
Por Medicina Responsable
20 de abril de 2026Las diferencias por sexo podrían desempeñar un papel crucial en el riesgo que hombres y mujeres tienen de desarrollar algunas enfermedades como TDAH, esquizofrenia, depresión o alzhéimer. Así lo ha confirmado un nuevo estudio publicado en la revista Science y ejecutado por un equipo de Estados Unidos que ha encontrado 133 genes que muestran diferencias consistentes en la actividad genética de las células individuales.
La investigación ha analizado 169 muestras de 30 individuos (15 de mujeres y 15 de hombres) en seis regiones específicas de la corteza cerebral, de las que se conoce que presentan diferencias de volumen según el sexo, con el objetivo de tratar de entender por qué ambos tienen diferentes suceptibilidades a este tipo de trastornos.
Sus resultados son claros: no se encontraron diferencias debido a sexo en la cantidad de células (lo que muestra que ambos cuentan con proporciones similares de neuronas en estas regiones). Pero sí encontraron cambios en la expresión génica. "Es decir, aunque hombres y mujeres tengan el mismo número de neuronas en las diversas áreas de la corteza estudiadas, los genes dentro de esas neuronas están ‘encendidos’ o ‘apagados’ de manera distinta según el sexo", explica a Science Media Centre (SMC) Juan Lerma, profesor de Investigación del CSIC en Instituto de Neurociencias de Alicante (CSIC-UMH) y miembro de la Real Academia de Ciencias de España.
Esto quiere decir que el estudio sugiere que las diferencias cerebrales no son una cuestión de cantidad de piezas, sino de cómo esas piezas están conformadas y/o funcionan a nivel molecular. Algo que los autores, reconocen, puede tener su origen en las diferencias en la socialización y la experiencia.
El estudio identifica los puntos críticos donde el sexo influye en la expresión génica. En concreto, se identificaron más de 3.000 genes con expresión sesgada, de los que 133 mostraron resultados muy consistentes; es decir, se expresan de forma distinta en hombres y mujeres, independientemente de la región cerebral o del tipo de célula analizada. En particular, la corteza fusiforme mostró diferencias muy marcadas entre sexos y, a nivel celular, encontraron diferencias más marcadas en las células gliales que en las neuronas excitatorias, y más que en las neuronas inhibitorias.
"La corteza fusiforme es una de las áreas con mayor dimorfismo sexual por las diferencias en volumen y características funcionales y, dado que esta zona es crucial para la cognición social (reconocer caras y expresiones), las diferencias en expresión génica podrían explicar por qué hombres y mujeres procesan estímulos sociales o visuales de manera distinta, o por qué presentan vulnerabilidades diferentes a trastornos como el autismo, donde el procesamiento de caras suele estar alterado", explica Juan Lerma.
Esto, para el experto, es "un resultado llamativo" ya que, aunque los genes de los cromosomas sexuales muestran las diferencias más obvias, los genes autosómicos (los que están en el resto de los cromosomas), están sometidos a una regulación hormonal que hace que las firmas genéticas encontradas estén vinculadas a mecanismos sensibles a las hormonas, "como por otra parte era de esperar, y que estas diferencias genéticas estén directamente relacionadas con la forma en que se construye y organiza la corteza cerebral". De hecho, 119 de los 133 genes críticos son autosómicos.
En resumen, el estudio demuestra que el sexo es una variable biológica clave que debe ser tenida en cuenta tanto en la investigación preclínica como en la práctica médica. Además, la clave reside en cómo los diversos factores y las hormonas modifican la actividad de miles de genes, influyendo directamente en la vulnerabilidad a enfermedades mentales y neurológicas. "Por ejemplo, las mujeres se ven afectadas con mayor frecuencia por trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, migraña, enfermedad de Alzheimer y otras demencias", detalla el profesor.