
Por Óscar Martín, presidente ejecutivo y farmacéutico de PharmaBest España
26 de junio de 2026La apertura a audiencia pública del proyecto de Real Decreto de Financiación y Precios de Medicamentos vuelve a situar a la farmacia comunitaria ante un debate clave: cómo adaptarse a un nuevo entorno regulatorio sin perder su esencia sanitaria, su cercanía al paciente y su papel de servicio público de proximidad.
La propuesta, en líneas generales, apunta a un sistema de mayor competencia en precios, especialmente en aquellos medicamentos que ya han perdido exclusividad y conviven con genéricos y biosimilares. Desde la óptica del sistema, el objetivo es comprensible: ganar eficiencia, agilizar procedimientos y favorecer una evolución más rápida de los precios. Pero, desde la óptica de la farmacia, también es evidente que estos cambios van a tener un impacto en la gestión diaria de las oficinas de farmacia.
Y esa es, probablemente, una de las ideas más importantes que deja este nuevo marco: la farmacia va a tener que reforzar aún más su gestión empresarial.
Cada cambio en la política de precios afecta a la capacidad de planificación de la farmacia, a la política de compras, al control del stock, a la rotación de producto y al equilibrio económico general del negocio. En un entorno de mayor presión sobre márgenes, gestionar mejor deja de ser una opción o una ventaja competitiva: pasa a ser una necesidad estructural.
Eso obligará a muchas farmacias a afinar todavía más su funcionamiento interno, revisar procesos, apoyarse en herramientas de análisis y trabajar con una visión más estratégica. Y no todas parten del mismo punto. Por eso, cualquier reforma que afecte al precio del medicamento debe entender también la realidad diversa del sector y el papel que desempeña cada oficina de farmacia en su entorno.
Desde PharmaBest llevamos tiempo defendiendo una idea muy clara: la farmacia del futuro debe ser más profesionalizada, más eficiente y mejor gestionada, precisamente para poder seguir siendo más útil al paciente. No hablamos de una farmacia menos asistencial, sino de una farmacia más preparada para responder a un entorno sanitario, económico y regulatorio cada vez más complejo.
No hablamos tampoco de teoría. Hablamos de un modelo que ya estamos poniendo en práctica: farmacias lideradas por farmacéuticos, con una fuerte vocación sanitaria, pero también con capacidad para modernizar su gestión, ampliar surtido, mejorar su organización y ofrecer una propuesta más competitiva y completa al ciudadano. Esa visión se traduce en realidades concretas, como la apuesta por una oferta amplia y accesible, pensada para responder a necesidades muy diversas del paciente, con farmacias que combinan atención profesional, variedad de producto y precios competitivos. Ese equilibrio entre cercanía y eficiencia forma parte de lo que entendemos que debe ser la farmacia actual. Pero para poder seguir haciéndolo con fortaleza necesita también estabilidad y capacidad de adaptación.
Ahora bien, esta evolución no puede hacerse a costa de debilitar el modelo de proximidad que caracteriza a la farmacia española. Cualquier regulación que aumente la exigencia económica debe tener presente que preservar esa red también es proteger al paciente y sostener una parte esencial del sistema sanitario.
El verdadero debate, por tanto, no debería plantearse como una elección entre eficiencia y vocación asistencial. El reto es entender que, a partir de ahora, ambas van a depender cada vez más una de la otra. Una farmacia que gestiona mejor no pierde su alma, gana capacidad para seguir cuidando mejor.
Ese es, a nuestro juicio, el punto de equilibrio que debería inspirar esta nueva regulación: avanzar en eficiencia y sostenibilidad, sí, pero sin perder de vista que la fortaleza de la farmacia española reside precisamente en su capacidad de combinar profesionalidad, cercanía y servicio.