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Una huelga irresponsable

Los médicos juramos el Hipócrates: "Primero, no hacer daño". Una huelga viola ese principio al priorizar demandas laborales sobre vidas

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Una huelga irresponsable
Imagen de Parentingupstream en Pixabay

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

23 de enero de 2026

En las últimas semanas, España ha vuelto a sumirse en la tensión de las huelgas médicas, con convocatorias que se extienden desde enero hasta un calendario indefinido a partir del 16 de febrero de 2026. Sindicatos como la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA) y otros han unido fuerzas para rechazar el Estatuto Marco propuesto por el Ministerio de Sanidad, exigiendo un estatuto propio que regule condiciones laborales específicas para los facultativos.

Como médico que ha dedicado décadas al Sistema Nacional de Salud (SNS), defiendo con convicción que el seguimiento masivo a estas huelgas no solo es contraproducente, sino profundamente irresponsable. En lugar de diálogo constructivo estas movilizaciones paralizan consultas, cirugías y diagnósticos, castigando a los pacientes que somos los primeros en jurar proteger.

Demandas legítimas, pero método equivocado

Los motivos de la protesta son conocidos: reducción de la jornada laboral máxima, mejora en las guardias (que pueden extenderse hasta 24 horas), un espacio de negociación exclusivo para médicos y rechazo a la "exclusividad" impuesta sin compensación económica adecuada. El borrador del Estatuto Marco, acordado con sindicatos mayoritarios como CCOO, UGT y Satse, busca un marco común para todo el personal sanitario, pero los sindicatos médicos lo ven como un "retroceso" que perpetúa desigualdades y no reconoce la singular responsabilidad de los facultativos. Han convocado paros en múltiples comunidades, con seguimientos irregulares: en enero, cifras oficiales oscilaron del 3% en Valencia al 32% en Andalucía, mientras los sindicatos hablan de hasta 85% en algunos casos.

Nadie niega las penurias del médico español. Trabajamos en un SNS saturado, con listas de espera eternas y burnout rampante. Las guardias extenuantes y la fuga de talento al sector privado o al extranjero son realidades dolorosas. Sin embargo, ¿es la huelga la respuesta?

El seguimiento ha sido "desigual e irregular", con impactos reales pero no paralizantes totales, lo que diluye su efectividad y erosiona la credibilidad profesional. Exigir un estatuto propio tiene sentido -Europa lo tiene en países como Alemania o Francia-, pero bloquear el sistema no acelera su llegada; la radicaliza.

El daño invisible a los pacientes: el verdadero coste humano

El argumento más grave contra estas huelgas es su impacto directo en los pacientes. Plataformas como la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) alertan de que los paros de diciembre 2025 y enero 2026 ya cancelaron más de 450.000 consultas externas, 10.000-12.000 cirugías y 50.000 pruebas diagnósticas. En Madrid, solo una jornada de enero supuso 300 cirugías y 650 pruebas suspendidas, dejando a 7.600 pacientes sin atención.

Imaginemos a una madre con neumonía en atención primaria: su consulta se pospone, la infección avanza y acaba en urgencias saturadas. ¿Quién responde por eso? Los servicios mínimos mitigan, pero no eliminan el caos. En Galicia, el seguimiento del 20-25% en hospitales implicó retrasos "intensos"; en Cataluña, concentraciones de 20 minutos paralizaron turnos.

Los médicos juramos el Hipócrates: "Primero, no hacer daño". Una huelga viola ese principio al priorizar demandas laborales sobre vidas. Estudios internacionales 



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