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Invertir en lactancia es invertir en salud

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Invertir en lactancia es invertir en salud
Freepik

Por Miguel Ángel Marín, coordinador sección Hospitales de la IHAN

23 de febrero de 2026

Durante los últimos años, hemos asistido al incremento de la instauración en sanidad de diversos programas de acreditación vinculados a la calidad. No es infrecuente leer noticias en las cuales un hospital o un servicio asistencial ha sido certificado por la norma ISO (del inglés International Organization for Standardization), el modelo EFQM (European Foundation for Quality Management) o la JCI (Joint Commission International). Del mismo modo, y aunque pueda resultar contradictorio hablar de este término cuando hacemos referencia a la prestación de la asistencia sanitaria a personas, existe una tendencia a fomentar su humanización, algo que se supone inherente a este tipo de servicio. 

La acreditación IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la lactancia), viene a aunar ambos conceptos: calidad y humanización. Se trata de un sello de calidad internacional lanzado por la OMS y UNICEF que tiene como objetivo mejorar la atención en las salas de maternidad, centros de salud y unidades neonatales con el fin de adoptar prácticas basadas en la evidencia científica que protejan, promuevan y apoyen el parto humanizado y la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento.  Dado que se trata de un proceso exigente, que requiere de un gran esfuerzo por parte de las instituciones y sus profesionales, la IHAN propone una aplicación escalonada en cuatro fases, lo cual permite plantear metas cercanas y una mejor planificación desde el punto de vista administrativo y de gestión.

Durante todo este proceso, los hospitales deben garantizar el cumplimiento de los denominados Diez Pasos para una lactancia materna exitosa (en hospitales y unidades neonatales) o los Siete Pasos en el caso de los centros de atención primaria. Posiblemente, el más complicado de conseguir por la resistencia de las instituciones al cambio, sea el paso número 1, que hace referencia al cumplimiento del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y las resoluciones pertinentes de la Asamblea Mundial de la Salud. Ello implica, entre otras cosas, que los centros sanitarios deben adquirir los sucedáneos de leche materna, biberones y tetinas por las vías habituales de facturación y con un precio final que no sea menor al 30% del precio del mercado. 

Y aquí, es posible que alguno de los lectores se sorprenda. ¿En serio es preciso regular este tipo de compras? ¿Acaso no estaban ya organizadas? Seguramente el lector pensaba que los centros sanitarios adquirían los sucedáneos de leche materna por las mismas vías por las cuales se adquieren las prótesis de cadera, los aparatos de electromedicina o los antibióticos: pagando por ello. Sin embargo, la mayoría de los centros no acreditados por la IHAN, obtienen este tipo de productos a un precio meramente testimonial. Podríamos pensar que se trata de una labor altruista por parte de las empresas farmacéuticas. Pero lejos de ser esta una práctica filantrópica, no es sino una estrategia que tiene como objetivo fomentar el uso de los sucedáneos de la leche materna en detrimento de esta. 

Y es aquí donde las instituciones sanitarias y, sobre todo, los responsables de las mismas, deben realizar un ejercicio de autocrítica y establecer un compromiso claro y sin ambages para llevar a cabo una correcta gestión y promoción de la lactancia materna. Porque si alguien pudiera argumentar que la evidencia científica no resulta convincente (la lactancia materna ha demostrado reducir en lactantes el riesgo de diarrea, infecciones respiratorias, enterocolitis necrotizante, obesidad y diabetes; y en las madres el riesgo de cáncer de mama y de ovario, la hipertensión o la enfermedad cardiovascular), es posible que la probada eficiencia de la inversión en la promoción de la lactancia materna (cada dólar invertido en la acreditación IHAN revierte en 50-55€ de ahorro en términos de reducción de las patologías ocasionadas por el consumo de sucedáneos de leche materna) sea, al fin, el argumento que termine por convencer a todos los responsables en los que se sustenta la decisión última de invertir en Salud (sí, con mayúsculas). 

 



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