
Por Santiago Melo
8 de junio de 2026El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta principalmente a las neuronas dopaminérgicas, responsables del control del movimiento. Aunque los tratamientos actuales permiten aliviar síntomas como el temblor, la rigidez o la lentitud motora, ninguno es capaz de frenar o revertir la progresión de la enfermedad. Por ello, la búsqueda de terapias que actúen sobre los mecanismos que la impulsan, como la muerte neuronal y la inflamación crónica, es una de las grandes prioridades en investigación.
En este contexto, un equipo liderado por la Universidad Complutense de Madrid ha analizado el potencial terapéutico de la dimetiltriptamina (DMT), uno de los compuestos activos presentes en la ayahuasca, una bebida tradicional amazónica. El estudio, publicado en la revista Experimental Neurology, demuestra en modelos preclínicos que la DMT protege las neuronas dopaminérgicas, reduce la inflamación cerebral y mejora los síntomas motores en animales con párkinson.
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es la identificación del mecanismo molecular implicado. Los investigadores comprobaron que los efectos beneficiosos no dependen del receptor de serotonina responsable de las alucinaciones, sino del denominado receptor sigma-1, una proteína que regula procesos clave como la inflamación, la muerte celular y la neuroprotección. Este dato resulta clave, ya que permitiría aprovechar las propiedades terapéuticas del compuesto sin provocar efectos psicodélicos.
Los autores consideran que estos resultados respaldan la posibilidad de que la DMT actúe como un “agente modificador” de la enfermedad, es decir, que no solo alivie síntomas, sino que pueda ralentizar su progresión. No obstante, subrayan que se trata de estudios preclínicos y que aún será necesario validar estos efectos en modelos más complejos y, eventualmente, en ensayos clínicos en humanos.
El siguiente paso de la investigación consistirá en profundizar en el papel del receptor sigma-1 y en desarrollar estrategias que bloqueen la vía asociada a los efectos alucinógenos. Si los resultados se consolidan, podría abrirse la puerta al diseño de un fármaco basado en esta molécula, con aplicaciones no solo en párkinson, sino potencialmente en otras enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.
Por ahora, los investigadores insisten en que no se trata de recomendar el consumo de ayahuasca, sino de estudiar de forma rigurosa uno de sus componentes en un entorno científico controlado.