
Por Peter BABEL
19 de mayo de 2026En lo que respecta a la masturbación, los últimos estudios pintan bastos para la llamada inclusión: los machos se masturban el doble que las hembras.
Una de dos: o comenzamos a organizar cursillos para que las mujeres aumenten su afición o, al revés, indicamos a los hombres que rebajen su entusiasmo por la autogestión sexual, en aras de la igualdad.
Una de las grandes conquistas del género humano fue alcanzar el celo permanente. Mientras las demás especies animales, dependen del celo de las hembras, los bípedos lograron el celo permanente. Claro, el celo permanente no quiere decir que se libre del “me duele la cabeza”, de la hembra, o del “he llevado un día agotador”, del macho.
Otra de las diferencias, que ahondan el inclusismo, es que las chicas adquieren más objetos de las sex-shops, que los chicos, que parece que confían, casi exclusivamente, en sus habilidades manuales. ¡Fíjense! ¡Con lo torpes que somos la mayoría de los chicos en las actividades manuales y, en la masturbación, nos mostramos mucho más habilidosos!
Asimismo, permanece inalterable la diferenciación de que los que viven en pareja, practican menos el onanismo que los que viven solos.
¡Ah! El estudio aporta otro dato: muchos de los practicantes de la autogestión sexual -machos o hembras- lo hacen para disminuir el estrés.
Ha habido un gran avance. En mi adolescencia y juventud, nos decían que nos íbamos a quedar ciegos. Ahora, resulta que nos relaja. Y sin tener que ir al psiquiatra, porque la autogestión sexual sólo requiere un rato de soledad, sin necesidad de pedir hora. “¡Y mucho más barato!”, que diría Woody Allen.