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La propuesta que nadie quiere escuchar

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La propuesta que nadie quiere escuchar

Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid

24 de junio de 2026

José Manuel Freire y José Ramón Repullo son dos de las figuras más influyentes en la sanidad española de las últimas décadas. Han contribuido a formar a generaciones de gestores desde la Escuela Nacional de Sanidad, han participado activamente en el diseño de políticas sanitarias y han sido referentes para buena parte de la izquierda sanitaria española. También han mantenido posiciones críticas con numerosas decisiones adoptadas por los gobiernos del Partido Popular en la Comunidad de Madrid y por supuesto he discrepado y discrepo de muchas de sus propuestas y comentarios, pero no dejan de obligarme a la reflexión cada vez que les leo. 

En esta ocasión resulta especialmente interesante la propuesta que acaban de plantear. Más allá de sus aspectos técnicos, encierra una idea que debería ser evidente y que, sin embargo, parece haberse olvidado en buena parte del debate sanitario actual. Las condiciones de los médicos solo mejorarán de forma duradera si mejora el funcionamiento del sistema sanitario.

Freire y Repullo parten precisamente de esa lógica. Su propuesta pasa por permitir que los propios hospitales seleccionen mediante concursos de méritos a los profesionales que necesitan cuando se genera una vacante, evitando años de temporalidad y desajustes organizativos. No ponen el foco únicamente en los intereses profesionales inmediatos, sino también en la capacidad del sistema para funcionar mejor.

No es casualidad que esta reflexión proceda de dos personas que han dedicado gran parte de su vida profesional a estudiar cómo funciona el sistema sanitario y no únicamente cómo mejorar las condiciones de un colectivo concreto.

Esa visión contrasta con buena parte del discurso sindical de los últimos años. Con demasiada frecuencia las reivindicaciones se construyen desde la perspectiva de quienes ya ocupan posiciones consolidadas dentro del sistema, dando por supuesto que sus intereses coinciden con los del conjunto de la profesión. Se defienden medidas que pueden beneficiar a determinados grupos profesionales, pero sin evaluar suficientemente su impacto sobre la organización sanitaria en su conjunto.

La consecuencia es conocida. Plantillas menos estables, menor capacidad de adaptación de los centros y una gestión de recursos humanos cada vez más condicionada por inercias administrativas y corporativas. Al final, el deterioro del sistema termina afectando también a los propios médicos y es entendible que los nuevos médicos valoren otras opciones antes de trabajar en nuestro sistema nacional de salud. 

La misma lógica parece estar presente en el actual conflicto del Estatuto Marco. Aunque la regulación corresponde al Ministerio de Sanidad y al Gobierno de España, parte de la presión sindical se ha desplazado hacia gobiernos autonómicos como el de Madrid. Es legítimo plantear reivindicaciones a las comunidades autónomas, pero resulta difícil no apreciar un componente político cuando una huelga convocada contra una norma estatal acaba utilizándose para señalar prioritariamente a administraciones que no pueden modificar el núcleo del problema. Parece que el objetivo de la protesta sea la propia protesta.

Tal vez por eso la reflexión de Freire y Repullo merece ser escuchada. Porque recuerda algo elemental. No habrá mejores condiciones para los médicos si antes no construimos un mejor sistema sanitario. De hecho, una cosa depende inevitablemente de la otra.



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