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“Mamá, soy trans”

Los padres de la Agrupación AMANDA, de madres de adolescentes y niños con disforia acelerada, piden que se incluyan enmiendas a “la ley trans” para proteger el interés de los menores de 16 años cuya situación de transexualidad no esté estabilizada

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“Mamá, soy trans”

Por Gema Puerto

4 de noviembre de 2022

“A los 15 años mi hija me dijo que era lesbiana y yo le dije: ‘Muy bien cariño eso no es un problema, ni para tu padre ni para mí’. Al año siguiente, el mensaje de mi hija fue: ‘Mamá soy trans’. Me quedé estupefacta, no sabía cómo reaccionar, ni por dónde salir, pero le comenté que estuviera tranquila, que cuando viniera su padre lo hablaríamos”.

Esperanza (nombre ficticio para proteger a su hijo trans), relata el duro camino de cambio de género emprendido hace cinco años junto a él, que ahora cursa una ingeniería, y que, a pesar de mantener un nombre femenino en su DNI, tiene “uno masculino porque dice no encajar con el sexo que le fue asignado al nacer”.

“Nos dio la noticia bomba a los 16 años, nos dijo mamá quiero hacerme una doble mastectomía, me siento chico trans y quiero hormonarme”. Esperanza denuncia la falta de diagnóstico médico para casos de adolescentes que sufren disforia de género de inicio rápido. “Ha habido casos de niños a los que se les ha dictado la hormonación por teléfono, sin hacer una analítica previa por parte de un equipo médico multidisciplinar, para ver si detrás de su decisión hay otros problemas subyacentes como malos tratos, abusos sexuales, trastornos de límite de personalidad, TDH, bullying o casos de altas capacidades”. Como asegura esta madre, “con la ley actual, si un menor decide que en las Unidades de Género no le trate un psicólogo o psiquiatra, no se le tratará en este campo”, con lo que eso supone para su salud mental.

Marta, otra mamá de la Agrupación Amanda de madres de adolescentes y niños con disforia acelerada, también tiene un hijo trans, y explica “que el 95% de los chicos que tienen problemas relacionados con su sexo tienen otros problemas psicológicos asociados que tienen que ser tenidos en cuenta antes de someterles a una terapia de hormonación, ya que es irreversible y puede tener graves efectos secundarios, como problemas de tiroides, entre otros”. La hija de Marta tiene 13 años. “Con 12, sin malestares previos en su infancia vinculados a su sexo, entró en depresión, se aisló, empezó a consumir muchas redes sociales y poco después nos dijo que era trans”, argumenta. “Después de ir al psicólogo sufrió un intento autolítico y fue ingresada. Gracias al equipo de salud mental que atendía a mi hija en ese momento le hicieron una valoración psiquiátrica en profundidad y descubrieron que, además de tener altas capacidades, tenía asperger no diagnosticado, depresión y ansiedad derivados del bullying que había sufrido, cuando ella achacaba todo simplemente a que era trans”.

Tras un año de atención en servicios intensivos de salud mental, la hija de Marta está superando su depresión. “Se ha reconciliado con su sexo y entiende que hay múltiples formas de ser mujer sin necesidad de ajustarse a los estereotipos de género más rancios”. Si el equipo de salud mental no se hubiese guiado por la prudencia y su código ético, “mi hija habría sido derivada para realizar su transición médica sin conocer realmente qué le ocurría. Hoy en día le queda camino para recuperar del todo su salud mental, pero está en ello”.

El hijo trans de Esperanza ya ha cumplido los 20 años está en tercero de carrera y ha “realizado la transición social” pero “ha parado sus ideas de mastectomía y de hormonación. “Entendemos que un día llegará el momento que se dará cuenta de que es una mujer lesbiana y que le gustan las mujeres, pero eso no significa que seas un hombre”, explica su madre.

Ante estas realidades, la asociación Amanda quiere dejar claro que no niega la realidad de la transexualidad, ni la necesidad de legislar al respecto, pero “creemos que el proyecto de ley no es garantista ni para los adolescentes y jóvenes afectados por el fenómeno conocido como disforia de género de inicio rápido, ni para las personas que desisten, ni para las personas transexuales que requieren una atención integral en su proceso de transición”. 

Las familias de esta asociación piden prudencia, “tiempo para que sus hijos maduren y tomen decisiones reflexionadas, una valoración profesional exploratoria del malestar para conocer cuál es la mejor forma de ayudar a su hija o hijo a superar su sufrimiento, porque parece que se nos olvida que cuando hablamos de incongruencia de género, hablamos de personas a las que esta incongruencia les genera malestar”.



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