad contractual, la movilidad forzosa y la falta de estabilidad afectan a la motivación. A esto se suma el impacto emocional del trabajo, especialmente tras la pandemia de COVID-19, que evidenció tanto la fortaleza como la vulnerabilidad del colectivo.
Las nuevas generaciones cuentan con formación universitaria, especialidades, másteres y doctorados. Sin embargo, las oportunidades reales de desarrollo profesional y liderazgo clínico no siempre están alineadas con esa preparación (hay varios casos, la prescripción enfermera y el A1 son dos claros ejemplos)
Las enfermeras gestoras ocupan una posición estratégica y compleja: deben garantizar calidad asistencial, eficiencia económica y bienestar profesional en un contexto de recursos limitados.
Desde su perspectiva, la realidad del SNS se caracteriza por:
Gestión en equilibrio permanente.
Deben conciliar presupuestos ajustados con la necesidad de mantener estándares de calidad. La planificación de plantillas se convierte en un ejercicio constante de ajuste fino.
Liderazgo transformador en entornos rígidos.
La estructura administrativa del sistema sanitario es, en ocasiones, poco flexible. Implementar cambios organizativos, innovación en cuidados o nuevos modelos de atención requiere habilidades de negociación, resiliencia y visión estratégica.
Defensa del cuidado como eje del sistema.
Las gestoras enfermeras no solo administran recursos; también actúan como garantes del modelo de cuidados. Impulsan protocolos basados en evidencia, promueven la seguridad del paciente y fomentan la humanización de la asistencia.
Tensión entre vocación y burocracia.
Muchas enfermeras gestoras proceden del ámbito asistencial y viven el tránsito hacia la gestión con una dualidad: el deseo de influir en la mejora del sistema y la frustración ante la carga administrativa que a veces las aleja del contacto directo con el cuidado. La progresiva incorporación de tecnologías y digitalización debe contribuir a la disminución paulatina de este desequilibrio
Tanto enfermeras asistenciales como gestoras coinciden en algunos desafíos fundamentales:
El Sistema Nacional de Salud no es solo una estructura organizativa; es una red de profesionales que sostienen el cuidado cotidiano de millones de personas. Desde la mirada enfermera, el SNS se encuentra en un punto de inflexión: o se refuerza el papel estratégico del cuidado y de quienes lo lideran, o se corre el riesgo de erosionar uno de sus fundamentos esenciales.
Las enfermeras —y especialmente las enfermeras gestoras— no solo ejecutan políticas sanitarias; también las traducen en realidad. Son el puente entre la planificación y la vida cotidiana del paciente. Escuchar su voz no es una cuestión corporativa, sino una necesidad estructural para garantizar la sostenibilidad y la humanidad del sistema sanitario español.
La participación de las enfermeras en la toma de decisiones estratégicas dentro de la planificación y organización del Sistema Nacional de Salud no es solo deseable, sino imprescindible. Las enfermeras constituyen uno de los pilares fundamentales del sistema sanitario: son el colectivo más numeroso y el que mantiene un contacto más continuo y cercano con las personas, familias y comunidades. Esta posición privilegiada les permite identificar necesidades reales, detectar fallos en los procesos y proponer mejoras basadas en la práctica diaria.
Incluir a las enfermeras en los espacios donde se diseñan políticas, se distribuyen recursos y se definen modelos organizativos aporta una visión integral del cuidado, centrada no solo en la enfermedad, sino también en la prevención, la educación para la salud y la promoción del bienestar. Además, su experiencia en la gestión de cuidados, en la coordinación interdisciplinar y en la continuidad asistencial contribuye a que las decisiones estratégicas sean más realistas, eficientes y sostenibles.
Cuando las enfermeras participan activamente en la gobernanza del sistema, se fortalece la calidad asistencial, se mejora la seguridad del paciente y se optimizan los recursos. Pero, sobre todo, se reconoce su liderazgo profesional y su capacidad para transformar el sistema desde una perspectiva humana y cercana. Un Sistema Nacional de Salud verdaderamente sólido y equitativo necesita integrar la voz enfermera en todos los niveles de decisión, porque cuidar también implica planificar, organizar y liderar.